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Contaminación: La guerra del aire está perdida PDF Imprimir E-Mail
Revista Vanguardia   
martes, 14 de noviembre de 2006

Quito , Guayaquil, Cuenca ... se suman a la debacle ambiental. Vanguardia muestra las evidencias de un problema que nadie resuelve.

El aire que se pierde hoy no se recupera. Las ciudades siguen creciendo y con ellas los sistemas energéticos, industriales y de transporte que son los mayores contaminantes. Vanguardia señala seis puntos que muestran cómo Ecuador está perdiendo la guerra contra la contaminación del aire.

1. Combustibles

El problema está en la mala calidad

Los carburantes fósiles son los contaminantes por excelencia. Y más si son de mala calidad. La propia Dirección Nacional de Hidrocarburos (DNH) admite que la norma ecuatoriana es demasiado blanda comparada con otros países de América del Norte y Europa. Por ejemplo, el contenido de azufre permitido en el diésel 2 en Ecuador es 10 veces más que el tolerado en EE.UU.

Según el Ministerio del Ambiente, el 76 por ciento de contaminación atmosférica proviene de los vehículos. El 5 por ciento, de la industria, el 4 por ciento de generación eléctrica y el 15 por ciento de fuentes naturales como los volcanes.

Por eso, desde el 2000 los autos nuevos empezaron a circular en el país con su propio catalizador, un sistema para reducir al mínimo la emisión de contaminantes. Entonces, el problema pasó a otro lado: los combustibles.

En Quito, el consumo anual promedio de carburantes es de seis millones de barriles. Esto significa una contaminación de mínimo 150 000 toneladas de desechos arrojados por año.

En Guayaquil, el 93,8 por ciento de vehículos usa gasolina y el resto diesel y gas doméstico. Es decir, 104 000 toneladas de gases tóxicos al año.

Los combustibles ecuatorianos ya no poseen plomo pero mantienen los altos contenidos de azufre. En esto, Petroecuador se justifica en la falta de presupuesto y pide recursos para instalar unidades de desulfuración. Además, la estatal petrolera ha realizado estudios de calidad de sus productos en sus propias centrales y todos cumplen con la norma ecuatoriana. Para Petroecuador, el riesgo de alteración de la calidad está en la distribución.

2. Transporte y tráfico

Poca planificación y con poco éxito

Cada vez hay más vehículos en las calles. Según el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos, la tasa de crecimiento anual del parque automotor es del 9,8 por ciento. En este año, se prevé una circulación de 310 000 autos sólo en Quito. En Guayaquil, unos 200 000. Y en Cuenca, 75 000. Quito y Cuenca tienen mayores dificultades por la estrechez de sus vías y porque las temperaturas se concentran más en altura. Si las ciudades crecen, tampoco se soluciona el problema. Al contrario, se extiende.

Quito y Guayaquil han empezado a implantar sistemas de transportación masiva. Quito desde 1995 y Guayaquil desde el 2006. Pero no se ha erradicado la circulación de buses tradicionales.

En Quito se implantó un sistema de revisión vehicular en el 2003. En Guayaquil, todavía no existe un control de este tipo. Allí la combustión es mejor porque al nivel del mar circula más oxígeno. En todo caso, en 10 años el transporte de la capital no ha mejorado y el tráfico sigue hecho un caos. Esto demuestra que el alcalde Paco Moncayo ha fracasado en sus intentos por lograr acuerdos con los transportistas.

3. Medición y control

Los monitoreos no son permanentes

Ecuador empezó a medir la calidad de su aire hace 25 años como parte de Panaire, una red promovida por la Organización Panamericana de la Salud.

Quito, Guayaquil, Cuenca, Ambato y Esmeraldas fueron las ciudades seleccionadas para el control. Pero los equipos fenecieron y el proceso se estancó en 1999. Desde entonces, no hay datos nacionales que sean reales. Ese año desapareció el Instituto Ecuatoriano de Obras Sanitarias (IEOS) y se crearon dos ministerios: el de Vivienda y el del Ambiente.

El monitoreo pasó a ser una competencia de los municipios. Solamente Quito estableció una red de monitoreo en el 2003 con Corpaire. En Cuenca, el año pasado se formó Cuencaire con el objetivo de poner en marcha un sistema similar de revisión vehicular. No hay más ciudades que sigan esta ruta.

En tres años de gestión, el director de Corpaire, Jorge Oviedo, asegura tener resultados favorables: las emisiones de monóxido de carbono se han reducido en un 35 por ciento y las de hidrocarburos en un 25 por ciento.

Pero hay otro tipo de partículas que aún quedan fuera de las mediciones. Por ejemplo, los hidrocarburos poliaromáticos que provienen de la combustión. El 2005 la Corpaire y la Universidad Central del Ecuador (UCE) terminaron una investigación para conocer la presencia de éstos en el aire. La Universidad de Boston donó equipos de monitoreo para dos estaciones.

Para el decano de la Facultad de Medicina de la UCE, Fernando Sempértegui, el estudio fue revelador: ciertas zonas de Quito –como el sector de la Universidad Católica– tienen concentraciones de hasta 300 nanómetros por metro cúbico en sólo una hora cuando en ciudades como Los Ángeles el promedio máximo es de cuatro.

Y precisamente los hidrocarburos aromáticos son los principales causantes de cánceres en la sangre (leucemia y linfoma), de pulmón y de vejiga.

4. Políticas públicas

Los planes van a paso de tortuga

Desde el gobierno central se plantean programas y estrategias. Pero no se fijan tiempos ni responsabilidades. Todo queda en papel y apenas se alcanza a realizar un diagnóstico parcial.

Las primeras normas de calidad del aire se expidieron en 1980. En el 2003 fueron actualizadas. Se incluyeron los límites de emisiones. ¿Pero quién controla que se cumplan esas normas? Para el coordinador de control de contaminación del Ministerio del Ambiente, Eduardo Espín, esa es una tarea transferida a los municipios. Y la labor de esta secretaría es fijar planes y políticas nacionales. ¿Dónde están aquellos?

Desde hace dos años, el Ministerio del Ambiente y la Fundación Natura viven enfrascados en un dilema de gestión. La Corporación Suiza para el Desarrollo (Cosude) aprobó el financiamiento de alrededor de 100 000 de dólares para elaborar un plan nacional para el control de la calidad del aire. Este plan debía fijar un trabajo coordinado con los gobiernos locales. Pero los fondos debían ser administrados por la Fundación Natura porque estaban asignados a su programa de aire.

Para ello, se formó un Comité Nacional de Calidad del Aire el 29 de junio del 2005. En esta comisión, las organizaciones ambientalistas proclamaron a Fundación Oikos como su representante y no a Natura. El Ministerio pidió a la Cosude que esos recursos sean asignados directamente a esta cartera pero no hubo respuesta. Desde entonces, no hay ni reuniones ni acuerdos.

5. Enfermedades

El cuerpo ajusta cuenta s a la larga

La contaminación del aire tiene sus consecuencias. Hasta hace dos décadas, las enfermedades infecciosas eran la principal causa de morbilidad en Ecuador. Hoy, son las afecciones respiratorias. Según los Indicadores Básicos de Salud, los problemas respiratorios agudos afectaron a 1,012 millones de personas en el 2004. El bióxido de azufre, el bióxido de nitrógeno, el ozono, el monóxido de carbono, los gases orgánicos y las partículas causan las afecciones respiratorias más graves.

El esmog, al ser inhalado, actúa como un agente irritante del sistema respiratorio. Provoca la falta de aliento, tos, dolor de pecho y puede agravar las enfermedades del pulmón. Es posible que las alergias se empeoren y aumenten los casos y ataques de asma.

En la capital, donde las mediciones son constantes, hay reducciones en monóxido de carbono pero en cuanto a partículas los registros siguen reportando datos que exceden la norma. Según el informe anual de la calidad del aire de Quito del 2005, la concentración promedia del material particulado fino llegó hasta 30 nanómetros por metro cúbico cuando el tope permitido es 15.

Sin embargo, los diagnósticos no se relacionan directamente con la contaminación del aire. Pasan como una alergia o una gripe. Y a la larga, la salud cobra su factura. Un ejemplo es el cáncer, una enfermedad contemporánea ahora común en las grandes ciudades.

El esmog influye directamente sobre la composición globular de la sangre. El decano de la Facultad de Medicina de la UCE explica que los hidrocarburos aromáticos, por ejemplo, pueden alterar genes y formar aductos (enlaces) con los agentes contaminantes. En definitiva, el aire contaminado que se respira no se desecha. Al contrario, se acumula.

6. El dinero perdido

La calidad del aire cuesta millones

Treinta millones de dólares es una cifra para detenerse. Ese es el gasto anual que pierde sólo Quito a causa de la contaminación del aire. Pero no se han hecho estudios en otras ciudades.

¿Cómo fue posible medirlo? La Fundación Natura evaluó los ingresos y egresos hospitalarios en las unidades de salud de la capital durante un año, el 2003. Se analizaron sólo los casos que reportaban afecciones respiratorias, el tiempo de hospitalización y el que se pierde por faltas en el trabajo.

Se compararon esos datos con las mediciones de la calidad del aire. Los resultados coincidieron: en las fechas que había un incremento en la contaminación también había un aumento en los registros hospitalarios y en las consultas ambulatorias por enfermedades respiratorias.