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Como chancho en lodo PDF Imprimir E-Mail
Martha Ormaza   
martes, 16 de enero de 2007
Los opuestos y sus contrarios, 12 animales, calendarios lunares... El horóscopo chino es comprensible sólo para iniciados.

Que el 2007 es el año del Chancho. Que termina el año del Perro. Que este año corresponde al del Chancho de Fuego, según la simbología china.

Que en la cultura japonesa se habla del Jabalí. Que el calendario es lunar, mas no solar. Que los animales del horóscopo chino son doce. Son algunas de las aseveraciones que he oído desde hace tiempo. He puesto la cara de que entiendo bien de lo que me hablan. La verdad, es que para mí ha sido como si me hablasen, justamente, en chino. Me propuse salir de la ignorancia.

Hojeé el periódico y me topé con que había una conferencia sobre el tema. Acudí y me encontré con lo inesperado.

El lugar donde se dictó la charla era particular. Una construcción hexagonal de madera, adobe y vidrio en medio de la naturaleza. El silencio lo llenaban las aves. Los escuchas éramos sólo cinco. Nos saludamos tímidos. Un señor con vestimenta de gurú, pálido, de barba larga y mirada dulce, nos dio una corta bienvenida e introdujo a la conferencista procedente de Argentina. Se trataba de una astróloga, mentalista, parapsicóloga experta también en religiones orientales, con largos años de estudios y experiencia. Todo era armonía hasta que entró la susodicha. Me rompió la cabeza. Era todo un estereotipo de la adivinadora y también su contrario.

Regordeta, vestida de mil colores de pies a cabeza, con una serie de retazos que colgaban y se volvían a enrollar para cruzarla de norte a sur. Bisutería medio oriental que atiborraba sus brazos, orejas, cuello, tobillos y frente. Fardo sobre fardo, decía mi abuelita.

Caminó sobre las puntas de sus pies descalzos hasta un gran sillón de bambú donde se desparramó. Hola, pueden llamarme Elvira, dijo sonriente con acento mendocino muy marcado y con voz de pito de celador. Me dolieron los oídos que escuchaban sólo paz.

Me fijé en su maquillaje de Cleopatra hasta que abrió la boca.

Sus labios tenían la típica hinchazón y el rictus de aquellos que se inflan a punta de silicona. Y dijo, en 70 muecas por segundo: Gracias por la invitación a este maravilloso país y a este increíble centro de espiritualidad y gracias a ustedes por estar acá. No he venido a hablar de mí. Mi currículo forma parte de la literatura que se les entregará al final. Para entrar en la materia del horóscopo chino, les voy a contar un cuentito, al que deben poner atención, nos dijo en tanto alzaba el índice con el gesto de advertencia de maestra de primer grado a sus párvulos. Me pregunté qué diablos hacía allí. Sentí el impulso de la fuga.

Para organizar la bóveda celeste, el tiempo y el espacio, el Emperador Amarillo, convocó a los animales y los sometió a una competencia. Debían cruzar el río y conforme llegaran al otro lado de la orilla, ocuparían un lugar en el cielo. El buey iba delantero pero la hábil rata se encaramó en su lomo y saltó a tierra antes de que él. Así ocuparon el primer y segundo lugar. El tigre llegó agitado en tercer puesto. Hacía su relato cual cuentero infantil. Me desconecté y otra vez, no pude entrar en esa sutil lógica simbólica. Me pregunté sobre cómo la gente hará para llegar a esos mundos de modo tan fluido. Evité mortificarme y volví a las palabras de la experta cuando terminaba con que el chancho llegó al final porque había preferido comer y hacer una siesta en medio de la competición. Así ocupó el décimo segundo lugar. No asimilé nada.

Había un gráfico circular en que se encontraban los símbolos zodiacales y no me preocupé más. En torno a mí estaban todos los que habían comprendido todo. Ahora vamos a la poética del Chancho, continuó y dijo textual “De todos los hijos de Dios soy el de corazón más puro. Con inocencia y fe marcho a la protectora luz del Amor. Por dar gratuitamente de mí mismo me enriquezco y soy dos veces bendito…”.

Me sonó muy bonito, pero en mi estructura judeocristiana, me inquirí cómo es dos veces bendito aquel que llega al último por elegir comer y dormir antes que rajarse el alma en la carrera.

El miedo ocupó el lugar del escepticismo cuando la agorera, en un giro de estado ánimo, hizo predicciones catastróficas. Terremotos, erupciones, inundaciones y guerras formaban el oscuro panorama que avizoró. Contradictoriamente, aseguró, progreso en el hemisferio sur. Entendí menos. Que era el año del hedonismo y de los placeres, que la imagen era la del 'Chancho en lodo', pero que había que evitar los desplazamientos y que debemos protegernos en el chiquero. Que es el año 2007, un año de grandes transformaciones políticas. ¿Para verlas por televisión desde el chiquero? me pregunté. En el revoltijo de ideas, entre esto, su opuesto y su contrario, me sentí la más bestia del bestiario. Decidí vivir la sorpresa del día a día del año que comienza, pero eso sí “como chancho en lodo”.