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El TLC fue una opción, las reformas son la base PDF Imprimir E-Mail
Rubén Flores   
martes, 02 de enero de 2007

Con EE.UU. no hubo acuerdo, pero las negociaciones, hasta donde llegaron, dejaron en claro las reformas que el país debe emprender.

 

La relación comercial con Estados Unidos existirá como existe y existió. Ese país se anticipó con los Tratados de Libre Comercio entendiendo el fracaso del multilateralismo y las negociaciones en la OMC. Por eso entre el 2000 y el 2006 se dieron unos 34 TLC para profundizar, ir más allá de la OMC, en los grandes temas normativos: propiedad intelectual, ambiente, medidas de protección... Así, buscó estandarizar esos marcos en los TLC.

En consecuencia, si el nuevo gobierno plantea una relación diferente, deberá adaptar el aparato institucional ecuatoriano para garantizar, no sólo la relación con EE.UU., sino con los demás bloques. Entonces, sin necesidad de tener un TLC, haciendo las reformas internas legales para dar la transparencia, operatividad y competitividad que el país necesita, la relación se seguirá manteniendo. Además, entendiendo que hay sectores que deben afrontar e impulsar desafíos.

Ahí sirve mucho la experiencia de negociación del TLC, porque se avanzó en los temas que marcan la pauta para implementar esas reformas. Primero, debemos contar con una Ley de competencia. Eso dará una señal positiva a todos los socios comerciales. Internamente, en dolarización es muy importante regular a sectores de comercialización, banca, etc., para dar mayor capacidad adquisitiva al consumidor.

La Ley de calidad es otro marco que está listo y falta sólo el visto bueno del Ejecutivo. Esta Ley implica transformar el sistema de códigos y normas técnicas y armonizarlo con el exterior.

Otro punto clave es la conformación de equipos. Hay que preparar uno para impulsar la defensa comercial, los esquemas de salvaguardias como instrumentos de comercio exterior y los planes de acceso a mercados. Es algo clave si la Cancillería va a ser el eje de esa área. Se requiere otro para para solucionar controversias comerciales. Hasta ahora han sido temporales, con participación privada y pública. En el caso del banano nos fue bien pero había el respaldo de EE.UU. ¿Qué pasaría si este país nos demandara? Además, en este tema sería bueno tener un organismo bilateral para tratar los conflictos. Por otro lado, se desbarató el equipo de negociación nacional, por ejemplo de Agricultura. Se perdió la inversión en capital humano de casi 12 años. En servicios financieros la Superintendencia de Bancos puede ya impulsar cambios para transparentar el sistema y que podamos saber cuál es el costo real del dinero en el país.

El ejercicio del comercio electrónico también tiene una ley, pero falta la institucionalidad para garantizar el control, la transparencia y la seguridad de las transacciones, para insertarnos con éxito en el mundo globalizado.

En Aduanas hay que garantizar que los procedimientos permitan despachar las mercaderías en 48 horas y no tomarse tres o cuatro semanas. El marco para impulsar la automatización, el análisis de riesgo para transparentar el sector, está listo. Es sólo cuestión de voluntad política.

Otro punto importante son las telecomunicaciones, donde se requieren cambios en el marco legal para mejorar el acceso, la apertura, temas operativos y la transparencia del sector.

Lo mismo sucede con las compras públicas, donde es necesario esclarecer los ejercicios de licitación, depurar los procesos con un sistema electrónico y de acceso público.

En lo laboral, si bien es necesario flexibilizar para dar una movilidad que se adapte mejor a la apertura, también hay que garantizar los derechos de la sindicalización no voraz, según la capacidad y el aporte productivo del trabajador.

En los temas de propiedad intelectual y agricultura, que quedaron abiertos en el TLC, se necesita, sobre todo, un trabajo interno para mejorar las instituciones y que el sector privado agrícola se prepare para la apertura. Con Mercosur corren ya dos años y no hay avances, pese a que los sectores sensibles -los mismos que tenemos ante EE.UU.- se abrirán en 15 años. Algo inaceptable es el patentamiento de animales y vegetales. En definitiva, el país tiene en sus manos pasar de la transición a aplicar los cambios.