REVISTA VANGUARDIA
Al mapa de la deuda aún le faltan piezas
| Al mapa de la deuda aún le faltan piezas |
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| Revista Vanguardia | |
| martes, 16 de enero de 2007 | |
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La comisión de investigación hurgió en ese hueco negro. Pero sus salidas son difusas. Los endeudamientos del país han sido mal manejados. Esa es la esencia de las conclusiones a las cuales llegó la Comisión que fue creada por el presidente Alfredo Palacio (recuadro) para investigar la deuda externa. ¿Hay aportes de este trabajo que duró ocho meses para el país? Algunos, al menos cuatro. Y un par de puntos que pueden contarse como debililidades. Siguiendo con los aportes. En primer lugar, si bien el equipo de comisionados no hace una auditoría sobre proyectos específicos –excepto algunos visibles desde hace algunos años por los recurrentes endeudamientos y pocos resultados– es el primer gran análisis histórico y panorámico sobre los verdaderos mecanismos de adquisición de la deuda, sus efectos económicos y sociales y la efectividad en el uso de los recursos que llegaron. La gran cantidad de datos es un segundo aspecto importante. Aunque se trata de una visión macro, hay comportamientos que permiten conocer el manejo de los recursos en temas micro. Resalta, por ejemplo, la conclusión de que hay un mayor costo en la deuda en los últimos años. A fines de los 80, el 83% del crédito se contrató para pagarlo en períodos superiores a 10 años; el 12%, de cinco a 10 años y 5% en menos tiempo. En cambio, en los últimos seis años domina el mediano plazo, pues el 44% de la deuda se contrató con plazos entre cinco y 10 años. El 39 fue para largo plazo y el 16 para corto plazo. Eso, obviamente, acelera los vencimientos e implica mayores esfuerzos fiscales. Además, para julio pasado, 6 700 millones de deuda externa e interna se pagaban con tasas variables. Algo caro, pues según la Subsecretaría de Crédito Público un incremento de la tasa en un punto porcentual afecta al pago de la deuda en 67 millones anuales. ¿Dónde está lo micro? Precisamente en que la política general afecta a cualquier proyecto, pues no se puede dejar de pagar ninguno, para no crear un efecto de moratoria en el mercado. En tercer lugar, la estructura del informe facilita una visión integral sobre la deuda. Los datos se presentan con orden y clasificación para que puedan ser ubicados con facilidad, de acuerdo a los temas que interesan: composición de la deuda, tipo de acreedores, implicaciones económicas, sociales... El orden en los temas permite reconocer, de manera transversal en el informe, la ausencia de políticas para aprovechar adecuadamente los recursos adquiridos, por ejemplo. El monto acumulado, de 1970 al 2006, fue 81 591 millones. Por ellos se pagaron 127 308 millones y aún quedan por cumplirse tramos hasta el 2030. Esto, dice la Comisión, implica una descapitalización de 45 718 millones para el país. Un margen negativo de 56 por ciento. Un costo del dinero muy alto, si se compara con sus beneficios. Por otro lado, se mencionan casos de destino equivocado de los recursos. Entre 1989 y el 2006, sólo 14% de los de-sembolsos anuales se usó en inversiones para proyectos de desarrollo: agua potable, energía, riego, transporte, telecomunicaciones, infraestructura social, impulso al sector productivo... El gran resto fue para pagar amortizaciones e intereses de las deudas externas adquiridas con anterioridad. En igual sentido se revela cómo el Estado asumió deudas privadas (en 1983, 85/86 y 99). De 13 232 millones destinados a planes de desarrollo, un 34% fue para ‘Ajuste del Sector Financiero’; 32 para infraestructura física productiva; 16 para fomento del sector productivo, 15 para infraestructura social y 3% para finalidades diversas: control y seguridad interna, modernización del Estado... El trabajo de la Comisión también lleva a un cuarto aspecto: recoger lecciones para el futuro. ¿Para qué contratar créditos que no se usan? Eso sucede con más de la tercera parte de los montos. Y los que se gastan se concentran donde hay más presión política (Guayas 42% y Pichincha 24%). Además, hay desperdicios. Entidades como Cedege (Corporación de Desarrollo del Guayas), BEDE, CRM (Centro de Rehabilitación de Manabí), CFN, Copefen, FISE, Ietel, Inecel y siete ministerios, hicieron créditos –redundantes– tres y hasta cuatro veces entre 1989 y el 2006, para lo mismo. Para completar el escenario de lecciones, hay una gran responsabilidad del sector público cuando ha realizado renegociaciones onerosas de deudas, como la de los bonos Brady. En suma, políticos, empresarios, sectores sociales y sindicales, el propio Estado, han bloqueado la generación de suficiente producción y rendimiento para recuperar lo invertido, como debiera suceder en cualquier economía. Un quinto aspecto, pero que no encaja como aporte, es que el estudio sólo habla de malos resultados en materia de indicadores macro sociales. De entrada, la Comisión dice que la deuda externa es un tema de discusión no sólo por los montos y la responsabilidad financiera del Estado, sino por los costos que implica para la población. Por ello la crítica a 30 años de endeudamientos controversiales. Tiene así un enfoque político, cierto discurso que distrae y sobra, pues los análisis técnicos y los datos obtenidos, parecen orientarse a demostrar que toda deuda es mala. En realidad, el análisis de las cifras levantadas habla por sí solo sobre los efectos. Pero surge la inquietud de si hay o no proyectos en el país que tuvieron un buen manejo. En cambio, queda por completar una tarea de profundización de los temas analizados por la Comisión. Un caso sería, justamente, el de estudiar períodos y responsables del desperdicio de recursos, incluso de los mismos proyectos mencionados, así como contribuir con más datos para sustentar eventuales manejos indebidos. ¿Aportes en cuanto a propuestas? Más bien pocos y obvios, excepto uno que va acorde con el actual Gobierno: la creación de una moneda regional sudamericana y la conformación una Comisión Sudamericana de Deudores y damnificados del endeudamiento... Lo demás es conocido: que los organismos de control fallaron, que hay que investigar más y tomar medidas para evitar que vuelva a pasar... El reto, entonces, queda planteado. |








