REVISTA VANGUARDIA
Irán el próximo polvorín de Oriente
| Irán el próximo polvorín de Oriente |
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| Revista Vanguardia | |
| martes, 27 de febrero de 2007 | |
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La ONU, la Unión Europea y EE .UU. no saben cómo obligar a Irán a dejar su programa nuclear. Irán se muestra inquebrantable. De nada ha servido un año de negociaciones. El régimen de los ayatolas no detuvo su programa de enriquecimiento de uranio tal como la comunidad internacional se lo exigió. Por el contrario, lo incrementó. Y el mundo mira con estupor los visos de lo que parece pintar como un nuevo conflicto bélico en Oriente Medio. Tal parece que las sanciones contra Irán no hacen mella. Esta nación dice defender sus derechos. “Y nadie en el mundo puede privarlo”, aseguró el presidente Mahmud Ahmadiyenad, el mismo día en que se hacía oficial el informe del Organismo Internacional para la Energía Atómica (OIEA). El documento de seis páginas da cuenta de que Irán no ha suspendido sus actividades relacionadas con el enriquecimiento, y además ha continuado con la construcción de una planta de enriquecimiento de combustible Natanz. En su parte más importante se señala que el gobierno iraní tiene la intención de instalar 3 000 máquinas centrífugas en los próximos meses para fijar las bases de una producción de combustible a escala industrial que contará con 54 000 de estas. De momento ha instalado dos redes de 164 centrífugas. Para que viole la normativa del tratado de no proliferación de armas nucleares, se necesita que supere las 500 máquinas. Situación que, como está visto, ocurrirá. Dicho de otra forma, Irán está interesado en mejorar la calidad de uranio para utilizarlo como fuente de energía. Allí nacen las dudas. Para eso se necesita una pureza del 4 por ciento, pero ellos tienen previsto instalar una capacidad superior a la que se requiere para los fines civiles que alega. Para que el uranio sea usado con fines nucleares o militares necesita una pureza del 90 por ciento. La OIEA y EE.UU. sospechan que las verdaderas intenciones son hacerse de armas nucleares. Hay contradicciones en Irán. Por un lado colabora con la OIEA, y por otro frustra las inspecciones y prohibe la vigilancia de sus instalaciones subterráneas. Para Ahmadineyad, el asunto nuclear iraní es una prueba para dar a conocer y a discernir quienes respetan la ley y quienes son imperialistas. “Lamentablemente, las potencias arrogantes –sostiene– quieren para sí todo lo bueno, las bendiciones, los conocimientos y el poder, y no quieren que la nación iraní explote completamente la energía atómica”. Aunque el presidente de Irán no tiene la última palabra en cuanto a temas nucleares, su postura es respaldada por el líder supremo ayatola, Ali Jamenei, quien también ha dicho que Irán seguirá con su programa nuclear. Las reacciones no se han hecho esperar. Desde la Casa Blanca se habla de un estado de decepción. Tom Casey, jefe del Departamento de Estado, subrayó que la posición de EE.UU. es que el Consejo de Seguridad debe reunirse para impulsar nuevas medidas que vayan más lejos que las sanciones aprobadas en diciembre pasado. La misma Condoleezza Rice, secretaria de Estado, advierte con bloqueos. Ni qué decir del secretario general de la ONU, Ban Ki Moon. Pero de momento no hay más que eso. Y es que pareciera ser que no hay respuesta firme y contundente que haga variar a Irán su postura. La lectura es que este país desafía a la ONU y a Occidente. No acepta condiciones. “La justicia exige que aquellos que quieren conversar con nosotros –advirtió el presidente iraní– cierren también su programa del ciclo de combustible nuclear. Entonces, podemos tener un diálogo en un ambiente justo”. La revelación del informe de la OIEA no pudo haber llegado en el peor momento de las relaciones estadounidense- iraníes. Justo cuando una publicación de la BBC establece un plan oculto de George W. Bush para atacar Irán, el Pentágono salió al paso de inmediato para aclarar que la llegada de un portaviones Steenis al Golfo Pérsico era para apoyar las acciones de sus efectivos en Afganistán e Iraq. Situación que fue aprovechada por Teherán para exigir la retirada de los estadounidenses. La salida militar sería desastrosa. Lo dicen los mismos funcionarios de la ONU y hasta el primer ministro británico, Tony Blair, quien descartó que EE.UU. tenga un plan bélico. “Irán no es Iraq. No creo que fuera lo correcto emprender una acción militar”. Pero como está visto, al menos en Oriente Medio, lo correcto pasó por los intereses económicos y la necesidad de mantener el liderazgo en una región. ¿Qué hacer con Teherán? Es la pregunta que de momento no tiene respuesta. La tensión en Estados Unidos por este tema crece. El gobierno de Bush exige a los europeos que limiten las transacciones comerciales y financieras con Irán, pero esa actitud no encuentra apoyo. Israel ya ha anunciado su postura: si Estados Unidos no actúa, ellos lo harán. De hecho, tienen un plan para atacar instalaciones iraníes, informó el Sunday Times de Londres. Un ataque a Irán traería serias consecuencias en la región y en Europa, no tanto por el poderío militar, sino por reacciones terroristas. Allí está el origen del dolor de cabeza. |








