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Página 1 de 3 Rafael Correa habló de socialismo. ¿Por qué? ¿De qué se trata? ¿Por qué se inspira en Hugo Chávez? Vanguardia abre el debate.
Zumbahua quedará como un símbolo del gobierno de Rafael Correa. Y desde ahora es un manojo de interrogantes mayores: ¿por qué el nuevo mandatario estrenó allí la Presidencia de la República en compañía de Evo Morales y Hugo Chávez, los dos presidentes más polémicos de la región? ¿Por qué los escogió para ese rito cargado de mensajes y emblemas? ¿Por qué permitió su injerencia en asuntos internos del país? Zumbahua mostró, en todo caso, un cambio total en la actitud del nuevo mandatario. En la segunda vuelta electoral fue evidente la distancia que tomó con un Chávez que quiso jugar, en Caracas, el papel de director de su campaña. Correa y gente de su partido le pidieron no involucrarse, dejar que los ecuatorianos arreglaran, entre ellos, sus problemas. Su amigo, más que una ayuda, parecía un estorbo.
Ahora en Zumbahua y luego en Quito y la Mitad del Mundo, el presidente venezolano lució como el principal amigo, socio y aliado del líder de Alianza País. Y Correa, lejos de atenuar esa impresión, hizo lo posible para subrayarla.
“Correa ha escogido a Chávez y Morales para hacer lo de Zumbahua –dice Hernán Reyes, catedrático de la U Andina– porque es una expresión simbólica de con quién quiere marchar, ellos son sus aliados potenciales”. ¿Por qué? “Porque Brasil y Chile no han desmontado nada y han trabajado sobre la base y los espacios más o menos libres del modelo neoliberal”.
Con ellos, Correa habló de socialismo, una palabra que no había aparecido en la campaña electoral, en la cual sí anunció una revolución ciudadana.
“La definición de socialista –dice Felipe Burbano de Lara– es un intento por darle un nombre y una identidad a un conjunto de cosas que aparecen todavía dispersas”. Y el subdirector de la Flacso refiere que estuvo en Zumbahua, oyó a los tres y le parece que tienen coincidencias “sobre el antineoliberalismo, la crítica al mercado, una política nacionalista que defiende la soberanía, igualdad social y cierta incomodidad ante la democracia representativa”. A ese conjunto, Hugo Chávez, Rafael Correa y Evo Morales le han puesto una etiqueta: socialismo del siglo XXI.
La denominación hubiera pasado desapercibida si las prácticas políticas del presidente venezolano (quien funge de principal animador del trío) no fueran en contravía de lo que ha sido la historia de esa tendencia. “Cuando los socialdemócratas europeos dicen que quieren un socialismo con democracia, libertad y mercado, sabemos lo que están proponiendo –dice el historiador Wellington Paredes–. Sabemos que no hay un discurso ideológico sino un capitalismo con rostro humano y ejercicio democrático”.
Es decir, Chávez no sólo no es socialista sino que sus prácticas políticas están más cerca de lo que Felipe Burbano llama “caudillismo militarista” que del socialismo fresco y renovado que imaginaron aquellos que desde hace años trabajan en el país en movimientos de jóvenes, mujeres, ecólogos, homosexuales...
Rafael Correa no se jugó por aquello. Las señales que ha enviado dejan la impresión de que está más cerca ideológicamente de Chávez, que lo que dejan entender sus cercanos colaboradores. Por eso su deseo de llevar el Ecuador al socialismo despertó clara oposición en movimientos centristas o de derecha. “No creo que Ecuador votó por un modelo socialista –dice Humberto Mata, director de Fuerza Ecuador–. No hay un mandato para hacer un Ecuador socialista tipo Venezuela”.
En la izquierda también hay franjas que ven en Chávez al representante de un modelo que no quisieran que prospere en el país. “Creo que una apuesta de la izquierda es profundizar la democracia en las sociedades y también democratizar al Estado –dice Betty Tola, miembro del movimiento Mujeres por la Vida–. En el caso de Chávez hay un presidente que está por allá arriba y una base amorfa que le sigue”.
Tola dice alto el malestar que invade a muchos grupos de izquierda que ven, con naciente escepticismo, cómo el presidente Correa hace coro con un personaje que, a la fuerza, quiere volver socialista a Bolívar cuando éste era liberal. Como Alfaro. Lo dice Wellington Paredes: “es un abuso perverso, una distorsión. Bolívar fue un latinoamericanista unitario con matices autoritarios. Alfaro fue un liberal demócrata. Hoy sería un socialdemócrata, no un socialista. No confundan los tiempos históricos. Proponer algo que no corresponde a la historia ni a los procesos reales, está fuera de la verdad”.
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