El
paro de Sucumbíos y Orellana es una secuela de la caída de Lucio
Gutiérrez. Se podría sostener que es el costo político de haber
derrocado al ex coronel. Con toda seguridad, las provincias amazónicas
se veían mucho mejor representadas en el Estado por Gutiérrez que por
Palacio. El ex presidente quiso hacer de la Amazonía el gran bastión
electoral de Sociedad Patriótica. Para cumplir su objetivo político,
ofreció todo, hasta un aeropuerto internacional en Tena.
Si la caída de Gutiérrez fue principalmente obra de la clase media
quiteña, como se sostiene, entonces habría que decir que el paro de
Sucumbíos y Orellana es el costo político del movimiento "forajido". Un
efecto inesperado de la revuelta de abril, y una revelación del
complejo y desarticulado país en el que nos movemos. Las luchas de los
quiteños en contra del dictócrata se exaltan en la exposición
"Prohibido olvidar", montada en el Museo Metropolitano. Fotos, videos,
consignas y cacerolas nos regresan al dramatismo de abril. Los quiteños
se representan en la exposición como una suerte de conciencia política
iluminada de la nación, casi como su conciencia democrática. La
centralidad de Quito en la vida política del país aparece expresada
claramente en una de las consignas recogidas por la muestra: “Lucio, te
jodiste, con Quito te metiste”.
Entre el paro de Orellana y Sucumbíos, y la muestra "Prohibido
olvidar", hay más que una conexión en el tiempo; hay una secreta
relación política. Diría que los ecos de la lucha de los forajidos se
produjeron meses después en la Amazonía con un paro violento, que
reclama todo lo que Gutiérrez ofreció y más. La lucha de la clase media
quiteña acabó con un proyecto autoritario, pero generó un vacío
político en las provincias amazónicas que causa enormes complicaciones
al Estado.
La política ecuatoriana se enfrenta a una gran paradoja interna: en
Quito se producen las caídas de los gobiernos, pero desde Quito ya no
se construye el proyecto nacional. La salida de Gutiérrez nos ha
mostrado con enorme crudeza los abismos políticos dentro del Ecuador.
La constatación nos produce la imagen de un país desbaratado, sin
rumbo, en soletas, desintegrado, sin salidas. Fabián Corral se
preguntaba hace una semana si el Ecuador era viable. Y un embajador de
carrera, de visita la semana anterior, confesaba su profunda
frustración por representar en el exterior lo que llamaba un “no país”.
Fuera de Quito, Guayaquil y Cuenca, ¿qué es el Ecuador? El vandalismo
en Chone desconcierta. El éxodo de ecuatorianos al exterior, en medio
de los peores maltratos y humillaciones, desconsuela. Aceptan todo,
hasta poner en riesgo su vida, con tal de irse. Nada les une al
Ecuador. Nada une al Ecuador. No hay un país, hay muchísimos países. No
hay un proyecto, solo una disparidad de necesidades fragmentadas, cada
cual tratando de imponerse sobre la otra. Hay una profunda dificultad
para pensar el país más allá de todo localismo.
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