REVISTA VANGUARDIA
La vieja derecha es la gran aliada de Correa
| La vieja derecha es la gran aliada de Correa |
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| Jose Hernández | ||||
| martes, 06 de febrero de 2007 | ||||
Página 1 de 2 En 20 días volvió a lo suyo: nombró un fiscal poco recomendable, repartió cargos a familiares y súbditos, quiso subirse mil dólares...
Nadie ignora que Rafael Correa ganó —en buena medida— por sustración de materia en la otra orilla. Y poco ha tenido que hacer el nuevo Presidente para que sus opositores se cocinen en su salsa. Los ha dejado actuar. Y cual judoka que saca partido de su adversario, ha aprovechado las hazañas de las cuales son capaces el Prian, el PSC y el propio Lucio Gutiérrez: repartirse los organismos de control. Nombrar un fiscal poco recomendable. Colocar súbditos y familiares en los tribunales. Amenazar con destituir un Presidente que goza de alta popularidad. Pretender subirse mil dólares en su salario… Lucio Gutiérrez, cuya última especialidad son las carambolas de tres bandas, puede ufanarse de no compartir enteramente los costos políticos de sus aliados. Pero esa oposición a Rafael Correa ha revelado en el Congreso, en sólo 20 días, que —lejos de tener un proyecto alternativo al régimen– se aferra al modelo que ya no tiene curso en el país. Ese es su talón de Aquiles. Lo es creer, como está creyendo, que el enfrentamiento político con el nuevo mandatario se limita a un concurso de textos de reformas. Lo es, igualmente, pensar, como está pensando, que si se exhiben los demonios que despierta Hugo Chávez en sus bases sociales, el país volverá a ser lo que fue. Lo es sospechar que si se habla de libertad, la lista de admiradores del Presidente se reducirá como piel puesta a secar bajo el sol. El drama de la vieja derecha —al igual que el de la vieja izquierda— es no tener a la mano un modelo seductor. Habla de respetar la Constitución, y la Constitución se debe respetar. Pero esa vieja derecha no tiene un piso moral para hacer ese pedido. En cambio sobran ejemplos que delatan las veces que ha violado la Carta Magna. Hay incongruencias similares, y escandalosas, en los temas que hoy —sin hechos concretos de por medio— le restriega al nuevo poder: las libertades, el mercado, el manejo de las instituciones del Estado, la actitud ante la cosa pública. La derecha no tiene modelo. Tampoco rumbo. Ni líderes, pues Jaime Nebot hace muy pocas horas extras por fuera de la alcaldía de Guayaquil. Y Álvaro Noboa es más mirado, en los altos clubes sociales, como un obstáculo que como un apoyo. Por todo ello, esa derecha está siendo superada por los propios gremios empresariales cuyos dirigentes más lúcidos miran la llegada al poder de Rafael Correa como un efecto de su propio fracaso. Del fracaso de las élites. Hay ahí, en ciernes, un discurso que vuelve a concebir la política no como un instrumento utilitario sino como la expresión de un modelo integral de sociedad. Por eso la derecha, para erigirse en alternativa política, tendrá que fracturarse. La nueva derecha, que apenas emerge, tendrá que distanciarse, en forma irreconciliable, de los grupos que defienden el sistema mafioso y que militan, con denuedo, por el statu quo. En ese punto coinciden con Rafael Correa que, también en su orilla, tendrá que demostrar que es capaz de reinventar a la izquierda. Ruda tarea. Hasta ahora esa nueva derecha política no ha hecho, definitivamente, casa aparte. Y hasta que no la haga, la percepción que habrá en la opinión no variará: un bloque petrificado en el pasado, cautivo de prácticas corruptas, incapaz de pensar la contemporaneidad y sordo ante los vientos de cambio. Esa percepción, que se traduce en una adhesión casi religiosa a la Constituyente, funciona como una ola sobre la que se desliza sin esfuerzo alguno el Presidente. Así la oposición luce torpe y ciega al punto de convertirse en la mejor aliada de su principal adversario. No hay cómo extrañarse: la vieja derecha no hace política, sólo negocios. |
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