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Deuda: decisión correcta pero por la vía tortuosa PDF Imprimir E-Mail
Ramiro Crespo   
martes, 20 de febrero de 2007

Los anuncios del Gobierno benefician a los especuladores. El perjuicio es para el país porque se encarecen o se cierran los créditos.

 

Desde que Rafael Correa fue ministro de Economía de Alfredo Palacio ya hubo el problema del riesgo–país. Es la segunda vez que genera una abrupta alza del riesgo–país y volatilidad de la deuda. El Gobierno piensa que eso no importa y que reclaman quienes han perdido plata y desconoce que los especuladores ganan cuando el mercado sube y baja.

Para el especulador ha sido fácil asumir que la deuda va a bajar por el tipo de declaraciones que hacen Correa y Patiño. Y actúa: pide prestada deuda, por ejemplo 10 millones, la vende a 100, y cuando baja a 90, la recompra, la devuelve y se queda con un millón de utilidad. Por eso el Financial Times dice que este Gobierno ha sido la diversión de los especuladores.

El ministro Patiño dice que no pagará a menos que tenga dinero después de cumplir la deuda social –que por definición, es ilimitada–. Y habla de deudas ilegítimas, provocando volatilidad.

Hasta antes de decidir que sí pagará, no tomó en cuenta que ya se retiraron o encarecieron líneas de financiamiento exterior que tenían la CFN y los bancos. Tampoco, que hay 6 300 millones de endeudamiento directo del sector privado en el exterior. Ni que en dolarización el mercado financiero para el país es el mercado mundial.

Con esos anuncios se fractura esa conexión y se pasa a depender más de la banca local. Pero como hay más demanda de dinero, éste se encarece. Eso no les ha importado, al fin y al cabo “es el sector privado”. Se dice que el riesgo–país no importa, sino la salud de la gente. Pero eso es como decir que la fiebre no importa sino que el cuerpo esté sano. No se ve el síntoma de una infección, lo cual sí toma en cuenta el inversionista y por eso no se acerca al enfermo.

El resultado es que hay menos dinero, sube el costo de la producción, las empresas se vuelven menos competitivas y resulta una cadena: hay menos ventas, por tanto, hay menos crecimiento, menos empleo, menos impuestos... Si las empresas ya tienen otros costos que les restan competitividad (transporte, por ejemplo), un problema fácil de solucionar debiera ser el costo del dinero; basta reducir el riesgo–país.

Al pagar, se ha llegado a una decisión correcta, pero siguiendo una vía tortuosa. Pudimos simplificar el camino en el cual se han enriquecido los especuladores y han perdido los inversionistas de largo plazo. Se ha atacado al mercado de largo plazo trabajosamente construido y favorecido la especulación. Hemos antagonizado a bancos de inversión que nos visitaron, a los cuales el Ministro recibió mal.

¿Por qué finalmente se pagó? Después de la crisis argentina se creó un mercado internacional de seguros de crédito: hubo tenedores de deuda que compraban protección, pagando una prima. En ese mercado Venezuela es muy importante como vendedor, confiando en que las probabilidades de un siniestro, de un default y de devolver lo asegurado, son pocas.

Coincidió con la la visita de la misión argentina al país de hace unas semanas, cuando dijeron al Gobierno que Argentina no pagó porque no pudo, no porque no quiso, la visita de uno de los hombres de confianza de Chávez: Nelson Meréntez. Seguramente para pedir que Ecuador pague, porque si dejaba de pagar Venezuela corría el riesgo que se cobren los seguros por alrededor de 2,3 millardos, conviertiéndose en el más fuerte acreedor de Ecuador y tenedor de ‘bonos basura’. Seguramente Venezuela advirtió que no iba a prestar 1 000 millones que había ofrecido, pues estos facilitarían un default por parte de Ecuador que no convenía a Venezuela.

Acaso por eso, bajó el tono el Ministro, quien dijo repentinamente que habría una reestructuración amigable. El menor costo para Venezuela era que Ecuador pague. Ahora, hecho el daño, se debiera contratar a profesionales, como hizo Argentina, para una reestructuración amigable y eliminar la incertidumbre dañina. El problema puede ser que, mientras los tenedores estén asegurados, no tengan interés en ninguna reestructuración porque pueden recuperar el valor total cobrando el seguro.