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Correa reinventa a CORREA... PDF Imprimir E-Mail
Revista Vanguardia   
martes, 24 de octubre de 2006
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Correa reinventa a CORREA...
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Vanguardia revela los tres ejes de la estrategia que armó Alianza País para enfrentar en la segunda vuelta a Noboa.

El lunes 16, Álvaro Noboa pasó la mayor parte del día en la piscina de su mansión en la vía a Samborondón. Los otros días asistió a mítines de agradecimiento, que más que actos políticos fueron verdaderas fiestas. La actitud del millonario habla de un candidato satisfecho de lo logrado en la primera vuelta y seguro de su victoria en la segunda, que será el 26 de noviembre.

Correa y su equipo, en cambio, no han descansado. En su entorno se respira febrilidad y vértigo. Están corriendo contra el tiempo, pues saben que apenas tienen 39 días para darle un giro a la campaña. Por eso desde el domingo 15, cuando el país entró en el torbellino de los resultados, decidieron evaluar los errores y los aciertos. El discurso radical, el ataque a otros actores importantes de la política, la ausencia de temas concretos, cotidianos en la campaña. Iniciaron esta autocrítica incluso el sábado 14, en la tarde. Alberto Acosta, Carlos Vallejo, entre otros miembros del buró político, se reunieron con Correa. Hubo reclamos por su reticencia a escuchar criterios contrarios al suyo. Se le preguntó hasta cuándo seguiría con esa actitud, con sus ataques frontales a los partidos que no paró cuando, a sus ojos, debió hacerlo. Tres semanas antes le advirtieron que estaba ahuyentando a los electores y que, además, debía mostrar cierta distancia con Cuba y Hugo Chávez. Entonces, Alberto Acosta también le sugirió que Alianza País trabajara más los seis u ocho puntos de ventaja que, en ese momento, le daban las encuestas. El economista de Ildis también le auguró que la campaña sucia, que lo estaba vinculando con el comunismo, le iba a hacer mucho daño. Y sí: Noboa polarizó la campaña desde el jueves 5 de octubre cuando la cadena CNN y Ecuavisa lo pusieron a debatir con Correa, León Roldós y Cynthia Viteri. Mostró a Correa como devoto de un sistema en el cual sus ciudadanos ganan 12 dólares por mes. Eso dijo. Ricardo Patiño, nombrado antes de hora ministro de Economía por Correa, piensa que se toleró demasiado la campaña sucia. Y que ésta debió haber sido desmontada rápidamente.

Fander Falconí tiene la misma explicación: “la campaña sucia es lo que más daño nos hizo”. Sobre todo aquella que involucró a Correa con el terrorismo de las FARC. Y para probarlo afirma que tras el debate, Correa había subido cuatro puntos.

Larrea, al parecer, es uno de los pocos que sí admite que, en los últimos 15 días de la campaña, hubo un ambiente de triunfalismo que los distrajo. No les permitió rematar con propuestas concre tas, como sí lo hizo Noboa. Esto explica, también para Alianza País, el éxito del millonario. De hecho, evaluaron el impacto de la oferta de 300 000 viviendas anuales desde el domingo de la elección que fue seguida en Guayaquil por Ricardo Patiño, Gustavo Larrea, el propio Correa y Vinicio Alvarado, su gerente de campaña.

Correa no se esperaba llegar segundo. Por eso cuando volvió de Guayaquil se reunió con el resto del buró político y acordó, en el Hotel Dann Carlton, una estrategia de circunstancia: retomar la tesis del fraude y declarar que la “revolución ciudadana” ha triunfado. Pero Correa asimiló mal el golpe y eso se evidenció en el mini debate que mantuvo en la cadena Voz y voto 2006 con Noboa. Se descontroló, acudió a lugares comunes y se retiró permitiendo así que su adversario anotara puntos. Para entonces, no tenía aún una estrategia de recambio. El lunes en el set de Telecentro ensayó un rostro sereno y mantuvo el discurso de fondo. Se trataba de posicionar el tema de una elección irregular con el fin de salvaguardar lo que pudiera suceder en la segunda vuelta. Los correístas encontraron otros argumentos para darse ánimo y trazar una línea de base que les permitiera afianzar una nueva estrategia. Se dijeron el lunes, en el Café de Tere en Guayaquil, que de todas maneras estaban en la segunda vuelta. Que habían logrado popularizar a Correa como un candidato ciudadano con un programa político asentado en una reforma de fondo. La reunión, sin embargo, fue tensa. Empezó con seis personas y terminó con unas 20, pues a ella concurrieron dirigentes provinciales al saber que Correa estaba en Guayaquil.

Cinco horas duró ese encuentro.

La nueva estrategia cuajó realmente el martes. Correa tuvo dos reuniones importantes. La primera con Carlos Vallejo y el ex ministro de Salud, Wellington Sandoval. Correa se mostró muy receptivo y, al parecer, acogió lo discutido durante dos horas que, en buena medida, se basa en el programa del grupo Ecuador Alternativo, del cual él hace parte: cambiar el mensaje para no ser tan confrontativo con los sectores de Guayaquil, en particular, y con la opinión pública, en general. Presentar su propuesta de desarrollo económico. Ampliar el nivel de vocería para llegar a otros sectores; en especial al empresariado del sector agrícola. Eso enviaría señales tranquilizadoras. La Constituyente no será la gran protagonista de la segunda vuelta. Y del TLC se hablará cuando sea necesario. Se sugirió cambiar el No por propuestas concretas como ayudar con bienes de capital al sector agropecuario, bajar las tarifas de transporte, descentralizar el Banco Nacional de Fomento o reestructurar la CFN. Además, le aconsejaron ser cuidadoso con el tema de la Base de Manta, dado que Manabí mira con buenos ojos la presencia de los estadounidenses. En esa reunión se dijo que cualquier apoyo de los partidos no se debe presentar como una alianza pues sería incongruente con el discurso feroz que tuvo contra la partidocracia. Sandoval presentó una propuesta para salud, trabajada con médicos de renombre.

La segunda reunión se hizo en la sede de Alianza País en la avenida de los Shyris. Con Patiño, Larrea, Acosta, Falconí y Manuela Gallegos, Correa decidió aterrizar lo que llaman “los sueños de una revolución ciudadana” y comunicarlo utilizando, sobre todo, la radio. También hablaron de mantener el eje político de la campaña pero con ciertos matices. Por ejemplo, persiste la idea de llevar a cabo la reforma política mediante la Asamblea Constituyente de plenos poderes. Pero no se descarta negociar con un grupo de diputados (40 calcula Gustavo Larrea). Alianza País parece jugar aquí a la zanahoria y el garrote. Por un lado piensa que el Congreso no debiera desaparecer sino que sólo se ocupe de fiscalizar, mientras la Asamblea hace la reforma de fondo. Una cuadratura del círculo difícil de resolver que da a Alianza País un argumento para negociar con los diputados.

En realidad, el equipo de Correa ha quemado mucho fósforo tratando de resolver cómo hacer aliados. Fander Falconí dijo a Vanguardia que quieren constituir un “Frente de Unidad Nacional que no necesariamente interactúe dentro de Alianza País, sino que simplemente la apoye y se vincule alrededor del programa que plantea el movimiento”. La ecuación que planteará Alianza País en la segunda vuelta ya no es Rafael Correa contra los partidos sino el pueblo frente a la oligarquía. Esta estrategia se sintetiza en tres ejes.