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El fin de una era PDF Imprimir E-Mail
Revista Vanguardia   
martes, 07 de noviembre de 2006

Los mecanismos del inmenso poder de Febres Cordero se desvanecen. Vanguardia revela cómo implosiona su partido.

El silencio de León Febres Cordero es elocuente. Lo es para la opinión, acostumbrada a sus declaraciones, y, sobre todo, para sus coidearios, extrañados de que no haya dicho nada desde el 15 de octubre. “No ha digerido la derrota electoral del PSC en las elecciones -dice uno de sus diputados-. Ha optado por culpar a todos (dirigentes, diputados, militantes) menos a él y a su entorno más cercano”. “León Febres Cordero -dice Alfonso Harb- ha tomado esta contienda electoral, que fue mala con respecto a otras, de la manera más tranquila. Al punto que el fin de semana pasado fue a disfrutar el campeonato de caballos de paso fino en la pista ecuestre que lleva su nombre”.

Entre los dos diputados no hay un problema de matices. O de énfasis. Está el abismo que parte en este momento al Partido Social Cristiano entre los fieles al ex Presidente y los partidarios de Jaime Nebot. El abismo no es nuevo y no es ajeno a la opinión. Pero esta vez es insalvable. Por eso el ex Presidente no ha intervenido públicamente. Él pudiera decir, como lo ha evocado en privado, que el PSC hizo el gasto de la polarización entre Álvaro Noboa y Rafael Correa. A sus bases pudiera decir, como lo hace Charlie Pareja, que en política se gana y se pierde. Y que su partido ya perdió dos veces, en 1992 y en 1996 con Jaime Nebot y una con Javier Neira en el 2002. Y que así es la política. Pudiera calificar lo sucedido, como lo hace Alfonso Harb, de “resbalón”. Al fin y al cabo, el grupo parlamentario seguirá teniendo una importancia cardinal en el Congreso. Al partido le pudiera declarar, como anota Alex Ripalda, que él sigue “vivito y coleando”.

En esa línea, Alfonso Harb agrega otro argumento: que sudaron la camiseta. “Hicimos una campaña exigente al máximo. Visitamos por dos ocasiones cada cantón y más de ocho veces las parroquias. Utilizamos publicidad callejera estática. Seguimos todos los pasos de una campaña”.

El ex Presidente pudiera dar explicaciones. O pedir a Alfonso Harb o a Alfredo Serrano que las den. Y a estos diputados ni les falta facundia ni la lealtad con el Presidente, como suelen llamarlo. Pero en el campo de Febres Cordero saben que la procesión, la verdadera, está en otra parte. En la amenaza, ahora sí real y con plazo definido, de una estampida de Jaime Nebot con muchos dirigentes, diputados, alcaldes, prefectos, militantes y simpatizantes.

La elección del 15 de octubre era, en ese contexto, primordial para el líder del PSC. No la presidencial que él sabía perdida desde siempre. La elección de diputados que ha sido la mejor forma de anclar su poder ante los gobiernos de turno y en los organismos de control. La derrota personal (es el diputado 19 en la lista de 100) y del partido (que pasaría de 27 diputados a 14) tiene, en ese contexto, un sabor a debacle. Por eso la realidad no se parece a lo que dice Alfonso Harb cuando afirma a Vanguardia que “como todo gladiador, León Febres Cordero toma con tranquilidad los triunfos y las derrotas”. Uno de sus amigos más reconoce, por el contrario, que “esta derrota lo dejó extremadamente molesto”. Desde el 15 de octubre prácticamente no responde llamadas telefónicas y ha reducido el contacto a pocos militantes socialcristianos. Entre ellos a Harb y a Serrano. Incluso le ha dado al ex comentarista deportivo la disposición de mantener un perfil bajo y de no hacer declaraciones confrontativas como acostumbra.

En su círculo íntimo, la lectura que se hace es muy parecida a la que hicieron tras la derrota de Xavier Neira en el 2002: la responsabilidad de lo acontecido corre por cuenta de Nebot y sus seguidores. Los acusan de haber mandado a quitar de las calles parte de la propaganda de Febres Cordero, de no haber apoyado a Cynthia Viteri y de haber llevado el agua a su molino. Al dejar, por ejemplo, que se sobredimensionen las protestas en contra de la metrovía en plena época electoral. O de haber hecho publicidad únicamente por los concejales de Guayaquil. Eso incidió -dicen- en los resultados negativos particularmente en la votación en Guayas.

División en la cúpula, inestabilidad en las bases, ausencia de una estrategia para encararlas, dificultad para socapar todo esto ante la opinión: así se encontraba León Febres Cordero hasta el jueves 26. Ese día el consulado estadounidense en Guayaquil hizo saber a Xavier Neira, a su hermano Jorge y un abogado de su bufete, Clemente García, que su gobierno les había retirado la visa.

Ese fue, recuerda Charlie Pareja, “un golpe bajo para León”. Desde entonces, ese ha sido el tema de conversación diaria entre el ex Presidente y Alfredo Serrano, jefe de bloque de su partido. “Conversamos vía celular -dijo éste a Vanguardia- sobre la forma en la cual podemos hacer para que Estados Unidos nos entregue las pruebas del supuesto caso de corrupción en el que está involucrado el vicepresidente nacional del partido”.

Serrano, Harb y Pareja se hacen eco de los argumentos de Neira en el sentido de que Estados Unidos tiene derecho a retirar la visa. Pero no a dañar la honra ajena y el prestigio de una persona sin explicación alguna. Claro, a renglón seguido Pareja admite que Estados Unidos hace esas investigaciones en una privacidad total.

De hecho, en la cúpula socialcristiana se sabe que Estados Unidos estaba indagando sobre Neira desde hace meses. “En mayo -recuerda un diputado del PSC- fue invitado a un desayuno de trabajo en la embajada de Estados Unidos. En la cita estuvieron la Embajadora y algunos de sus agregados. De hecho la señora Jewel sólo me saludó y se retiró. Ahí me pidieron información sobre Neira, Miguel Orellana y Alfredo Palacio”. Según este diputado, ocurrió lo mismo con otros de sus coidearios, dirigentes de otros partidos y empresarios sobre todo de Guayaquil. Vanguardia supo, en círculos empresariales, que la embajada estadounidense en Quito también ha recopilado información sobre Roosevelt Chica, secretario de la Presidencia, y Juan José Vivas (ver edición 50).

El caso de Neira es la piedra que faltaba en el zapato de Febres Cordero. No lo puede abandonar porque ha sido “su brazo ejecutor”, según la expresión de un cercano al Alcalde de Guayaquil. Pero sin visa, su permanencia en el PSC se vuelve inviable y políticamente insostenible a los ojos de los nebotistas. Neira no era santo de su devoción. Se esperaban el retiro de la visa y ahora que se ha producido ven en su caso un elemento más que refuerza el mensaje que enviado desde hace años, pero sin éxito, a Febres Cordero: que en su entorno hay personajes extraviados en prácticas de extorsión y corrupción.

Hoy los nebotistas han dado la vuelta a esa página. No creen que sea posible oxigenar al partido ni reestructurarlo con Febres Cordero. Lo hacen responsable, enteramente responsable, de una gestión en la cual Nebot no interviene desde hace por lo menos seis años. Lo culpan de haberse aislado, de estar desconcertado ante el cambio del mundo, de haberse rodeado de gente mediocre e incondicional, dedicada a odiar y perseguir sistemáticamente a aquellos que no piensan como ellos. Lo acusan de haber aupado prácticas para judicializar la política y politizar la justicia. Lo acusan de haber olvidado lo que predicó cuando irrumpió con tesis liberales en el panorama político nacional. “Fíjese en el contenido de las supuestas tesis actuales del partido -anota un dirigente provincial-. Dan pena si se comparan con las que esgrimió en los ochenta el propio Febres Cordero”.

¿Resultado? Los nebotistas han decidido hacer casa aparte. Y mantienen esa decisión después del retiro de la visa a Neira; lo cual hizo suponer a algunos de entre ellos que quienes debían dejar al PSC eran Febres Cordero y sus amigos. La 6 ya no les atrae. Es un marca que, a sus ojos, no convoca, crea rechazo y está signada. “Es mejor -dice un asesor de Nebot- que ese partido se diluya”.

Les tiene, entonces, sin cuidado que Febres Cordero esté pensando en reestructurar el partido, cambiar directivas y renovar cuadros. Es un escenario que Harb admite que se dará más adelante, quizá en un mes, tras conocerse oficialmente los resultados de las elecciones.

En realidad, los dos campos están pensando en manejar los tiempos. Para los febrescorderistas el problema ya no es tener el control total del partido. “No creo que León -dice uno de sus amigos- vaya a seguir manteniendo el control a través de terceros. Seguramente, mirando a futuro, buscará fortalecer el partido y para ello hará lo necesario para ceder espacio o crear un consenso. Jaime Nebot es el otro líder fuerte y probablemente se busque una conversación con él. Febres Cordero sabe que el partido no se puede terminar así”.

Nebot es, entonces, el otro lado del problema. Y en su campo ya no se piensa en la tendencia de derecha. “Jaime ha evolucionado mucho en estos últimos años -dice un amigo suyo que aún visita a Febres Cordero-. Es un hombre abierto capaz de entenderse con los indígenas, tener una gran amistad con Paco Moncayo o Freddy Ehlers y colaborar con alcaldes hasta del MPD”.

Según esta visión, Nebot no se interesa en volver a la vida nacional encerrado en los esquemas de esta iglesia obsoleta en la cual se convirtió el PSC. “Lo mejor -dice uno de sus asesores- es dejar ese partido y buscar nuevos horizontes, más allá de la derecha. Promover un amplio movimiento en el cual se coaliguen gentes como el Corcho Cordero, personas que vienen del centro o de la izquierda pero que quieren un país moderno, menos corrupto”. Nebot, prosigue su asesor, quiere trabajar en otra estructura porque no lo veo volviendo a recorrer el país buscando de pueblo en pueblo caciques que quieren favores para armar un partido.

¿Y Nebot, qué dice Nebot? No habla públicamente por ahora. Según fuentes cercanas conoce todos los movimientos que hay en su partido. Sabe que sus partidarios han hecho seis reuniones en Guayaquil para analizar las estrategias y la viabilidad de un nuevo partido. Entre ellos se han dado responsabilidades y se han separado las tareas para hablar con parte de los 64 alcaldes que tiene el PSC en el país. “Él sabe -dice un amigo suyo- que hay líderes provinciales que están viviendo un enorme dilema pues respetan a Febres Cordero pero ya no ven en él la posibilidad de reestructurar esa organización”. Nebot tampoco les ha asegurado estar dispuesto a tomar la batuta. Y las señales que ha enviado en los últimos años han ido en sentido contrario.

No obstante, las cosas parecen haber cambiado. Su entorno sabe que se le llenó el vaso. Que no está dispuesto a dejar que el estado de cosas en su partido se perpetúe. Al parecer Nebot tampoco sabe cómo administrar las presiones de grupos de Guayaquil cansados por prácticas escandalosas que llevan a cabo coidearios suyos. “Es verdad que desde hace años evita compañías como las de Neira y Orellana -dice un socialcristiano-. Pero nadie entiende por qué los cubre con su silencio”.

La realidad electoral también lo obliga a salir al ruedo. La derrota de Abdalá Bucaram, el triunfo de Álvaro Noboa, la votación masiva en favor de Anabella Azín y el tercer puesto obtenido por Sociedad Patriótica en Guayas, prueban que los votos son volátiles. Y que en política no hay enemigo chico.

Es el momento, confía un diputado que nada entre dos aguas en el socialcristianismo, para que Nebot se defina y corte por lo sano con un partido en el cual, mientras viva Febres Cordero, será un eterno segundo.

¿Hay una fecha para esta ruptura? La hay, dicen en el entorno de Nebot. Seis meses, dice uno; menos, dice otro, mucho menos. “Hay que esperar porque la elección presidencial primero y las fiestas de fin de año no son propicias para estos quehaceres. Este plazo les permite, además, observar lo que hará el ex Presidente. Éste, dice Harb, no tiene previsto pronunciarse sobre “el resbalón” sufrido en las elecciones.

En una semana, probablemente, se reunirá con la dirigencia nacional. Pero desde ahora en su entorno ya saben quiénes lucen como diputados incondicionales: Alfonso Harb, Simón Bustamante (cuya reelección no era segura), Alfredo Serrano, Alberto Andrade, Galo Ordóñez, Zoila Ollague, Franco Romero (cuya presencia produjo la desafiliación de Alfredo Castro), Lucía Burneo, Carmen Ocampo, Rubén Terán (su postulación valió la desafiliación de la directiva de Cotopaxi), y Raúl Auquilla. ¿Adónde irán Cynthia Viteri y Nataly, su hermana? Los que son abiertamente nebotistas son Luis Fernando Torres, Soledad Diab y Clemente Vásquez. Pero otros podrían acompañarles en caso de división.

Con ese panorama, Febres Cordero ya tiene, se dice en su entorno, una hoja de ruta. Debe llegar a acuerdos con Álvaro Noboa y sabe que él lo necesita para algunas reformas que requieren 67 votos en el Congreso. Apoyará la reestructuración del Tribunal Constitucional y del Tribunal Supremo Electoral para dar espacio al Prian y a Sociedad Patriótica. No irá al Congreso y sabe que en el próximo Gobierno no tendrá a alguien en Carondelet recibiendo las órdenes que transmitía Miguel Orellana. Su poder no desaparecerá por completo pero estará sensiblemente menguado.

 ¿Retirarse? Alfonso Harb lo descarta. “Tenemos ingeniero hasta cuando Dios quiera y él pueda desde el punto de vista físico”. Otros amigos suyos no están tan seguros. Lo cierto es que los mecanismos que le dieron un poder casi omnipotente se están desmontando y que no se avizora una salida que congenie su carácter con las circunstanciales políticas en su partido y en el país. Esta campaña será su última derrota electoral. Y esta campaña lo alejó aún más de Nebot, a quien no perdona haber recibido a Correa. Lo detesta, entre otras cosas, por los insultos que a sus ojos le profirió en la primera vuelta. Ese encuentro Nebot- Correa, según uno de sus amigos, estuvo a punto de “matarlo del coraje”...