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Página 1 de 2 El alcalde Nebot y las Fuerzas Vivas no cederán. Vanguardia muestra cómo quedan los actores de este choque del Presidente con Guayaquil.
El presidente Rafael Correa prosigue su obra de de–construcción: ataca y cuestiona a los poderes establecidos. Es una estrategia que, en el corto plazo, la opinión pública aplaude. Es lo que dejan ver los distintos sondeos, pues su porcentaje de popularidad bordea el 80 por ciento.
La última jugada (abrir fuegos contra las dirigencias guayaquileñas) no ha sido medida. Pero el efecto no acaba de remecer a actores políticos y empresariales, instalados desde hace décadas, en posiciones estelares. Correa los confronta en su terreno. Y hasta cierto punto muestra los límites y las inconsistencias de sus acciones (en esto Guayaquil no tiene monopolio alguno).
Para hacerlo se abrió más frentes, desafió al alcalde más popular del país y dio paso a una figura (la provincialización) que caotiza más al Estado y que no resuelve los problemas de la población. Él lo sabe, pero está en campaña.
En ese contexto, su movida tiene efectos colaterales que van más allá del mero reacomodo electoral: pone en jaque a los partidos políticos, cuestiona el modelo de administración socialcristiano, instalado hace más de una década, y pone en evidencia la desidia de ciertas élites. Pero al arremeter en bloque contra los proyectos que Guayaquil y la región han venido construyendo, el Presidente de la República prendió una vaca loca que le será difícil controlar. Vanguardia puede afirmar que si el Gobierno mantiene sus posiciones y desconoce los puntos señalados por las fuerzas vivas de Guayaquil, Jaime Nebot liderará una oposición sin cuartel. Las formas y los tiempos serán definidos a su regreso esta semana. EL PRESIDENTE El enfrentamiento le da la iniciativa política La segunda naturaleza de Rafael Correa es el enfrentamiento. Esta vez lanzó un misil sobre las dirigencias guayaquileñas.
No sólo las criticó en su intervención del sábado 24 de febrero en la cadena radial. Las insultó e invirtió –no se sabe por cuánto tiempo– los términos de la relación que esas fuerzas habían establecido con el poder central.
Correa les dijo, de muchas formas, que no lo van a someter. Y, de paso, les recordó –como si hiciese falta– que hubo un cambio en el país, que su revolución ciudadana es irreversible y que en Carondelet hay un Presidente que no les teme. En una palabra, les dijo que se siente dueño de la iniciativa política y que no la piensa perder.
El Primer Mandatario fue mucho más lejos: desconoció la representatividad de esas fuerzas y, haciendo un juego de palabras, dijo cosas que todavía se deben repetir en el Club la Unión y el Bankers Club de Guayaquil: que muchos de los problemas de Guayas los han generado las mafias políticas, muchas de las cuales, dijo, firmaron el comunicado de siete puntos que dio lugar al enfrentamiento… El ministro de Gobierno, Gustavo Larrea, quien sí tiene polo a tierra, voló para morigerar los propósitos del Presidente. Habló de una broma.
El Presidente no parece haberlo oído porque a lo largo de la semana pasada, mantuvo los ataques y subió el nivel de virulencia: dijo que era Presidente de los ecuatorianos y no era presidente del Club La Unión de Guayaquil. Calificó a las fuerzas vivas de prepotentes. Les recordó que desfilaron con crespones negros y que defendieron a quienes destrozaron la empresa eléctrica de la ciudad. Les preguntó cuántos diputados de la península de Santa Elena tiene la provincia del Guayas y cuántos recursos del Consejo Provincial van a los cantones peninsulares.
El gobernador, Camilo Samán, lejos de apaciguar las aguas, las agitó: dijo que esas fuerzas han gobernando veinte años y que no pueden declararse ignorantes de lo que ha ocurrido en Pacifictel, la Categ, la CAE… Correa no hizo, entonces, una broma.
Esa es su política frente a los grupos tradicionales de poder. Y no hay señales de que dará marcha atrás. ¿Por qué habría de hacerlo si la opinión que auscultan los sondeos dice que su índice de popularidad rebasa 80 por ciento? JAIME NEBOT El Alcalde irá hasta las últimas consecuencias ¿El Alcalde de Guayaquil es un damnificado del enfrentamiento con Rafael Correa? O, por el contrario, ¿la polarización entre defensores de Guayaquil y el Gobierno lo beneficia? Jaime Nebot trazó hace tiempo una línea para evitar el desgaste político que implican las guerras verbales y políticas. Pero esta vez Correa lo ha ido a buscar en su terreno. Es ahí, en efecto, donde en calidad de alcalde, lideró la elaboración del documento de las fuerzas vivas de Guayaquil. Un pliego de siete demandas en las cuales las cámaras, la Iglesia, universidades, colegios de profesionales, grupos del voluntariado, etc. trazaron la cancha al Presidente en Guayaquil y Guayas pero advirtiéndole que no querían entrar en pugna con nadie.
¿Qué le dijeron? No al cercenamiento de Guayas, no a que la Subsecretaría de Pesca sea trasladada a Manabí, no a la centralización de la Digmer (Dirección General de la Marina Mercante y del Litoral), no a retirar al Consejo provincial la vía hacia la península de Santa Elena... También pidieron más rentas para la Universidad de Guayaquil, la inclusión en el presupuesto y sin recorte de las rentas a los organismos seccionales, una solución urgente para la energía en Guayaquil...
A Nebot y a las fuerzas vivas se les llenó la copa la decisión del Presidente de apoyar la creación de la provincia 23, la de Santa Elena. Todos consideraron que estaba mostrando su voluntad de desmembrar Guayas y de privarla de su riqueza turística y pesquera. La contrariedad pasaba por otro tema: la oposición del Gobierno al acuerdo con la empresa Eleval, obtenido con la anuencia de la Alcaldía, para administrar la Categ. “Si se producen apagones en Guayaquil –había dicho Nebot–, la reacción será terrible”.
Hoy en el entorno de Jaime Nebot se considera que los temores, expresados en el documento, se han cumplido. Y que el régimen o no sabe dónde se metió, o que se metió en forma equivocada.
Van a pedir rectificaciones y a usar las instancias políticas y legales previstas en estos casos. Y luego, si el régimen persiste en su visión que en estos círculos es considerada un afán de perjudicar la ciudad y la provincia, van a pasar a los hechos.
Nebot liderará esa batalla que no es, a sus ojos, política ni partidista. Es una acción ciudadana que busca, como ya ocurrió en otros gobiernos, que el poder central no desvíe a la provincia de sus planes de desarrollo. La acción del alcalde, que vuelve esta semana al país, no se llevará a cabo en el Congreso, aunque los diputados socialcristianos mantendrán la oposición a la provincialización de Santa Elena y atacarán al Gobierno por la mínima asignación presupuestaria a la península.
La estrategia del alcalde Nebot será paulatina. Agotar los procedimientos legales y, si el Gobierno no corrige, no descartar ninguna posibilidad de movilización y oposición. NICOLÁS LAPENTTI Su gestión lo convierte en el gran perdedor El presidente Correa creó una fisura en el Partido Social Cristiano. Entre las fuerzas vivas ya se cuestiona el trabajo de Nicolás Lapentti, prefecto del Guayas, pues es –se dice– su mal desempeño (y el de los alcaldes de los distintos cantones) lo que ha provocado el deseo de provincializarse a las pobla ciones de la zona peninsular.
Nada de esto se le dijo a Nebot el miércoles después del Carnaval cuando alrededor de treinta personas se reunieron con él para debatir el documento que produjo la discordia. “Nadie sacó esas cosas a flote”, dice Renato Carló, presidente de la Cámara de la Pequeña Industria de Guayaquil. Lo que se conoce es que reprochan a Nicolás Lapentti por no haber tomado en cuenta que el proceso de provincialización en Santa Elena se inició hace unos quince años.
Y hace dos años se concretó en la recolección de firmas de apoyo que fueron enviadas a Alfredo Palacio.
Un dirigente socialcristiano, que pidió no ser citado, dijo a Vanguardia que defenderán a Lapentti, aunque reconoce que no todos los coidearios están en la misma línea y que el prefecto será el blanco de los partidos y políticos más fuertes del Guayas.
Lapentti lidera, entonces, la lista de políticos que, según el presidente Correa, no han respondido a las necesidades de la población peninsular. También él focaliza los ataques por los altos costos, según el Presidente, de los peajes. Correa puso así en jaque, con aparente éxito político, al prefecto que lleva 16 años en su cargo.
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