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Chávez es la prueba de la crisis de la izquierda PDF Imprimir E-Mail
Jose Hernández   
martes, 23 de enero de 2007

El profeta de la vieja izquierda acapara todos los poderes en su país. ¿Ese modelo de caudillismo militar es el socialismo que se propone? 

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La izquierda, buena parte de ella, no aprende. Adora los discursos. Se engolosina con los lemas. Ama a los caudillos. El caso más reciente y el más patético, es Hugo Chávez. Esa izquierda (por fortuna hay franjas que tratan de vivir la contemporaneidad) lo considera socialista. No lo dicen porque hayan analizado la práctica política del presidente venezolano, sino porque Chávez afirma que es socialista. También dice que es bolivariano. Y latinoamericano. Y esa izquierda, tan acostumbrada a diseccionarlo todo, olvida sus reflejos y le cree. Y admite, como un postulado político del socialismo del siglo XXI, la fanesca ideológica que administra Chávez a su antojo.

La zona de tolerancia es más amplia. Chávez ha sido erigido por la izquierda, también por Rafael Correa, como el paradigma del socialismo contemporáneo.

Y así luce porque, otra vez, a esa izquierda no le interesa saber lo que hace Chávez con la democracia en su país. Le interesa lo que dice Chávez. Y Chávez dice cosas que ha pillado, por ejemplo, en los libros de Stiglitz. Más prosaicamente, Chávez es anti gringo, anti neoliberal y antiglobalización. Es lo que dice. Y como lo dice con vehemencia en los micrófonos que graciosamente se le tienden a su paso, esa izquierda, en la cual se encuentra el nuevo Presidente, lo ha convertido en su nuevo profeta.

Esa izquierda recuerda, por su forma de pensar, lo ocurrido en gran parte de la izquierda europea en los años cuarenta. Pensadores progresistas denunciaron los crímenes de Stalin en la Unión Soviética. Calumnia, montaje imperialista, respondió la izquierda. Y no creyó. Prefirió mirar de cerca los discursos, siempre correctos, siempre bien intencionados, del dictador rojo. A parte de la izquierda latinoamericana le sucede lo mismo: cree en los discursos de Chávez.

Como creyó en los de Fidel Castro. Los creyó sin analizar cuidadosamente sus acciones. Porque vamos a ver: ¿Chávez es el parangón de la nueva democracia que esa izquierda dice buscar? ¿Cuál es, entonces, su perfil? ¿El viejo, destartalado y corrupto sistema que había en Venezuela cambia con el verticalismo militar impuesto por Chávez? ¿Puede la izquierda otorgarle un pasaporte de dictador por el mero hecho de que las élites venezolanas convirtieron la democracia representativa en un mero cascarón? ¿Se debe aceptar que acapare todos los poderes y que ahora goce del poder excepcional de dictar leyes ordinarias u orgánicas? ¿Es así como concibe esa izquierda la democracia? ¿Se puede pensar, por un momento, que la sociedad venezolana será más democrática porque su mayor caudillo tiene más poderes y disminuye, cada día, los escuálidos contrapesos que sobreviven en Venezuela? ¿Puede la izquierda volver a caer en la trampa (creada por Castro) de dar salud y educación primero y dejar las libertades públicas para después? Si Chávez es el adalid de esa izquierda, la situación parece clara: esa izquierda no cree en la democracia representativa. Sigue siendo autoritaria.

No ha sacado las lecciones de la caída del muro de Berlín que desterró los modelos políticos verticales y concluyó que una dictadura, de izquierda o de derecha, es una dictadura.

¿La izquierda que aplaude a Hugo Chávez, sin mirar el totalitarismo hacia el cual camina, es democrática? ¿No se inscribe en la tradición leninista que recomienda usar la democracia representativa para captar el poder político e imponer, luego, su modelo autoritario? Que el nuevo mandatario haya inaugurado su régimen en forma tan especial con el hombre que se erigió, gracias a la democracia, en el nuevo zar venezolano, muestra el subdesarrollo político de cierta izquierda. Y crea dudas sobre la disposición de Rafael Correa para dar viabilidad a la nueva izquierda, que tanto necesita el país.

Esa nueva izquierda no apuesta a salvadores supremos ni a poderes excepcionales. Sabe que la democracia se basa en separación de poderes, organismos independientes de control, equidad y, sobre todo, hacer que el ejercicio democrático repose en los ciudadanos y no dependa de dictadores ávidos de perennizarse en el poder.