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La etiqueta socialista de Correa PDF Imprimir E-Mail
Revista Vanguardia   
martes, 23 de enero de 2007
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La etiqueta socialista de Correa
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Otro tema extraña a amigos y detractores del presidente Correa: que el Presidente hable de un modelo socialista sin haberlo definido. No ha dicho al país lo que quiere. No ha dicho cuáles son los contenidos sociales y políticos, en prioridad, del socialismo que quiere.

¿Quiere –se pregunta el historiador guayaquileño–, el socialismo que vimos en Zumbahua? ¿Ese milenarista, indigenista que hace tabla rasa de la historia? La sociedad ecuatoriana es liberal. La Costa, especialmente, es liberal, su economía es y ha sido liberal”.

Así, y aunque Correa no lo quiera, ancló algunas imágenes y aceleró los tiempos políticos sin tener, al parecer, control ni brújula. En pocos días ha dejado estelas de inquietudes que, si se miran en detalle, militan en contra de sus causas. Es una apreciación que no comparte Hernán Reyes. Según él, nada está todavía jugado y algunos analistas se han apresurado a sacar conclusiones.

Betty Tola y Felipe Burbano lo acompañan en ese punto. Para los tres, estos temas cruciales están en debate, incluso en el interior del gobierno.

Pero hay diferencias entre ellos sobre lo que aquello significa: Reyes admite que “hay cierta dosis autoritaria en el modelo propuesto frente a un sistema en descomposición”. Y cree que con el mandatario vuelve a aparecer el dilema de enfrentar, autoritaria o democráticamente, los obstáculos que presenta el sistema caduco. El sociólogo de la Universidad Andina titubea pero finalmente admite que el modelo autoritario “podría ser el mal menor y necesario en un primer momento”.

En cambio, Felipe Burbano cree que cuestiones, –como las que plantean aquí Welligton Paredes o Humberto Mata– no interesan a la izquierda. “La izquierda tiene una relación conflictiva con la democracia. El momento que uno se proclama izquierdista o socialista, es muy fácil deslizarse hacia formas autoritarias, populistas o caudillistas. Eso a la izquierda no le preocupa frente a un objetivo que considera más importante: el cambio histórico con ciertos valores como la igualdad social y la lucha antiimperialista”.

A la franja de izquierda que representa Betty Tola sí interesa el destino de la democracia representativa. “Tenemos en el país una crisis y requerimos repensarla. Hay que buscar mecanismos para activar la participación”. Reyes, en cambio, hace parte de aquellos que entienden que los conceptos dependen de la noción que se tenga de democracia y creen “que los logros democráticos que se debieran preservar en el campo institucional son casi nulos”.

De esta manera, lo que se dibuja en estos días, de cuerpo entero, es la inexperiencia política de la izquierda. Pero también sus ambivalencias ideológicas, sus enormes dificultades para pasar del diagnóstico a la solución y su coqueteo con formas totalitarias de poder. Por ejemplo, ¿cómo define la izquierda que con Correa llega al poder lo que se está construyendo en Venezuela? “Estamos viendo –dice Burbano de Lara– la constitución de regímenes políticos que no son ni participativos ni igualitarios. En Venezuela me parece que hay un centralismo de poder, caudillismo militarista y toma de decisiones con una libertad increíble que sustenta la centralidad del Estado”.

¿Cómo puede venir de ahí, entonces, la alternativa que la izquierda busca a un sistema que ha colapsado? Por supuesto personas como Humberto Mata no esperan nada de Hugo Chávez. Lo consideran el mandatario de “un estado totalitario, donde ya se habla de un poder perpetuo”. El mismo sentimiento de equivocación, por parte del Presidente, se siente en el análisis de Wellington Paredes. “De qué socialismo habla Correa? ¿Del plural, el que fortalece la democracia y desarrolla la ciudadanía o del socialismo que excluye a la ciudadanía, empobrece la democracia, fortalece la burocracia y los grupos corporativos de poder?” Paralelamente, hay otras preguntas sin respuesta por parte del nuevo poder: ¿por qué juega, otra vez, la izquierda a todo o nada? ¿Cómo piensa Correa llegar a una revolución ciudadana donde no hay ciudadanías militantes y prima el discurso populista? En esta retahíla posible de preguntas sin respuestas, hay una que devuelve la película al inicio: ¿por qué el presidente Correa entiende que debe inspirarse en una revolución autoritaria, la de Hugo Hugo Chávez, para hacer las reformas que el país reclama?