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El Gobierno se juega por un cambio de roles PDF Imprimir E-Mail
Freddy Rivera   
martes, 06 de febrero de 2007

La reestructuración de la Policía Nacional debe tener un pl an de ruta. antes de ejecutarlo, hay temas que deben ser transparentados.

 

Los consecutivos cambios que se dieron en la cúpula de la Policía Nacional tienen un claro mensaje en términos de depuración y transparencia. Si antes el Ministro de Gobierno sólo hacía sugerencias a la Policía, esta vez va más allá. Esto no necesariamente implica que ahora se pueda hablar de un Ministro de Gobierno que también dirija, en términos políticos, a la Policía. Es prematuro decirlo porque la Policía es un estamento más de ese débil Ministerio que tiene a cargo otras entidades que están en una situación crítica.

El Presidente ha pedido generar una transformación de una entidad muy cuestionada y, en algunos casos, corrupta. Eso es responsabilidad del ministro de Gobierno, Gustavo Larrea, que ya ha emprendido sus primeras acciones; no obstante, resulta necesario ver el plan completo, saber quién va a participar y cómo. Para esto no se requiere hacer otro diagnóstico, hay suficientes.

La cuestión es de voluntad y de efectividad para meter la mano a entidades que tienen una inercia del pasado: favores que pagar, redes de corrupción y mucho poder no visible. La Policía tiene elementos que han sido investigados por su participación en irregularidades del transporte, coyotaje, hurto y otra serie de delitos. Los golpes entonces tienen que ir dirigidos a la cabeza y al corazón de esos problemas.

Pero también hay otras preguntas que deben contestar el comandante de la Policía y el Ministro de Gobierno: ¿qué pasó con la propuesta de Ley Reformatoria del Personal de la Policía? El documento estaba en el escritorio del ex presidente Alfredo Palacio. ¿La firmó?, ¿Cuáles son los componentes que tiene?, ¿Dónde está la trasparencia de los convenios internacionales que firmó la Policía y qué se sabe de ellos?, ¿Qué pasa con el financiamiento externo a los cuerpos especiales Gema, GOE, GIR, GAO? Hace dos años se hizo una planificación estratégica en la Policía Nacional, ¿Qué resultados hay?, ¿Quién pide cuentas de todos esos procesos?, ¿Dónde está la institucionalidad? El silencio es evidente.

Mientras no se conozcan estos aspectos todo queda en simples discursos y anuncios. La conflictividad política actual no debe impedir que el tema se discuta. Si no es ahora, ¿Cuándo lo haremos? ¿Hasta cuándo se debe esperar? Es primordial la presentación de medidas, planes y acciones concretas que transparenten cómo se establecerá la reforma. No hay duda de que habrá aspectos que por seguridad nacional no se pueden decir: manejo de detalles en frontera norte, los cambios en los servicios de inteligencia, el tipo de asesoraría técnica. Ojalá la necesidad no conduzca a traer solamente especialistas de los servicios secretos cubanos y venezolanos para que brinden consejos ya que sería un error político enorme. ¿Por qué no chilenos o brasileños para iniciar la transformación? Todas estas medidas son de corte técnico, pero lo primordial es que haya una decisión política para impulsarlas de inmediato. Por eso hay que comenzar por lo sano y determinar qué tipo de servicio se va a estructurar. Será un estamento estatal controlado y subordinado al poder civil o, de lo contrario, ¿estará manejado como ahora por una especie de intereses corporativos de los comandantes o del Estado Mayor de turno?...

Es imprescindible emprender un proceso de modernización real asumiendo los costos necesarios.

Si no lo hacemos, estamos únicamente con maquillajes y el cambio de la cúpula policial será sólo un anuncio más entre otros. Sin embargo, esta medida está bien para un inicio. Es un buen aviso de que el nuevo Gobierno da una orden y la Policía tiene que sujetarse a ella. Pero la disposición también implica que hay un proceso de reforma y la entidad tiene que cumplir con transformaciones en sus áreas críticas. En manos del régimen está el establecer las reglas: puede pedir asesoría y recursos, debe poner plazos y sobre todo, exigir resultados. No hay que olvidar que también es necesaria una reingeniería institucional en esa estructura casi ausente llamada Ministerio de Gobierno que deberá responder cómo va a ejecutar las reformas.