REVISTA VANGUARDIA
Finalistas de cuerpo entero...
| Finalistas de cuerpo entero... |
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| Revista Vanguardia | |
| martes, 17 de octubre de 2006 | |
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Correa y Noboa: uno de los dos será el próximo presidente. Los dos tienen, desde el domingo, 42 días para convence r a los electores. Vanguardia los retrata de cuerpo entero.
La primera vuelta terminó el domingo pasado con una noticia anunciada: Álvaro Noboa y Rafael Correa pasaron a la segunda vuelta electoral (ver nuestra anterior edición). La sorpresa no fue esa: fue el descenso del candidato de Alianza País, quien había dicho en su campaña que no habría segunda vuelta electoral. El domingo quedó evidenciado, igualmente, que Correa tendrá serias dificultades para darle un nuevo aire a su campaña, de cara a la elección que se realizará el 26 de noviembre. Sus propuestas, enteramente políticas, le alcanzaron para llegar a la segunda vuelta. Pero no le bastarán para ganar la elección presidencial. El breve mano a mano que tuvo en la televisión, con el líder del Prian, probó que la campaña se polarizará (entre un millonario y un radical) y que en ella los electores encontrarán argumentos primarios y bastante estereotipados. La derrota de León Roldós y el bajo porcentaje de Cynthia Viteri, también anunciados, demuestran que el rechazo a la partidocracia es más profundo de lo que piensan los líderes de esos partidos. Y no se ven señales, por ahora, de que quieran revertir esa tendencia. Sin embargo, el poder de los partidos tradicionales se mantendrá en el Congreso Nacional - aunque menguado- gracias a su implantación regional. Noboa ha anunciado que trabajará con ellos. No así Correa. Y esto pesará, en los dos casos, en las políticas que el próximo Presidente quiera impulsar desde Carondelet. En ese sentido, también incidirá, en forma decisiva, el perfil de cada uno de los candidatos: sus creencias, actitudes y formas de relacionarse con la realidad, con sus equipos y con el país. Por eso Vanguardia investigó sus vidas e indagó en sus entornos y pidió a cuatro especialistas evaluarlos.
Correa, el radical obstinado¿Antisistema por naturaleza? Hay hechos y señales que militan desde su infancia a favor de esa impresión. El entorno del candidato ganador de la primera vuelta no dice otra cosa cuando afirma que “siempre le ha gustado distanciarse de las cosas que, a su parecer, no son correctas”. Es la norma que ha aplicado en 43 años de vida. Tres rasgos más lo han distinguido: una inquietud intelectual permanente, una tendencia irremisible por el liderazgo y una pasión por la solidaridad en procesos en los cuales él tiene el control. De esto quedaron huellas en su colegio San José La Salle, en Guayaquil, donde fue becado por sus buenos resultados. “Era un chico activo, de los que intervienen en clase –dice el hermano Adolfo Armijos, vicerrector del plantel–. Era inquieto en el sentido de ser alguien en la vida y mostraba gran energía para conseguir ese ideal”. Pero desde entonces –y lo repitió en la campaña– no aprecia ser segundo. Ni perder. Jorge Torres, llamado Morocho y quien atiende el bar del colegio desde hace 50 años, aporta un dato significativo en ese sentido. “Lo que más me acuerdo de Rafael es que cuando llegó a sexto año, él debía ser el líder en los scout. Por designio, o no sé por qué, las autoridades nombraron a otra persona. Entonces él formó otro grupo con los alumnos del colegio Cristóbal Colón, y ahí se quedó de profesor de los scout. Imagínese un lasallano como líder de los cristobalinos y con tan sólo 16 años”. A esa edad también asistió por primera vez a una jornada de evangelización. La convocó Bernardino Echeverría en el Guasmo. Luego Correa catequizó. De esos años le quedan amigos, algunas recetas de cocina, una inclinación por la guitarra y una admiración incondicional por Alberto Cortez –con quien tiene fotos–, y por Joan Manuel Serrat. Pero Correa se pone, con la misma naturalidad, un sombrero de charro mexicano y canta rondas enteras de mariachi… Sí, socialmente él es un hombre agradable, divertido, dicharachero y chistoso. Un hombre, que según el profesor Ramiro Noriega, colega suyo en la Universidad San Francisco y en la Asociación de Padres del colegio La Condamine en Quito, no vacila en disfrazarse de sabio medieval en las fiestas de graduación. Amigos y coidearios suyos como Ricardo Patiño, destacan su sencillez: su carro es modelo 96 y su menú preferido oscila entre la menestra con carne y patacones y un caldo de salchicha... Nada en la infancia de Correa hacía pensar que estaría hoy disputando la Presidencia de la República. Fue un niño callado e introspectivo que creció en la tradicional parroquia Pedro Carbo. Su madre, Norma, sostuvo a los dos hermanos, lavando ropa y cocinando para otras familias. De su padre, Rafael, fallecido hace 11 años, Correa prefiere no hablar. Él era callado e introspectivo y al mismo tiempo, un niño inmerso en los esquemas educativos católicos y terriblemente concentrado en los estudios. A tal punto que pasaba más tiempo en su colegio que en su casa. Ni siquiera compartía con sus amigos de barrio, en la calle Tomás Martínez, entre Baquerizo Moreno y Escobedo. Aquellos que se quedaron allí casi no lo recuerdan. O apenas. Es el caso de Carmen Andrade –doña Gloria para sus vecinos–, quien, a sus 66 años, se refiere a él como “el niño que no se veía Noboa, el millonario perseveranteInversionista, publicista, constructor, banquero, agricultor, filántropo, heredero, político... Pocas cosas en la vida le han resultado esquivas a Álvaro Noboa. Quizás una: la Presidencia. De allí su tercer intento para alcanzarla. Quienes lo conocen saben que ese es uno de sus sueños más recónditos: lograr lo que su padre nunca ensayó. Y además conocen que Noboa es de una perseverancia pavorosa. “No suelta presa -dice un amigo-. Si se propuso ser presidente, lo será. Alguna vez lo será”. Perseverante pero también reservado y analítico. Es lo que dicen familiares y asesores. No deja traslucir sus estados de ánimo ni sus decisiones. Oye y siempre dice: “déjame pensar”. Los que lo rodean saben que cuando su cara enrojece es mejor retirarse. Llama la atención con una frialdad que asombra. “Fracasaste”, dice el millonario cuando se siente desilusionado. “Triunfaste conmigo”, exclama en caso contrario. Se rodea de personas que generen resultados positivos. Es el reto que tienen sus gerentes a quienes evalúa él mismo en forma permanente. Antes de hacer una contratación comprueba la hoja de vida. A Marcelo Cruz, quien fue su binomio en la campaña del 2002, lo entrevistó en español, inglés y francés. Quiso cerciorarse de que había estudiado en Estados Unidos y Francia. Todo esto crea la sensación de que su entorno solamente hay personas exitosas cuyo futuro, a su lado, está plenamente asegurado. Y él, que ha declarado ser dueño de 113 empresas y ser el hombre más rico del Ecuador, puede hacer esa promesa. De hecho, él nació con fortuna y apellido y ha bregado por forjarse una singularidad. De niño, recuerda su primo Roberto Ponce Noboa, no salía a jugar hasta completar sus tareas escolares. Entonces estudiaba en el colegio San José de La Salle de Guayaquil. Mucho se ha hablado de sus estudios en Le Rossei, en Suiza, uno de los colegios más exclusivos del mundo. Allí estudió solamente un año. Su título de abogado lo obtuvo en la Universidad de Guayaquil. Se graduó con malas notas. Todavía Noboa cuenta extrañado que Ramiro Larrea lo reprobó y le hizo dar el examen de nuevo. “Era vaguísimo”, recuerda un compañero suyo de aulas y afirma que a inicios del 70 era un tipo exótico en una universidad totalmente politizada. “Era millonario y casi el único que llegaba en auto. Se hizo amigo de todas las izquierdas, comunistas incluidos”. Esto lo llevó a la cárcel pues Rodríguez Lara imaginó que ese joven chaparro e inquieto hacía parte de un supuesto complot comunista contra su dictadura. Compartió la celda con Jaime Nebot Velasco, quien fue detenido por ser velasquista. Noboa permaneció detenido en el regimiento Quinto Guayas. De la cárcel salió casi inmediatamente por gestiones de su padre, Luis Noboa Naranjo, quien se comprometió a enviarlo al exterior. Noboa aterrizó en Nueva York y con 22 años se hizo cargo de la representación de la empresa bananera en Estados Unidos. Su vida cambió. Perfeccionó su habilidad en el mercado de valores y abrió empresas por su cuenta. Una práctica que continuó cuando regresó al país: montó con otros Andina de publicidad, entró al mercado inmobiliario, fundó la Asociación de Corredores de Bienes Raíces, compró tierras en Olón a una comunidad religiosa, se hizo banquero… Y, claro, heredó. La revista Forbes calculó su fortuna en 1 200 millones de dólares. Noboa cuida su imperio. Sylka Sánchez figura como la apoderada de su corporación. En realidad, el poder de las empresas está delegado en 17 personas. Cada uno vigila su ámbito y responde ante Noboa. Sus colaboradores lo califican como una persona inteligente, sagaz y curiosa. Un excelente negociador. “Es poco expresivo, explica su amigo Eduardo Alcívar, pero sumamente perspicaz”. Tan perspicaz que muchas veces cuando le comentan un problema, aparentemente se distrae y su mirada se pierde en el techo o en las paredes. Mientras tanto busca una solución rápida y lógica y, en muchos casos, inusual. No le gusta perder tiempo en los negocios. Es un hombre serio, parco, de humor escaso y terriblemente desconfiado. Algunos explican aquello por un sentido de independencia casi obsesivo que lo habita. Es receloso. Y esto se ve en la forma cómo ha elegido a los candidatos a vicepresidentes. Ahora optó por un incondicional llamado Vicente Taiano. A Alfredo Castillo lo escogió porque venía con un seguro: su fama de comunista. Nadie, a sus ojos, lo hubiera querido en la Presidencia si por esos golpes de Estado que se dan en el país, Castillo lo hubiera reemplazado… Pero Noboa es también un hombre que cree en la palabra y si la empeña procede en consecuencia. A cambio reclama lealtad e incondicionalidad absolutas. Es lo que le ofrece Sylka Sánchez, una de las raras personas que tiene línea directa con él. En esa relación se revela otro rasgo de su personalidad: es dependiente de algunos. En política, nada hace sin que Sánchez esté enterada. La tiene siempre a su lado o, de lo contrario, abre su celular y la hace participar en las conversaciones. Le gusta estar en todo y duerme poco. En las madrugadas sigue sus negocios en Asia gracias a Internet, una de sus mejores herramientas. “Disfruta poco –dice su primo Ponce– cuando no está al mando de sus empresas”. Aquí hay serias diferencias entre los que lo consideran un gozador (gentes de la farándula) y los que lo ven como el antónimo perfecto del sibarita. “Ir a comer a su casa es un martirio –recuerda un ex ministro amante de las buenas carnes y los buenos vinos–. Su menú es de lo más simple. Además te dice que no tiene ni un whisky y que si quieres ese rato lo manda a comprar…”. ¿Hombre hogareño? Cruz lo recuerda como un padre cariñoso y preocupado por las tareas escolares de sus hijos. Un padre que no vacila en involucrar a su familia en su actividad proselitista. Su esposa, Anabella Azín, es su confidente. En política no la consulta. Ella le ayuda, en cambio, a darle rostro a la labor filantrópica –algunos dicen caritativa– heredada de su abuela, Zoila Naranjo. Ella fue la fundadora de la Cruzada Nueva Humanidad cuyo lema era “El mundo unido, jamás será vencido”. Lo cierto es que Noboa se acostumbró a repartir billetes y a dar cosas. Ayuda –dice uno de sus amigos- “a su gente, a cercanos y a parientes”. Entre sus seguidores hay relatos de extremo desinterés, como trasladar a Estados Unidos en su avión a niños con cáncer y a personas que requerían de atención urgente. Cuando vivía en el centro de Guayaquil y tomaba una lancha para ir a la Molinera, la gente lo esperaba para pedirle ayuda, trabajo, una operación… Él los atendía y se cercioraba de que tampoco se aprovecharan de su supuesta generosidad. Él cree que debe actuar así por designio divino. Es su lado supersticioso. Por ello ora cada día y no desaprovecha ocasión para entrar a las iglesias; en particular Santa Teresita, en Entre Ríos, cerca de su casa en Samborondón, un sector exclusivo de Guayaquil. ¿Explota la religión para la política? No es el único tópico controvertido en su vida. El reparto de la herencia y los problemas que tiene con sus dos hermanas, la forma como ha procedido para arreglar diferendos de tierras con comuneros, la utilización de niños en sus bananeras, los bajos impuestos que paga, el uso de la política para favorecer los intereses de sus empresas… Todo ello ayuda al enigma de lo que ocurrirá con él en el país si los electores lo ponen en uno de los pocos sitios donde no estuvo su padre: en Carondelet…
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