REVISTA VANGUARDIA
Clericus cup
| Clericus cup |
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| Martha Ormaza | |
| martes, 30 de enero de 2007 | |
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Si el vaticano tuviese su propio equipo de fútbol ¿cómo serían las barras? ¿gregorianas? ¿su emblema? ¿un cordero en un arco? Se atravesó en la tarde, una nota de prensa encabezada así: “Benedicto XVI iniciará la Copa del Clérigo”. Leída en voz alta, suscitó hilarantes comentarios entre una concurrencia dispar. Anunciaba que se iniciará un torneo de fútbol Vaticano y que el ganador aspira a clasificar al Mundial en Sudáfrica. Me pregunté, dónde iría a parar aquello de “Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. Sin darme tiempo para respuestas, me sedujo la herejía, con anónima y provocativa interrogante ¿Y cómo será el uniforme del Sacro Equipo mundialista? El delirio se abrió paso. Será de una sola pieza. Negro. Con 125 botoncitos. Comenzará por el cuello blanco de clérigo y terminará en pantaloncillos, dijo Lorraine, el francés, mientras hojeaba el periódico. Ah, y los hinchas, “i tifosi” serán excelsos. En lugar del tambor, llegarán a los graderíos con órgano de tubo. Las barras serán coros gregorianos, afirmó con impostada seriedad. Así serán los más moderados aclaró, Andrei, el ruso, porque los hooligans católicos aparecerán vestidos de cucuruchos, armados con cilicios. Vinieron a mí escenas de la película Uccellacci e uccellini de Pasolini, protagonizada por el Marqués Antonio de Curtis, más conocido como Totó. En blanco y negro, frailes corrían tras la pelota en sus largas sotanas franciscanas, a riesgo de excomunión. Saltó a la arena del absurdo, Roberto, el italiano al asegurar: Aparecerán grandes pancartas que digan: Cardenal Bertone, eres 'casi' nuestro ídolo. Luego, se explicó. Sucede que, Tarcisio Bertone es el Secretario del Estado Vaticano y, a la vez, el mentor de la Clericus Cup. Anunció que el equipo campeón, con las bendiciones divinas, estará listo para retar a la Roma, al Inter, al Milan, y que la meta es llegar a Sudáfrica. Claro, esas fueron declaraciones de prensa de la entusiasta autoridad vaticana, de las cuales obviamente, después tuvo que desdecirse, al más puro estilo que va imponiendo el papa Ratzinger, subrayó malicioso. Es que este Papa, con sus desatinos diplomáticos, ha convocado a la irreverencia, me dije para mis adentros, mientras se disparaban los cañonazos. Paloma, quien mira el mundo como un gran cartoon, dibujó alternativas para el emblema que portaría la selección de la Santa Sede. Un cordero delante del arco. La cruz sobre la pelota de fútbol. El triángulo con el esférico en vez del ojo divino. El Espíritu Santo que en forma de palomita desciende sobre el balón, y -para rematar- la efigie del Papa Bendicto XVI con el esferis mundis en la mano. Mientras circulaban sus íconos, gritó un ¡Alt! y vaticinó: Maradona va a demandar derechos de autor. El balompié divino es de su autoría intelectual. La Mano de Dios ya metió un gol en su favor. La Iglesia Maradoniana rechazará el plagio teologal, concluyó. Seguimos cada frase de la redacción. “Los 16 equipos que entrarán al torneo, a partir del próximo febrero, están conformados por sacerdotes, seminaristas y profesores de los ateneos romanos". Entre la entelequia general, nacieron preguntas. Si la curia no cobra por norma, ¿serán jugadores impagos? ¿Cómo van a manejar los pases? ¿Será lícito vender jugadores a otros planteles? ¿Abandonarán sus votos al cambiarse de equipo? ¿O sólo se remangarán la sotana? ¿Será el fútbol instrumento para bajar los índices de pedofilia? ¿O se trata de otro exitoso negocio del Vaticano? ¿Iremos a la plaza San Pedro a ver un santo encuentro mientras recibimos las bendiciones pontificias? Y, finalmente, si es que 'mismo, mismo' Dios existe ¿irían los nuevos cruzados a los estadios con el handicap de las bendiciones divinas? Decía también la noticia, que no jugarán los domingos porque es el día del Señor. Domingo es día de fútbol, me dije. La FIFA tendrá que trabajar duro en los calendarios mundialistas, reflexioné. Anunciaba, además, reglas más severas que las del fútbol mundano. “Quien profiera maldición o blasfemia, será enviado de inmediato al vestuario” ¿O a la sacristía? preguntó otro sacrílego. Suena al típico castigo de escuela de monjas, anotó alguien más. Con esta advertencia, se garantiza que las señoras mamacitas de los árbitros, por primera vez, estarán en el altar que merecen, dijo algún otro impío sin temor de Dios. Me fui después de reír mucho. El tema no se alejó de mi cabeza. Seguí en compulsivas preguntas y reflexiones: Si la Iglesia romana ocupa las canchas, qué lugares agnósticos o exclusivamente laicos, nos restarían. Los árbitros deberán ser ateos para hacer bien su oficio. Este hecho tiene evidente trascendencia historiográfica. Cabe una lectura mesiánica. Merece, al menos una monografía de bachillerato, que podría intitularse: De la Inquisición a la FIFA. |








