REVISTA VANGUARDIA
El Gobierno frena la modernización de FF.AA.
| El Gobierno frena la modernización de FF.AA. |
|
|
|
| Bertha García | |
| martes, 06 de marzo de 2007 | |
|
El manejo de las Fuerzas Armadas se basa en conceptos arcaicos: el desarrollo social. Hay evidencias del uso político de los militares. Con las declaraciones que hizo últimamente el presidente Correa, respecto a que las Fuerzas Armadas debieran dedicarse a actividades de desarrollo social, quedan más claros los propósitos del Gobierno hacia ese sector. Y esto ya avizora algunos problemas. En primer lugar, no están claras las percepciones del Presidente. Él habla de que en tiempos de paz, las Fuerzas Armadas deben dedicarse a otras actividades no militares, como la del desarrollo social. Esto, de alguna manera, es un contrasentido con las condiciones de empleo de un Ejército profesional, que siempre deberá estar alerta ante su misión fundamental: la defensa, que implica medidas de prevención contra cualquier amenaza que pueda influir negativamente en el Estado y en sus relaciones con otros estados. Considerar operaciones de tiempos de paz y operaciones de tiempos de guerra para lo que tienen que hacer las Fuerzas Armadas tampoco es pertinente. Esa distinción no cabe, porque deben estar dedicadas a su entrenamiento constante. En segundo lugar, querer dedicar las Fuerzas Armadas a asuntos sociales nos lleva una discusión que ha estado muy vigente en los últimos años: ¿deben los militares dedicarse a temas de desarrollo? Hay un consenso en toda Latinoamérica y el mundo de que eso no puede ser. Los militares profesionales no necesitan recalcar este tipo de misiones como algo especial y adicional a los asuntos de defensa. Eso está dentro de la misma planificación militar. Desde la segunda mitad del siglo 20, las Fuerzas Armadas han tenido una operación que se llama acción cívica, que significa dar apoyo a las poblaciones civiles en asuntos emergentes. Y en los ejércitos modernos, esa no es una operación ajena a lo militar y a la defensa, sino que está dentro de sus propias operaciones. Las funciones emergentes de las Fuerzas Armadas no pueden pasar a ser permanentes. Se supone que las pueden ejecutar cuando otras instituciones del Estado no las realizan por alguna razón: inaccesibilidad o cuando rebasan sus posibilidades como en los deslaves, inundaciones, terremotos. Esta misión de contribuir al desarrollo social y económico del país fue consagrada por las dictaduras militares, con la idea de ocupar el territorio y la sociedad, y con una connotación política e ideológica: la lucha internacional contra el comunismo. La idea de la acción cívica y de desarrollo en nuestro país ha llevado a distorsiones muy severas de las Fuerzas Armadas. Han intervenido en campos que no les corresponden, como el empresarial, lo cual ha desdibujado completamente lo que es un Ejército moderno. Las ha politizado y corre el riesgo de convertirlas en un poder económico competitivo, que destruiría sus condiciones de disciplina y subordinación. No sé si el presidente Correa quería impulsar un proceso de modernización de las Fuerzas Armadas, marcando un verdadero cambio. El nombramiento de un civil en el Ministerio de Defensa fue un gesto esperanzador. Sin embargo, volver a recurrir a las Fuerzas Armadas para asuntos y programas de Gobierno, es un uso político y una tergiversación de su misión, además de un frenazo a su modernización. Estamos ante una concepción muy atrasada de lo que es el empleo de las fuerzas militares. Es claro que el Gobierno las quiere usar para fines políticos –el decreto de emergencia vial en el país, por ejemplo–, al querer construir programas de gobierno que son tangibles, coyunturales, sin tomar en cuenta las consecuencias que se pueden dar, especialmente cuando el país va a estar inmerso en procesos político-electorales. La idea de que con el concurso del Cuerpo de Ingenieros del Ejército se puede ahorrar recursos es equivocada. Más bien esto muestra la debilidad del estado social de derecho, que ha sido incapaz de ejecutar programas gubernamentales dando cabida a corporaciones civiles. Eso no es todo: el que lo hagan los militares también traerá consecuencias en la economía, porque se perderá la oportunidad de generar empleo (los conscriptos harán el trabajo) y se limitará la fiscalización y no habrá rendición de cuentas. |








