REVISTA VANGUARDIA
El manual de la nueva derecha
| El manual de la nueva derecha |
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| Revista Vanguardia | |
| martes, 26 de diciembre de 2006 | |
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La vieja derecha no tiene ideario ni rumbo. Sólo intereses. Vanguardia habló con políticos y empresarios que reinventan esa tendencia. EL ESCENARIO Cinco intentos por una derecha no populista Guillermo Lasso creó una fundación, Ecuador Libre, cuyo objetivo es renovar la política. Eduardo Maruri, publicista, lanza el partido UNO. Santiago Ribadeneira, banquero, salta a la política. Carlos Larreátegui busca un segundo aire para la democracia cristiana. Humberto Mata vuelve a la política. Mauricio Pinto hace una mini revolución en las cámaras de Pichincha y, en febrero, cuando deje el cargo, volverá a la vida pública. Eduardo Ramírez, empresario cuencano, decidió dejar de quejarse y ser actor político… La lista pudiera ser larga. Y tiene algunas cosas en común: la certeza de que no existen, en las vertientes donde ellos se mueven, idearios, prácticas realmente democráticas, líderes y rumbo para el país. La convicción de que un viejo sistema está herido y conviene contribuir a enterrar. Y la seguridad de que con la llegada de Rafael Correa al poder se impone la necesidad de renovar la derecha y competir con el nuevo mandatario no desde el golpe de Estado o la guerra de posiciones sino desde la concertación y la propuesta de cambio. Salvo Guillermo Lasso y Mauricio Pinto, pocas de las nuevas figuras reconocen hacer parte de la derecha. Algunos incluso, como Maruri y Rivadeneira, declaran no estar en ninguna parte en el espectro de las ideologías. Carlos Larreátegui admite que el partido par del suyo en Alemania, la CDU, es considerado de derecha, como el PAN en México o la Democracia Cristiana en Chile. Sin embargo, prefiere decirse de centro. Mata se define como un nuevo liberal. Pero sin esas galanterías del lenguaje, lo cierto es que en el Ecuador se está asistiendo, por todas esas vías, a intentos serios y orgánicos para renovar a una derecha que se extravió en el populismo y, luego, en prácticas corruptas. |








