INICIO arrow REVISTA VANGUARDIA arrow Los radicales están quedándose solos arrow arrow arrow
Los radicales están quedándose solos PDF Imprimir E-Mail
Revista Vanguardia   
martes, 06 de marzo de 2007

El Gobierno no se embarca en el extremismo de los grupos sociales. Ellos pelean su espacio.

 

 Ni el Gobierno, que se declaró socialista del siglo 21, ni los partidos de izquierda los necesitan.

Los movimientos sociales radicales de esa tendencia están solos y en una encrucijada. Si no logran apoyo a su propuesta para la Constituyente corren el riesgo de sufrir un golpe que los debilitaría seriamente y los haría retroceder más en su lucha social.

Ese escenario es el que llevó a organizaciones tan diversas como la Conaie, Feine, Pachakutik, Cordinadora de Movimientos Sociales, Gente Común, Cedocut, Pueblos Afroecuatorianos, microempresarios –son 40 de Quito y Guayaquil– a unirse bajo el nombre Somos Poder Constituyente, y trabajar en una propuesta común. Por ahora se trata de un plan con seis puntos que aspiran a que sean recogidos, sobre todo, por Alianza País. Una aspiración que sólo es eso, ya que la agrupación que apoyó en la campaña a Rafael Correa, tiene todas las de ganar: un Presidente con una alta popularidad que bordea el 80 por ciento y que está al frente de la campaña por la asamblea, y los programas sociales que se están impulsando desde el Gobierno, cuyos resultados se pueden recoger en forma de votos a favor del régimen.

De hecho, el poco contacto que tenía el Gobierno con estos grupos está cortado desde el 13 de febrero. Ese día, militantes de esas agrupaciones participaron en las marchas al Congreso, para exigir la convocatoria a la consulta popular, y entregaron su propuesta de estatuto. Esta no se tomó en cuenta.

Marco Murillo, presidente de los indígenas evangélicos, dijo a Vanguardia, que ese ha sido un error político del Gobierno. Sin embargo, no lo considera tan serio como para distanciarlos definitivamente. De hecho lo miran como algo circunstancial que esperan se corrija, dado que ellos lo han apoyado desde la campaña electoral.

Pero la decisión del Gobierno parece estar amparada en una realidad que esos mismos grupos saben, pero que prefieren no admitir públicamente: el otrora poder de los indígenas, agrupados en la Conaie y la Feine, está diezmado.

Los resultados de las elecciones de octubre demuestran que todavía no han podido recuperar a las bases que perdieron con la política de los picos y de las palas que mantuvo Lucio Gutiérrez durante su régimen. Y tampoco del desgaste de participar directamente en una administración, concretamente en el caso de Pachakutik y la Conaie.

Rammses Torres, jefe de bloque de Pachakutik, encuentra otro par de acciones, errores a sus ojos, en los cuales ha incurrido Correa: el incumplimiento de su oferta de nombrar a los funcionarios según sus méritos y no haber garantizado la representación directa de los pueblos y nacionalidades indígenas, en la constituyente. Pero insiste en que eso no puede ser un impedimiento para armar las listas para asambleístas de manera fraterna y común. Lograrlo, dice, es vital, porque si se pierde esta oportunidad, no sólo se afectará a estos grupos, sino que la revolución social que reclama el país, difícilmente se haría de forma democrática.

Eduardo Delgado, de Gente Común, también se muestra preocupado por los cambios que se pudieran lograr. De hecho, él considera que se pierde un tiempo valioso frente a Lucio Gutiérrez que está en campaña desde hace varias semanas. Y que además se pierde la credibilidad, porque el presidente Correa no ha tomado decisiones concretas y rápidas en temas donde, dice, creían que había un acuerdo: la renegociación de contratos petroleros, caducidad del contrato a Petrobras y nombramiento de gente nueva en puestos clave.

Nombra los casos del recién electo superintendente de Telecomunicaciones: Paúl Rojas, propietario de la empresa Advicom, proveedora de equipos y ligado a los radiodifusores.

Según dice, su presencia es para echar tierra a un informe que pide la reversión al Estado de 800 frecuencias de radio dadas ilegalmente a diputados y ex diputados. A Jaime Guerrero, quien también integraba la terna para ocupar ese cargo, lo acusa de entregar la banda 1 900 MW para las móviles Porta y Movistar sin licitación. Además, menciona que tiene una denuncia, hecha por Efraín Machado, por coima para tramitar una frecuencia en FM. O los de las filiales de Petroecuador donde, dice, está la gente que ha colaborado en los gobiernos de Durán Ballén, Noboa, Mahuad y Bucaram. Y menciona a Mario Sánchez, Pedro Freire, Miguel Montalvo, entre otros.

¿Qué quieren estos grupos? Su política está muy clara y se resume en seis puntos: recuperación de la soberanía nacional y popular, el cambio de modelo económico, una democracia real, una reforma social, un cambio cultural y la unidad latinoamericana y andina.

De hecho en el documento base que tienen listo habla de un Estado dueño de los recursos naturales: agua, petróleo, minas, biodiversidad. Es decir, quieren recuperar y nacionalizar estos espacios, así como los puertos, aeropuertos, carreteras, telefonía, electricidad, salud y educación. Y con base en ello sugieren que el Estado se reserve la exclusividad de la actividad petrolera, energética, de telecomunicaciones.

Para este grupo, lograr esto implicaría terminar con el Estado viejo. Y para dar un giro en la política quieren declarar que el Ecuador es un Estado democrático y social de derecho y de justicia, donde ningún tratado internacional esté sobre la Constitución.

En su visión, el cambio implica otra cultura y nuevos valores. Es salir –dice el documento– del consumismo, donde priman el individualismo, el éxito personal, la competencia y donde los mall son los templos del consumo, e ir a la igualdad, el humanismo, la reciprocidad, el pleno respeto a los DD.HH.

El MPD no se ha sumado a este sector. Aunque Ciro Guzmán, director nacional del partido, está abierto a un entendimiento con esas organizaciones, pide que cada uno se ubique en el espacio que le corresponde. Él no cree que los representantes de esos grupos puedan reclamar encabezar listas, cuando no tienen estructura ni base organizativa. Por ello no descartan correr por su cuenta. A su haber tienen estructura, experiencia en campañas y votación cautiva en ciertos segmentos.

Además, tienen claro que si no logran una mayoría en la asamblea constituyente aún les queda el referendo de ratificación, donde pueden intentar frenar una constitución que les resulte adversa.

Este partido, que está a favor del Gobierno y que ve en Rafael Correa a un político que está impulsando cambios reales, dice estar dispuesto a dialogar con Alianza País, los socialistas y Pachakutik. Y también dice que los ejes de su propuesta son dos: recuperar la soberanía, que implica poner fin al tutelaje extranjero, y limitar las desigualdades sociales. Propuestas comunes pero que aún no van por la misma ruta.