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Su tesis: apartar a los militares de la política PDF Imprimir E-Mail
Revista Vanguardia   
martes, 09 de enero de 2007
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Su tesis: apartar a los militares de la política
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Socialista y maestra a tiempo completo

La Educación y la política son las pasiones de Guadalupe Larriva.

Alrededor de ellas ha girado su vida.

A la primera ha dedicado la mayor parte de su tiempo. Es profesora de colegio –comenzó en el Fray Vicente Solano– desde los 18 años y universitaria –en la Facultad de Filosofía de la Univeridad de Cuenca– desde los 23.

A la actividad política, en cambio, llegó hace 10 años. Aunque desde muy joven estuvo en contacto con ella. No sólo porque se casó con un dirigente socialista de Cuenca, Rodrigo Ávila, a quien acompañó y apoyó en sus participaciones públicas, sino porque por convicción, desde que estaba en las aulas universitarias, militó en las juventudes socialistas.

Sus principios políticos no la han alejado de sus profundas creencias religiosas. Fue criada en una familita católica y ella continúa con la tradición.Sus amigos cercanos, como Félix González, dicen que es católica practicante.Y su casa muestra que lo es. En la sala de su vivienda en Quito tiene un crucifijo, mientras que en su casa de Cuenca tiene una estantería con una colección de los santos ecuatorianos de distintas épocas.Pero esta espirtualidad va más allá.

Entre sus lecturas preferidas están los libros de esoterismo. Luego están los relativos a su profesión de Geógrafa y los de política.Su carrera política, a diferencia de la educativa, donde ha recibido buenas evaluaciones y crítica positivas ha tenido altos y bajos. Como presidenta de la UNE del Azuay, el primer cargo de elección que desempeñó, logró catapultarse para presentarse como candidata a asambleísta con el auspicio de su partido y del MPD. Sin embargo, no ganó una curul. En ese año, 1997, su esposo, quien sufría de problemas cardiacos, murió. Ella quedó con deudas por el tratamiento al que fue sometido en el país y en Brasil –ya habían vendido una propiedad en Yunguilla – y a cargo de sus tres hijos.

Luego, en el 2000, intentó ser alcaldesa de Cuenca y quedó en tercer lugar.Desde ese año se dedica a reconstituir su partido en la zona. Y lo hace con miras a conseguir que las fuerzas de izquierda se mantengan unidas, como ocurrió cuando la postularon para reemplazar al Fernando ‘el corcho’ Cordero. Este trabajo le rindió frutos dos años más tarde, cuando fue electa diputada por el Azuay.

Su matrimonio con la política –ella afirma que es su nuevo esposo– ahora la lleva a hacerse cargo del Ministerio de Defensa, luego de que no pudo ser reelecta como diputada de su provincia, a pesar de tener una buena votación personal.

Entre sus coidearios se piensa que ella es un hito, porque es civil, de izquierda, y mujer. Entre los civiles que siguen el tema militar, Larriva es un albur. Si no tuviera éxito, sería un bumerán, pues los militares podrían ratificar su tesis tradicional de que mejor están entre ellos que con civiles.