REVISTA VANGUARDIA
El verbo venerado por los políticos es sucumbir
| El verbo venerado por los políticos es sucumbir |
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| José Hernández | |
| martes, 27 de febrero de 2007 | |
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Los políticos en vez de guiar, ceden ante tropas de militantes que buscan cargos y negocios. O de electores que quieren más y más promesas. El misterio: ¿Por qué la clase política no cambia? ¿Por qué habla un doble lenguaje? ¿Por qué la política termina convirtiendo a los outsiders en más de lo mismo? ¿Por qué el país vuelve políticamente a las mismas prácticas? ¿Por qué historiadores y observadores, incluidos extranjeros distantes en el tiempo como Friedrich Hassaurek y Robert Norris, llevan a la misma conclusión: que Ecuador se repite y gira sobre el mismo eje? Estas últimas semanas han sido pródigas en pruebas: Noboa sólo entiende la política como la continuación de sus intereses por otros medios. Gutiérrez juega en cualquier mesa y sin mediar principios ni ideología se alza siempre con la apuesta. La izquierda, la vieja, quisiera, por apego dogmático, que el país viera en un dictador como Hugo Chávez al nuevo mesías. Y hasta partidos como la UDC, supuestamente más ideológicos y coherentes, aceptan que sus diputados digan una cosa y hagan lo contrario. La política es el arte de la disimulación. A Rafael Correa nadie sensato lo criticaría por llegar a acuerdos y comunicárselos al país. Pero una cosa es lo que afirma el Presidente ante los micrófonos y otra lo que hace o pide hacer a su Ministro de Gobierno. ¿Hay diferencias con los políticos que critica cuando impone en el Banco Nacional de Fomento a un candidato cuestionado? ¿Hay lógica cuando unas veces amenaza con romper la ley (crear un tribunal ad hoc) y otras evoca la ley (terna del Contralor) para poner en ese organismo de control a un íntimo de Lucio Gutiérrez? No, no hay lógica ni coherencia. No hay transparencia. La política criolla es el arte de la sobrevivencia en un sistema en el cual los políticos dicen —en privado— no entender ni aprobar. En privado hay líderes del establecimiento que no aprueban la Asamblea. Los hay en Guayaquil, en Quito… Pero en público hacen parte de sus fanáticos. ¿Cómo lo justifican en privado? Por los sondeos. Por la popularidad del Presidente. Porque por ahí va la gente... En privado esos líderes dicen estar de acuerdo con sacar las manos de los organismos de control y, claro, eso también dicen en público. Pero en privado agregan que es imposible hacerlo porque en su partido se matan por un cargo. Porque un cargo es poder, plata, carros, guardaespaldas, canonjías… y más cargos. Eso es la política para los políticos. Y lo es igual si se es del PSC, de la ID, del PSP, del Prian o de Alianza País. ¿Acaso no ha habido tomas de edificios públicos por parte de simpatizantes correístas que, tras la victoria, también quieren su parte? En privado hay líderes que saben y dicen que su sistema político produce populismo, pobreza, corrupción… Saben y dicen que en sus partidos hay dirigentes cuyas cuentas bancarias crecen en forma inexplicable. En público los defienden porque si no lo hacen temen la desbandada. Y con desbandada no hay organización, se quedan sin militantes y sin ellos se desvanece su poder y su influencia. Entonces, ¿qué hacen esos líderes? Sucumbir. Tragarse sus palabras. Vivir con la mugre. Socaparla. Y, claro, compartir la cohorte de políticos que pasan de partido en partido siguiendo al mejor postor. Tanto despropósito no parece humano y usurpa las ganas de mirarse al espejo. Por ello esos líderes perfeccionan la retórica. Esgrimen principios donde es ajena la ética y con gestos dramáticos patean el balón para delante. Un día —dicen— un día —no saben ni cómo ni cuándo, no dicen en qué circunstancias ni por qué— su partido será lo que dicen haber anhelado siempre: un partido de valores y de ideas. Entretanto componen con un país que dicen no poder cambiar y ante el cual su única misión es sucumbir. Seguir esa tropa, de militantes o electores, que quieren cargos y negocios o promesas, más promesas. ¿Correa sigue esa ruta? Hay señales inquietantes. Su proyecto reposa en él (¿qué es el caudillismo?), en los subsidios (¿qué es el populismo?), no tiene un partido formado en otra escuela, maneja el doble lenguaje y su estilo para acordar, lejos de anclarse en la razón, lo deja al azar: eso es la Asamblea Constituyente de plenos poderes. |









