Política
Asamblea Constituyente: Retórica de democracia para una dinámica anti-democrática
| Asamblea Constituyente: Retórica de democracia para una dinámica anti-democrática |
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| Teodoro Bustamente | ||||||||||
| martes, 30 de enero de 2007 | ||||||||||
Página 1 de 8 Borrador para fomentar un debate[1]
1. Sobre los objetivos de la AsambleaLo primero es tratar de identificar cuales son los argumentos para convocar a esta Asamblea. El primero y más evidente es que el sistema político ecuatoriano tiene en sí una serie de defectos, de vicios, podríamos decir que requieren de manera urgente una modificación. Este argumento merece diversos comentarios. El primero de ellos, es que si bien son ciertas las necesidades de introducir cambios, estos no son cualesquiera. El cambiar por cambiar los regímenes legales, es una manera de garantizar que las leyes serán malas inconsistentes entre ellas e imposibles de ser cumplidas. El señalar una necesidad de cambio para abrir la puerta a todos los cambios que se puedan presentar es por lo menos irresponsable. La manera sensata de hacer cambios, en la Constitución o en cualquier orden social, es el inverso. Discutamos los cambios. Pongámonos de acuerdo en cuáles son los más importantes. Una vez que éstos estén consensuados, será fácil buscar el camino. O si es que existen fuerzas que frenan e impiden la concreción de un acuerdo ampliamente mayoritario de la sociedad, será fácil identificarlos, enfrentarlos y derrotarlos.
En realidad colocar al mecanismo, esto es, la Asamblea Constituyente, por sobre el objetivo y el contenido de las reformas a ser impulsadas, es en sí una monstruosidad lógica y, además, tiene perversos efectos políticos.
Desde el punto de vista de la dinámica de lo sucedido en torno al tema de las reformas, no debemos olvidar el proceso tan peregrinamente organizado a raíz del derrocamiento de Lucio Gutiérrez. Una convocatoria pidiendo propuestas de reformas generó una saturación de ideas, la mayor parte de ellas poco articuladas. En ese maremagnum, las propuestas que realmente tenían significación política se perdieron. En ese proceso se hizo evidente que lo que nos falta en un eventual proceso de reforma política es sobre todo los mecanismos de discusión elaboración y generación de acuerdos, no sólo sobre las reformas necesarias, sino sobre todo, sobre los principios de convivencia social que tales eventuales reformas deben sustentar.
El debate sobre las reformas fue tan mal planteado que no se discutieron tesis ni propuestas. Lo que sucedió fue simple y llanamente la creación de una fantasía: llamamos a todos los sectores particulares a que propongan sus aspiraciones para convertirlas en dictados constitucionales. Pero como, evidentemente, ese conjunto de (reivindicaciones, de pliegos de peticiones) no podían ser articulados y negociados lo que sucedió es que el proceso se frustró. En este contexto la convocatoria a la Asamblea Constituyente se convierte en una nueva promesa, ofreciendo a todos los que creyeron las fantasías reformistas la oportunidad de ir (si llegan a ser elegidos) a la Asamblea a negociar sus particulares reivindicaciones. Su pliego de peticiones.
Tal dinámica tiene con seguridad varias perversas dimensiones. La primera de ellas deriva de que es matemáticamente seguro que la mayoría de los aspirantes a crear una Constitución a su medida no tendrán el privilegio de participar en el festín constitucional y por lo tanto, serán frustrados, pero sobre todo, tendremos la garantía de que los defectos más importantes de nuestro ordenamiento jurídico, esto es, el particularismo no serán remediados en lo más mínimo sino al contrario, agudizados y agravados.
Si es que existe necesidad de reformas, estas deben ser propuestas y cada una de ellas discutida ampliamente y cada una por separado. La Asamblea Constituyente es la mejor garantía para que no se hagan las reformas necesarias y para que nos llenemos de reformas, inconsistentes y en la mayor parte de los casos destructoras.
Aquí conviene reflexionar un poco sobre los contenidos posibles de una reforma. Tal como están las cosas, al momento tenemos una reforma que tiene amplia aceptación. Nos referimos a las medidas para independizar el poder judicial y los organismos de control de la influencia de los partidos políticos. Hay otras que pueden tener un interesante potencial, como son las que se refieren a los diputados nacionales. Y otras que nos parecen más bien peligrosas, es decir con potenciales efectos negativos como son las relativas a la distritación y las autonomías. Y además, una enorme gama de otras posibles reformas que corresponden fundamentalmente a intereses particulares de grupos reducidos.
En la Asamblea Constituyente la dinámica de la negociación es que la discusión de aquella reforma clara que tiene consenso se mezcla, complica y enreda, con otras que merecen mas discusión, se mezcla con otras que pueden ser des-estructuradoras de la convivencia social. La discusión de aquellas importantes que aún no tienen consenso claro, se entorpece por que es necesario discutir cientos de temas al mismo tiempo.
Por último en una Asamblea Constituyente el tira y afloja entre diversos intereses es de tal tipo que inclusive las reformas ampliamente consensuadas, puede ser desdibujadas en las negociaciones de las mesas de redacción, en las cuales, los consabidos expertos en procedimientos legales pueden buscar fórmulas para deformar las reformas necesarias. En resumen la Asamblea tiene alta probabilidad de ser el mecanismo para frenar y tergiversar las reformas. Lo inverso de lo que el discurso dice. En todo caso, es someter a las reformas necesarias, a los peores avatares de los chantajes que han caracterizado la negociación política en grandes cuerpos colegiados.
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