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El dragón devora al mundo PDF Imprimir E-Mail
Revista Vanguardia   
martes, 30 de enero de 2007

El país de Mao es la cuarta economía. Crece casi al 11 por ciento y ese ritmo se mantendrá...

 

Mao Tse-tung no lo creería. El progreso chino repite el fenómeno que se dio en la década del 50 con Japón o en los 70 con Corea del Sur. La diferencia radica en el número de habitantes y en el impacto que esto produce en el resto del mundo. Como ejemplo vale citar el campo energético. En 1996, China importó 20 millones de toneladas de petróleo. Una década después la cifra subió a 150 millones. Se espera que en el 2020, esa demanda se incremente en un 150 por ciento.

La economía china creció un 10,7 por ciento en el 2006, su ritmo más veloz en diez años. Las claves de ese desarrollo son las exportaciones y las inversiones que aumentaron a pesar de una serie de medidas que dispuso el gobierno para mantener controlada la expansión. La cuarta economía del mundo en definitiva ha crecido a tasas de dos dígitos durante cuatro años consecutivos. Si mantiene ese ritmo la producción de China podría exceder a la de Alemania y pasar al tercer puesto en el listado mundial en apenas un año más.

Todo apunta a que lo logrará. En ese plazo, China expondrá su meteórico ascenso cuando sea anfitrión de los juegos olímpicos. “El mensaje es que la economía está en pleno auge y proyecto que crecerá el 10,7 por ciento de nuevo en el 2007”, dijo Tim Condon, responsable de análisis de mercados financieros de Asia ING, en Singapur.

¿Cuál es el secreto? Esta nación, lo cual para la mayoría es aún una fantasía, duplicó su producción en apenas cinco años, montada sobre una ola sin precedentes de industrialización, urbanización e inversiones. Todo esto empezó a dar frutos después del ingreso del país asiático a la Organización Mundial del Comercio (OMC) en el 2001.

Aunque las estadísticas demuestran una expansión espectacular, por decirlo menos, el ingreso de cada habitante chino se mantiene al mismo nivel del de una economía en vías de desarrollo. El Producto Interno Bruto (PIB) del país alcanza los 2,7 billones de dólares. Pero eso repartido para una población de 1 300 millones de personas, no supera los 2 000 dólares. Eso está muy lejos de los 42 000 dólares que percibe cada habitante, en promedio, en EE.UU.

Y el crecimiento de China resulta paradójico. Las provincias más ricas y donde se sustenta su poder están ubicadas precisamente en la zona costera este, particularmente Shanghai, y la perla del río Delta, Hong Kong. En el interior del país, la situación es distinta. El principal problema es la débil base de la agricultura y el ingreso de las poblaciones rurales. Además, hay un malestar entre la población que preocupa. Las cifras oficiales dan cuenta de un récord de 87000 incidentes de disturbios sociales en el 2005, muchos de ellos como consecuencia de la apropiación forzosa de la tierra de los campesinos en nombre del desarrollo.

Para Meter Tan, presidente de Flextronics en Asia, “China se ha convertido en víctima de su propio éxito”. Este especialista encuentra difícil contratar y retener a personal técnico.

No hay suficientes trabajadores calificados, lo cual desencadena en despidos y una inflación del salario sumamente rápida. “China, definitivamente, no es el lugar más barato para producir más”. Por eso, aunque tremendamente sorprendente, el crecimiento chino beneficia en parte a sus países vecinos. Vietnam, por ejemplo, contó con un voto de confianza de Intel a principios del año pasado. Esa empresa gastó 350 millones de dólares para construir una nueva fábrica en ese país. Pero antes de que finalizara el año, esta firma estadounidense productora de microprocesadores fue más allá e invirtió 1 000 millones. En ocho meses, Intel colocó más dinero de lo que invirtió en China durante varios años.

El dragón asiático también tiene otros riesgos. Como es notable la carencia para la protección de los derechos de propiedad en China, hay reportes de inversionistas extranjeros que señalan que descubrieron a compañías locales produciendo, en masa, bienes idénticos, pero bajo una marca diferente. Por esta razón, algunas empresas, como las que fabrican aparatos médicos, abrieron establecimientos en Singapur.

Otras partes de Asia también ofrecen grandes mercados. India tiene 1 100 millones de habitantes y una emergente clase media que se calcula aumentará en un ocho por ciento este año, aunque el país sea más pobre que China.

Aún así, las autoridades tratan de controlar la expansión china con medidas ortodoxas. Por ejemplo, exponen en plazas públicas a los funcionarios que no exigen el cumplimiento de normas ambientales y conceden permisos a empresas, para aumentar la producción de sus economías locales. Pero no han podido tapar el sol con un dedo.