REVISTA VANGUARDIA
Guayaquil es un polvorín para el presidente Correa
| Guayaquil es un polvorín para el presidente Correa |
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| José Hernández | |
| martes, 06 de marzo de 2007 | |
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El Ejecutivo quizá no ha medido las repercusiones que han tenido en el Puerto sus últimas movidas. Pero las fuerzas vivas no cederán...
Se sabe que en las dos hipótesis, el alcalde Jaime Nebot y las fuerzas vivas se opondrían y que él lideraría una oposición regional sin contemplaciones. ¿Hasta dónde? Hasta las últimas consecuencias, dicen en la Alcaldía guayaquileña. Y esa amenaza no parece un eufemismo. El Presidente no ha medido, seguramente, la repercusión que han tenido en su ciudad sus últimas movidas. Una cosa son las acusaciones que pueda formular contra élites que, por acción u omisión, han socapado prácticas corruptas y amparado un modelo inequitativo. Otra cosa son los procesos inherentes de cada región. Y en Guayaquil se tiene la impresión de que el presidente Correa pretende prescindir de sus instituciones sin otra forma de juicio que sus arrebatos electorales. ¿Cómo se entienden, por otro lado, los parámetros que utiliza para amparar sus decisiones? En campaña se opuso a la provincialización de Santa Elena. Ahora dice lo mismo pero agrega que se someterá a la voluntad popular. ¿A cuál voluntad? ¿La de 230 000 votantes en Santa Elena o a la de más de dos millones en toda la provincia del Guayas? ¿O basta con que un cantón, cualquier cantón, diga que quiere hacerse provincia para que el Presidente tramite su voluntad? Correa abre así la puerta a una dispersión nacional en un momento en el cual el país necesita llegar a un acuerdo sobre un nuevo modelo político-administrativo. Un modelo que pulverice el centralismo y el bicentralismo y asegure la sostenibilidad económica y de oportunidades para cada región. O provincia. Ese debate requiere ponderación y visión. El Presidente, lejos de ubicarlo bajo esos paraguas, lo está impulsando bajo la teoría de los hechos cumplidos; hechos que le dan réditos políticos. Los resultados, en ese caso, serán seguramente peores que los diagnósticos. Y entretanto se avivan expectativas y viejos pasivos entre regiones debilitando, aún más, los frágiles equilibrios nacionales. Así han procedido algunos viejos caudillos que, gracias a sus muñequeos políticos, han multiplicado, sin proyecto alguno de conjunto, cantones y parroquias. El Presidente prometió cambios pero en este punto lo que hace es reproducir una política nefasta. Ahora tras el mito de la Asamblea, crea uno nuevo: el de la provincialización. Y si sabe que ese mecanismo no soluciona los problemas, su rol, como Primer Mandatario, es incidir en nuevas visiones, no en alentar las añejas. Guayaquil metió en la agenda nacional el tema de las autonomías. Y Jaime Nebot la volvió un concepto cotidiano de su gobierno local (autonomía al andar). Es más: Guayaquil ha tenido que responder críticas por esa actitud en la cual algunos han visto un proyecto aislado del destino de las demás provincias. No obsta: esa ciudad tiene un peso específico que refleja, a su vez, la incidencia de los gobiernos locales en la vida de la nación. Lo mismo se puede decir de Quito, Cuenca, Loja, Cotacachi... Es esa la dinámica (por polémica que parezca al Presidente) que defienden los guayaquileños que se reconocen entre las fuerzas vivas. Y en ella se basarán para encarar su relación con la administración Correa y con la Asamblea Constituyente. Lo mismo puede ocurrir en Pichincha si el régimen, como ya hizo saber, quiere impulsar la provincialización de Santo Domingo. Esto significa dos cosas: que las realidades político— administrativas contienen una alta carga explosiva. Y que el Presidente —con el debido perdón— no se puede conducir frente a ellas como elefante en almacén de cristalería. |








