REVISTA VANGUARDIA
Sueño húmedo
| Sueño húmedo |
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| Martha Ormaza | |
| martes, 06 de marzo de 2007 | |
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En tangas mínimas, felices, cantaban y chapoteaban los funcionarios públicos en una alberca. una versión acuática del infierno. Esta mañana me despertó, abrupto, el ruido infernal de la alarma de seguridad de una casa vecina. No tuve ni cielo ni tierra por largos minutos. En plena fase REM, fui arranchada con violencia de mi sueño. Su frágil recuerdo, me dejó contradictorios sabores de boca. No sabía bien si se había tratado de un sueño erótico o de una pesadilla dantesca. Fue una experiencia interior, en absoluto, nueva. Íncubo y Súcubo se burlaron de mí al poner en mi inconsciente una inmensa piscina de cristal con agua purísima, en que hermosos delfines blancos nadaban junto a los hombres, cuyos semblantes se apoderan de nuestro inconsciente colectivo con su persistente presencia: los políticos. Si hubiese estado con los míticos cetáceos sólo el Presidente, habría sido un sueño erótico o, al menos, un spot publicitario de un dentífrico, por su intensa y constante sonrisa (aunque, con sinceridad, no sé de qué se ríe) Pero por desgracia, no fue así. Congresistas, ministros y más funcionarios públicos en tangas mínimas, cada uno más antiestético que el otro, me llevaron al pánico. A la cabeza de los nadadores, Trajano Andrade, con su tono de piel verde Manabí, que parecía compartir el ADN con el tierno E.T. Genial creación de Carlo Rambaldi para el cine de ciencia ficción. Lugo, Manuel Martínez, con su bigote de integrante de mariachi, que dirigía la coreografía de nado sincronizado de su gabinete de niños del Innfa. Nuestro Elliot Ness criollo, el fiscal Vanegas, que no dejaba su clásico sombrero y tampoco sus lentillas ni debajo del agua. Estas presencias ya agitaron mi sueño. Volvió la bella visión cuando Correa braceaba cadente en estilo libre. Sentí que mis sábanas se volvían de seda. De golpe, se rompió mi embeleso con la irrupción en primer plano del abdomen del diputado Bravo que chapoteaba con una sola mano, porque con la otra mantenía fuera del agua una bolsa de mote con chicharrón. Detrás de tan preciado platillo de la culinaria vernácula venían Pocho Harb, y el legislador Serrano entre otros honorables de evidente sobrepeso que ya no pude distinguir. Me desperté en un sobresalto, pero, de modo imprevisible, me reconcilié con mi almohada casi de inmediato, para seguir en mi nada calmo mundo onírico. Una barriguita algo más sexy me mostró el ministro Patiño que, entre burbujas, cantaba y bailaba, con toda el alma, un aire no tan típico, el tecno-cachullapi, cuyo ritmo marcaba con gracia con los hombros y que con su influencia, estaba ya en el top ten de la música radial. Reflexioné, en mi ensueño, que el país está en manos de un gabinete itinerante y festivo que se instala para cumplir con sus obligaciones donde el calendario de festejos nacionales lo ordene. Me pregunté también, si después de poco, nos encontraremos bailando un joropo-rap gracias al influjo de los compases bolivarianos. Hizo mi lente un zoom in a la boca del cantante. Reparé en sus dientes centrales superiores separados. Detalle que le da un cierto encanto infantil. Una conocida odontóloga me aseguró hace tiempo, que esta separación dental se debe a un largo período de lactancia materna. ¡Qué ternurita! me provocó nuestra economía. Al diputado Larreátegui, no le sobraba ni un centímetro de grasa. Su distinguida calvicie podría volverlo hasta interesante, reparé. Pero lo que no tiene tampoco es ni un centímetro de gracia. Sentí pena. Estaba muy solo. Lo dejaron en un ángulo perdido de la cristalina alberca, como cuando lo abandonaron en la sesión en la que se decidió sobre la Consulta Popular. Respetables entradas también dan personalidad al ministro Larrea, que nada más flotaba para calmar las aguas. Estaba tanto en sí, en sus ideas, con largas bermudas asexuadas, barrera de celibato entre él y yo. Con la energía de un nadador olímpico sorteaba el H2O el ministro de Energía. Estaba, sin rodeos, muy bien. De lo más apetecible del acuario. Lo malo del Betín Acosta es que tiene una esposa tan adorable, que logra espantar los malos pensamientos hasta en sueños. Súbita, una visión terrorífica me paralizó. El diputado Almeida que, con su característica voz de mando, expulsada desde sus inconmensurables cachetes, comandaba un escuadrón de hombres rana del PSP, con idéntica morfología facial. Cientos de ellos, acuatizaron para apoderarse del líquido vital. Abrieron espacio y cupo uno más. Desde un tablero muy alto, con pantaloncillos retro y mascarilla para snorkel se botó el Contralor. Provocó una gran ola. Era una nueva versión del infierno que ya no vivía desde fuera. Estaba a punto de asfixiarme en el mítico aljibe. Correa, en un viril clavado de pecho, se lanzó para salvarme. A punto del abrazo, sonó la sirena que me despertó de este alarmante sueño húmedo. |








