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Revista Vanguardia   
martes, 09 de enero de 2007
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La marca LFC se agota
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Su salud, la derrota electoral, la pérdida de la visa de Xavier Neira y la posible división de su partido: son la s causas que lo están llevando a la jubilación.

 

Hasta el viernes una retirada sigilosa. León Febres Cordero se alejó de los vaivenes políticos y evitó las declaraciones a los medios. Así el político más controversial de los últimos 25 años va rumbo a su jubilación. La salud, la debacle electoral, el señalamiento de Estados Unidos a Xavier Neira, su hombre de confianza, así como las amenazas de división del Partido Social Cristiano precipitaron su retiro.

Su ritmo de vida cambió dramáticamente tras las elecciones del 15 de octubre. Dejó de liderar las reuniones en su casa de Urdesa. Aquellos eran lunes intensos y sus encuentros con sus coidearios eran masivamente cubiertos por la prensa. Ahora, los lunes atiende y despacha los temas pendientes de sus inversiones y negocios desde su oficina en el edificio Valra, al cual volvió tras más de tres años de ausencia. De martes a viernes, se refugia en su finca El Cortijo, dedicado a la crianza y venta de sus caballos pura sangre. En ese campo no ha cambiado: habla a los animales y vigila rigurosamente que los empleados los acicalen y les den de comer.

La elección de diputados no sólo le significó una debacle electoral, previsible para sus cercanos amigos: derivó en una crisis de salud que lo tuvo 15 días recluido en su casa, sin poder salir y sin hablar prácticamente con ninguno de sus coidearios. Tal fue su grado de cansancio que la mañana del miércoles 18 de octubre, cuando quiso levantarse no encontró las fuerzas para hacerlo. Su sobrino y médico particular, Roberto Gilbert, acudió de emergencia y lo que encontró no le gustó nada. El reelecto diputado estaba anémico. Su dictamen fue drástico: bombardeo de vitaminas y reposo absoluto.

Luego le llegaron, inesperadas y de sopetón, las críticas de la familia por el esfuerzo realizado. Aquella reunión familiar fue la primera vez desde el 2002, en que volvía a ser encarado por sus hijas Mariuxi, María Fernanda y María Liliana, junto con sus esposos e hijos mayores. Le pidieron, le exigieron, que dejara la política. En esa reunión se oyeron frases como “la política te está matando”, “es tiempo que te dediques a cuidarte”, o la más categórica “te han pagado mal”. El ambiente estuvo cargado de susto, enojo y frustración. Febres Cordero, flanqueado por Gilbert, solo atinó a escuchar mirando fijamente a sus interlocutores.  No fue la única reunión en la que terminó quedándose callado. Dos noches antes, su hermano Nicolás Febres Cordero acudió a la casa, donde estaban reunidos Xavier Neira y Miguel Orellana, para recomendarle que hable, que reconozca la derrota, que “por su historia y legado, debía presentar su declaración sobre los resultados de las elecciones”. Neira y Orellana se opusieron férreamente diciéndole que eso no era posible, que gracias a él el partido sacó cinco diputados. La discusión terminó cuando Nicolás Febres Cordero, contrariado, abandonó la casa.

“Pagado mal”: la frase quedó retumbando en la mente del ingeniero. Los resultados lo conmovieron, a pesar de que sabía, por las encuestas, que iban a ser negativos. Pero la decepción fue mayor a la esperada. Febres Cordero sacó 69 618 votos individuales. Cuatro años antes había llegado al parlamento con 461 318. Esa realidad lo golpeó duramente. Guayaquil había preferido a presentadoras de televisión, modelos, reinas y novatos antes que a la lista de diputados armadas por él. Tardó días en asimilar la derrota.