REVISTA VANGUARDIA
Chávez, el otro aliado de Noboa
| Chávez, el otro aliado de Noboa |
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| Revista Vanguardia | |
| martes, 14 de noviembre de 2006 | |
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La intervención de Chávez golpea la campaña de Correa. Luce más a una estocada para su amigo que a un ataque contra el millonario... Rafael Correa no conoce, al parecer, a su amigo Hugo Chávez. Lamentó su intervención, la semana pasada, contra su contrincante Álvaro Noboa. Y para no dejar dudas sobre su molestia, Ricardo Patiño, su virtual ministro de Economía y Finanzas, pidió al presidente venezolano, en Canal 1, abstenerse de hacer declaraciones y meterse en la campaña. Chávez, naturalmente no los oyó y siguió respondiendo los ataques que, a sus ojos, inició el líder del Prian. Correa y Patiño no entendieron que aquello que ahora no es bueno para ellos, sí lo es para el presidente venezolano. Chávez iba a intervenir porque ese es su negocio. Lo ha hecho en elecciones de otros países (México y Perú). Le resulta política y mediáticamente rentable. Y Correa también lo facultó cuando se ufanó, en la primera vuelta, de ser su amigo y de haberlo visitado en la casa de su madre, donde se hospedó una noche. Esos fueron dos más de los errores que cometió el dirigente de Alianza País en su campaña. Porque en la primera vuelta Correa dio por sentado que el país electoral votaría masivamente por su propuesta política en la cual cabalga, en mayor o menor grado, el Presidente de Venezuela. El aterrizaje forzoso que lo ubicó tras Noboa, lo hizo revisar a la baja las expectativas. Para llegar a Carondelet necesita otras franjas electorales en cuyo imaginario no aparece Hugo Chávez. De ahí la molestia de Correa al ver que su amigo, lejos de ayudarlo, suministra maná a la candidatura de Noboa. Lo oxigena. Le permite erigirse en defensor del interés nacional contra una injerencia exterior. De esa manera se quita un peso político de encima (por ejemplo no tiene que explicar su decisión de refrendar, en forma espontánea, el acuerdo de la Base de Manta) y pone a Correa en un escenario nocivo a sus intereses: otro ahijado del nuevo déspota de la región. De paso, refuerza sus tesis (repetidas pero no probadas) de que Correa está financiado por Venezuela. Los argumentos dados en ese sentido por Federico Pérez y Sylka Sánchez, fueron tan deleznables como la actitud, falsamente candorosa, de algunos medios para recibirlos sin replicar. Lo cierto es que Hugo Chávez vuelve a hacer hablar de él y que, aunque cerrara la boca, cosa poco probable, se convierte en un factor esencial en el desenlace de la segunda vuelta. Lo curioso entonces no es que Chávez intervenga: es que lo haga –como ocurrió en Perú– a sabiendas de que su entremetimiento ayuda a muchos, salvo a su amigo Correa. Le ha dado un golpe justo en el momento en que el adversario político de Noboa hace esfuerzos por configurar una distancia más racional con Estados Unidos. Lo prueban su encuentro con Lynda Jewel, embajadora estadounidense en Quito, y su apertura, relativa pero notoria, a nuevas formas de un Tratado de Libre Comercio. Chávez, además lo obliga a redefinir, ante los electores, sus relaciones con la supuesta revolución bolivariana. Más cerca es imposible. Muy lejos disgustaría a parte del electorado que votó por él en la primera vuelta. Así el número uno venezolano obstaculiza la realineación de una campaña forzada a crecer en franjas de electores contrarios, por sensibilidad y por interés, a sus tesis. Mirado así, sus intervenciones parecen más estocadas a la candidatura de un amigo que ha ido morigerando su discurso que un ataque a su contrincante. De dos una: o Chávez quiere fieles discípulos a su revolución. O no quiere más competidores en un mercado regional en el cual su línea no encuentra, por fuera de Evo Morales, seguidores incondicionales con serias opciones de poder. Otro beneficiado con la injerencia de Chávez es Alfredo Palacio. Amenazado por Gutiérrez, el futuro del Presidente está en buena medida en manos de Álvaro Noboa. El millonario no ha cedido ante las presiones de los hermanos Gutiérrez quienes le exigen, como condición para su apoyo político, que declare de facto la administración de Palacio. Esto les permitiría perseguir al actual Primer Mandatario y enviarlo a la cárcel. Chávez le envió a la distancia una boya más de salvación. Le permitió, al igual que al desprestigiado presidente Toledo, salir a defender la independencia del país y, de paso, darle una mano, en plena campaña, a quien funge como su posible sucesor. Un detalle que en política cuenta mucho a la hora de asegurar la retaguardia y de protegerse contra fiscalizaciones y arreglo de cuentas. Noboa le debe otra a Palacio. Esta carambola, de tres bandas, vuelve a alejarlo de Lucio Gutiérrez a quien trató de acercarse y con quien acumuló pasivos durante su gobierno. En definitiva, Correa tiene amplias razones para estar inquieto por estos ataques a Noboa venidos de Caracas. Lo ponen tan a la defensiva que ni siquiera encontró relevos, entre sus seguidores, para poner en evidencia la forma primaria como Noboa concibe las relaciones internacionales. Si se entiende bien lo que quiere hacer (pues Federico Pérez y Sylka Sánchez han dado versiones contradictorias al tratar de interpretar a su jefe), Noboa quiere reeditar los errores políticos que comete la administración estadounidense desde 1959. Y su sentido de la sindéresis es tal que puede prever relaciones comerciales y políticas con China (que es comunista) y no con Cuba (que también lo es) o con Venezuela (donde el autoritarismo de Chávez aún no desemboca en un abierto comunismo). Lo dicho: Rafael Correa conoce muy mal a su amigo, capaz de hacer, en este momento, un favor de ese tamaño a su contrincante. |








