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ITER: La revolución energética del siglo PDF Imprimir E-Mail
Revista Vanguardia   
martes, 28 de noviembre de 2006

Emular la fusión solar o lograr que el agua supla al petróleo: ese plan está en marcha.

Europa y otras potencias del norte miran más allá de la era del petróleo. Conseguir con un litro de agua de mar la misma energía que con un kilo de carbón o con un litro de petróleo, es un sueño de alquimista que cada vez parece estar más al alcance de la ciencia. Los siete socios del Reactor Termonuclear Internacional Experimental (ITER, siglas en inglés) firmaron, la semana pasada, el tratado para construir un sistema que quiere producir energía limpia e infinita.

Con el ITER (que en latín significa camino) se intentará emular el proceso de fusión por medio del cual el sol y las estrellas consiguen producir energía. En concreto, lo que se quiere lograr es que un reactor provoque y controle la energía que se desprende de la fusión del deuterio (hidrógeno pesado) y el tritio, dos elementos presentes en el agua marina, a una temperatura que oscilará entre los 100 y los 200 millones de grados. Los científicos esperan que la reacción de esa fusión provoque helio a alta temperatura que recalentará un plasma, confinado en la instalación. En el ITER, entonces, se podrá estudiar la cantidad de energía generada por el plasma, sobre todo bajo la forma de neutrones, y se intentará comprender los procesos de física atómica de los materiales generados.

A diferencia del actual sistema de reactores nucleares, que utiliza uranio como fuente y que se obtiene del choque de átomos que libera una enorme cantidad de calor aprovechado para producir energía, la del ITER se espera que sea una energía limpia.

“Una de las atracciones de la fusión es la poca cantidad de combustible que se necesita. La liberación de energía de una reacción de fusión es 10 millones de veces mayor que la de una reacción química típica, como la quema de un combustible fósil”, explicó el director general de ITER, Kaname Ikeda, en un artículo escrito para la BBC. Precisamente, a diferencia de la quema de combustibles fósiles (petróleo y sus derivados), las reacciones de fusión no producen dióxido de carbono, el gas contaminante que, según muchos científicos, es responsable del calentamiento global.

Esta empresa, que es el segundo programa internacional más importante tras la Estación Espacial Internacional, tendrá una inversión total de 10 000 millones de euros: 4 500 millones se gastarán sólo en la construcción del reactor, que se espera esté listo en el 2018, y el resto en la operación. La Unión Europea aportará el 34%, mientras que China, Japón, Rusia, India, Corea del Sur y Estados Unidos el 11% cada uno, La sede del gigantesco laboratorio será Cadarache, en la desembocadura del río Ródano, al sudeste de Francia.

El ITER es un sueño que se concreta tras varios años de negociaciones. Los requisitos técnicos para lograrlo son enormes y muchos científicos han pasado décadas desarrollándolos, pero los beneficios potenciales son llamativos. Cada país tiene asignada una parte de la construcción del proyecto y hará una licitación internacional para que las empresas puedan optar por el contrato.

La propiedad intelectual del prototipo del reactor será de todos los firmantes del acuerdo. Y una vez que esté en funcionamiento podrá ser explotado comercialmente, aunque la previsión es que ello no ocurrirá hasta el 2 040. Los responsables de concretar ese sueño, precisamente serán 30 científicos chinos. Zhou Caipin, uno de los integrantes de la misión plantea así la tarea: “China compartirá equitativamente los derechos de propiedad intelectual resultantes de los avances científicos y de la investigación durante la construcción del reactor y la implementación del proyecto”. Pero China, a la par de su participación en el ITER, está embarcada en la construcción de su propio reactor termonuclear superconductor, denominado Tokamak East, una versión reducida del ITER.

A pesar de las expectativas creadas en torno a la investigación, hay sectores de ecologistas que manifiestan sus dudas. El académico Alexey Yablokov, dirigente del Partido Verde de Rusia, cuestiona la conveniencia práctica y la seguridad del proyecto. Lo califica de “juguete costoso”. Para él, sería mejor gastar los 10 mil millones de euros en el desarrollo de las fuentes de energía renovables.

De acuerdo a criterios científicos, el ITER sí producirá desechos radioactivos, pero precisamente una de las tareas de los especialistas será encontrar materiales que aguanten el bombardeo al que serán sometidos los átomos. En todo caso, la calidad de esos desechos permitirá su deterioro al cabo de 100 años de uso, tiempo mínimo si se considera que los actuales desechos radiactivos demoran miles de años en desactivarse