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El "no pais" PDF Imprimir E-Mail
Fernando Rivera   
martes, 30 de agosto de 2005
Me tomé la libertad de publicar el editorial de Felipe Burbano de Lara de la versión en-línea de El Hoy. Creo que su reflexión sobre el paro en la Amazonía y el levantamiento forajido es correcta.
El "no país"

Por Felipe Burbano de Lara

El paro de Sucumbíos y Orellana es una secuela de la caída de Lucio Gutiérrez. Se podría sostener que es el costo político de haber derrocado al ex coronel. Con toda seguridad, las provincias amazónicas se veían mucho mejor representadas en el Estado por Gutiérrez que por Palacio. El ex presidente quiso hacer de la Amazonía el gran bastión electoral de Sociedad Patriótica. Para cumplir su objetivo político, ofreció todo, hasta un aeropuerto internacional en Tena.


Si la caída de Gutiérrez fue principalmente obra de la clase media quiteña, como se sostiene, entonces habría que decir que el paro de Sucumbíos y Orellana es el costo político del movimiento "forajido". Un efecto inesperado de la revuelta de abril, y una revelación del complejo y desarticulado país en el que nos movemos. Las luchas de los quiteños en contra del dictócrata se exaltan en la exposición "Prohibido olvidar", montada en el Museo Metropolitano. Fotos, videos, consignas y cacerolas nos regresan al dramatismo de abril. Los quiteños se representan en la exposición como una suerte de conciencia política iluminada de la nación, casi como su conciencia democrática. La centralidad de Quito en la vida política del país aparece expresada claramente en una de las consignas recogidas por la muestra: “Lucio, te jodiste, con Quito te metiste”.

Entre el paro de Orellana y Sucumbíos, y la muestra "Prohibido olvidar", hay más que una conexión en el tiempo; hay una secreta relación política. Diría que los ecos de la lucha de los forajidos se produjeron meses después en la Amazonía con un paro violento, que reclama todo lo que Gutiérrez ofreció y más. La lucha de la clase media quiteña acabó con un proyecto autoritario, pero generó un vacío político en las provincias amazónicas que causa enormes complicaciones al Estado.

La política ecuatoriana se enfrenta a una gran paradoja interna: en Quito se producen las caídas de los gobiernos, pero desde Quito ya no se construye el proyecto nacional. La salida de Gutiérrez nos ha mostrado con enorme crudeza los abismos políticos dentro del Ecuador. La constatación nos produce la imagen de un país desbaratado, sin rumbo, en soletas, desintegrado, sin salidas. Fabián Corral se preguntaba hace una semana si el Ecuador era viable. Y un embajador de carrera, de visita la semana anterior, confesaba su profunda frustración por representar en el exterior lo que llamaba un “no país”.

Fuera de Quito, Guayaquil y Cuenca, ¿qué es el Ecuador? El vandalismo en Chone desconcierta. El éxodo de ecuatorianos al exterior, en medio de los peores maltratos y humillaciones, desconsuela. Aceptan todo, hasta poner en riesgo su vida, con tal de irse. Nada les une al Ecuador. Nada une al Ecuador. No hay un país, hay muchísimos países. No hay un proyecto, solo una disparidad de necesidades fragmentadas, cada cual tratando de imponerse sobre la otra. Hay una profunda dificultad para pensar el país más allá de todo localismo.