REVISTA VANGUARDIA
El manual de la nueva derecha
| El manual de la nueva derecha |
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| Revista Vanguardia | |||||
| martes, 19 de diciembre de 2006 | |||||
Página 1 de 3 La vieja derecha no tiene ideario ni rumbo. Sólo intereses. Vanguardia habló con políticos y empresarios que reinventan esa tendencia.
El scenario: Cinco intentos por una derecha no populistaGuillermo Lasso creó una fundación, Ecuador Libre, cuyo objetivo es renovar la política. Eduardo Maruri, publicista, lanza el partido UNO. Santiago Ribadeneira, banquero, salta a la política. Carlos Larreátegui busca un segundo aire para la democracia cristiana. Humberto Mata vuelve a la política. Mauricio Pinto hace una mini revolución en las cámaras de Pichincha y, en febrero, cuando deje el cargo, volverá a la vida pública. Eduardo Ramírez, empresario cuencano, decidió dejar de quejarse y ser actor político… La lista pudiera ser larga. Y tiene algunas cosas en común: la certeza de que no existen, en las vertientes donde ellos se mueven, idearios, prácticas realmente democráticas, líderes y rumbo para el país. La convicción de que un viejo sistema está herido y conviene contribuir a enterrar. Y la seguridad de que con la llegada de Rafael Correa al poder se impone la necesidad de renovar la derecha y competir con el nuevo mandatario no desde el golpe de Estado o la guerra de posiciones sino desde la concertación y la propuesta de cambio. Salvo Guillermo Lasso y Mauricio Pinto, pocas de las nuevas figuras reconocen hacer parte de la derecha. Algunos incluso, como Maruri y Rivadeneira, declaran no estar en ninguna parte en el espectro de las ideologías. Carlos Larreátegui admite que el partido par del suyo en Alemania, la CDU, es considerado de derecha, como el PAN en México o la Democracia Cristiana en Chile. Sin embargo, prefiere decirse de centro. Mata se define como un nuevo liberal. Pero sin esas galanterías del lenguaje, lo cierto es que en el Ecuador se está asistiendo, por todas esas vías, a intentos serios y orgánicos para renovar a una derecha que se extravió en el populismo y, luego, en prácticas corruptas. El diagnóstico: Ni hay mercado ni hay EstadoEl Partido Social Cristiano, que desde el retorno a la democracia copó en forma preponderante el espacio de la derecha, dejó de ser un polo de atracción. Hoy es visto como un partido populista más, defensor de intereses particulares, sin el aliento liberal que en algún momento propugnó y claramente señalado como el puntal de una partidocracia que la opinión rechaza. Álvaro Noboa, por su lado, no sólo perdió por tercera vez la Presidencia. Desaprovechó, nuevamente, la posibilidad de ocupar ideológica y políticamente ese espacio. “Yo sostengo –dice Mauricio Pinto– que si el candidato que enfrentó a Rafael Correa en la segunda vuelta hubiera sido de una derecha moderna, le hubiera ganado. Eso me lleva a pensar que es necesario renovar no sólo el tema de pensamiento político, de libertad, sino también el sector productivo”. Alejarlo de las prerrogativas que durante años sacó al Estado ecuatoriano. Abolir los monopolios que el Estado les garantiza para evitar la competencia. Acabar con las falacias nacionalistas usadas por algunos empresarios sólo para proteger mercados cautivos. “Definitivamente tenemos que romper con las prácticas corruptas que han tenido los partidos de los dos extremos. Y más que partidos políticos, diría caudillos”. El diagnóstico es ampliamente compartido. “La derecha está plagada de vicios”, dice Carlos Larreátegui, presidente de la Unión Demócrata Cristiana (UDC). Humberto Mata, del movimiento Fuerza Ecuador, habla de una mafia partidocrática. Santiago Ribadeneira, presidente del Banco Solidario y miembro de Alianza Equidad, va más lejos: “La historia democrática de los últimos 25 años es un fracaso. Lo único que hemos logrado es la exclusión social con una pobreza altísima. El papel de los partidos políticos para ganar puntos ha sido oponerse a lo que hace el otro. León Febres Cordero propuso una ley bancaria de extrema izquierda, sólo por hacer oposición. La conclusión es evidente: nos toca cambiar de modelo”. Los referentes: Estudio, experiencia y concertaciónFabián Corral, que ha fustigado la vieja derecha desde hace lustros, invita a la nueva derecha a declararse huérfana. “No debe tener nada que ver con la vieja derecha. No puede ser heredera de nada. Lo primero que debe hacer es definirse ideológicamente y depurar el pensamiento pues la derecha está sin ideas desde la época de Camilo Ponce; es decir, desde hace 50 años. Desde entonces no veo una derecha como yo conceptuaría: renovada, con ideas de libre mercado, defensora de la tradición, la seguridad del derecho; un derecho democrático que apueste a convivir en un ámbito de tolerancia y libertad”. En esta tarea está empeñada la Fundación Ecuador Libre. No sólo en definir un pensamiento nuevo en el país sino también en formar cuadros y líderes con una visión contemporánea de la política y del servicio público. Mauricio Pinto se inscribe en esa línea. Él preconiza –y se ocupará en ello apenas deje la cámara– abrir institutos de políticas públicas destinados a estudiar la realidad nacional y las experiencias ajenas. “No podemos experimentar más con el país. No hay que intentar botar gobiernos ni hacer escándalos. Se requiere una oposición que analice los temas técnicamente y que los ponga a discusión en el país”. El presidente Correa –agrega Pinto– necesita una oposición inteligente. “Que sepa que el adversario también es educado, estudiado y en la práctica tiene experiencia. Que no puede desecharla ni tratarla de corrupta porque no lo es”. Para él, esa nueva derecha tiene que tener un rostro social. Que no se identifique con el empresario que lucra por lucrar. Un empresario despreocupado del desarrollo y del porvenir del país mientras se aísla en verdaderos guetos donde pierde el sentido de la realidad nacional. “Veo gente madura y joven –dice Mauricio Pinto– dispuesta a apoyar una derecha de esta naturaleza”. No otra cosa dice Fabián Corral cuando afirma: “sin solidaridad, sin una base mínima de condiciones económicas, culturales y sociales no se puede ejercer la libertad. Yo no puedo ser libre en un país de miserables”. Eduardo Ramírez, portavoz de UNO, insiste a su vez en el pragmatismo como rumbo político. “Vamos a escoger las mejores experiencias, sistemas y métodos sin importar sus orígenes. Las ideas, si son buenas, se implementarán provengan de donde provengan”. En definitiva, hay consenso en que la democracia tiene que ser eficiente y traducirse en salud, educación, empleo y bienestar para los ciudadanos. |
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