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La maternidad es una ganga a los 30 PDF Imprimir E-Mail
Revista Vanguardia   
martes, 13 de febrero de 2007

El país galo vive un boom demográfico. Los beneficios estatales convencen a las mujeres.

 

Si hay un lugar donde ser madre es un verdadero privilegio, ese es Francia. Mientras en los países en desarrollo se ejecutan políticas públicas diseñadas para bajar la tasa de fecundidad de las mujeres en edad reproductiva, los países ricos o industrializados, en cambio, buscan aumentar ese índice. Allá el decrecimiento es dramático desde finales de los 80. Y extrañamente, un país europeo está consiguiendo vencerlo: Francia.

El año pasado la nación gala obtuvo los mejores resultados de natalidad desde 1981. En cifras, los 830 900 nacimientos registrados en el 2006 (el 12 por ciento de madre extranjera) sitúan la tasa de fecundidad un poco por encima de dos hijos por mujer. Es la más alta de Europa. Pero este incremento no indica que las mujeres se animen antes a tener hijos ni que haya bodas.

El récord se debe a las mujeres mayores de 30 años. La fecundidad de este segmento lleva subiendo más de un decenio. En cambio la tasa de las más jóvenes está prácticamente estancada.

El aplazamiento de la maternidad se ve reflejado en el paulatino incremento de la edad media de las mujeres que deciden tener hijos: de 28,8 años en 1994 subió a 29,8 en el año pasado. Sin embargo, el aumento de la natalidad no significa que haya más matrimonios. El número de este tipo de uniones (274 400) celebradas el año pasado es el más bajo desde 1995, pese a que la población en edad de casarse ha ido aumentando.

El descenso ha sido la tónica en los últimos años. Si bien disminuyeron los matrimonios, en su lugar, crecieron los pactos civiles de solidaridad (Pacs). Esta es una figura legal a la cual se acogen principalmente las uniones de hecho, pero también sirve para otras formas de convivencia de tipo no marital. Menos bodas y más cohabitación, con o sin Pacs, explican que el alza de la fecundidad es cada vez más independiente de la nupcialidad.

El incremento de la fecundidad no sólo está amparado en el amor, atracción física o instintos maternales o paternales, sino que se sustenta en una agresiva campaña estatal colmada de beneficios en especial para la madre. Precisamente esos privilegios varían desde cuatro meses de sueldo por licencia de maternidad, niñeras y guarderías subsidiadas por el Estado hasta importantes descuentos fiscales. Así se puede quizás entender por qué Francia es el país europeo con mayor fertilidad.

La agencia BBC mostró un ejemplo para evidenciar mejor la situación. En su versión On line, cuenta el caso de Odile Rubli, quien tiene dos hijos nacidos en París. Para ayudarle a cuidarlos recibe del municipio donde vive 260 dólares al mes. De eso, destina el 40 por ciento para pagar a la niñera.

Además cuenta con el apoyo de un sistema preventivo de salud pública que se ocupa de monitorear el crecimiento de los niños que ahora tienen 10 meses y de dos años y medio. Cuando se casó Rubli, una maestra uruguaya, el Estado le devolvió dos tercios de los impuestos, privilegio que pasa a ser permanente después del tercer hijo.

Dominique de Legge, delegado interministerial para Asuntos de la Familia de Francia, asegura que desde hace 15 años se busca conciliar la vida profesional y la vida familiar. De allí que el Estado ofrece los incentivos. Las francesas tienen derecho a una licencia de maternidad con el pago de cuatro meses de sueldo o tres años de licencia sin sueldo, tras los cuales tienen garantizada su vuelta al trabajo, a su antiguo puesto o uno similar, si así lo desean, según refiere la nota de la BBC.

La explosión demográfica francesa no es una casualidad. Este fenómeno tiene detrás políticas iniciadas en los años 70 y desarrolladas a mediados de los 80, cuando la incorporación de la mujer al trabajo empezó a traducirse en un retroceso de los nacimientos. A diferencia de Alemania, donde la política gubernamental favorece a la mujer para que deje de trabajar y pueda ocuparse de los hijos, en Francia se incentiva la continuidad en el mercado laboral.

Ser ejecutiva de una empresa y tener hijos ya no es mal visto. Al contrario. Según la sociólogo Dominique Fischer, el ideal de las jóvenes francesas pasa por conseguir un buen trabajo a tiempo parcial, y traer dos o tres hijos al mundo. A juicio de Sylviane Giampino, sicoanalista y autora del libro ¿Son culpables las madres que trabajan? La novedad del nuevo siglo es que los hombres aceptan cada vez más su parte de responsabilidad. Las estadísticas lo confirman: dos tercios de los padres se acogen al permiso de paternidad.

Visto así, el secreto de convertirse en el segundo país con mayor población de Europa, luego de Alemania, no pasa precisamente porque Francia alberga a la capital del amor, la idílica París, sino por los privilegios de ser madre.