REVISTA VANGUARDIA
La reina biónica
| La reina biónica |
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| Martha Ormaza | |
| martes, 13 de marzo de 2007 | |
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Tallados con cirugías, los nuevos cuerpos, casi humanos, presentan la nueva especie 'Hundred percent plastic'. Pasmada, leí una noticia sobre una brasileña que se ha propuesto conquistar el Guinness de los senos falsos. Una estadounidense tiene el récord. La latina anunció su enésima cirugía. Tendrá unos implantes que constituirán un cuarto de su peso corporal. Contará con 1,8 litros de silicona en cada seno. Será como cargar con dos gaseosas familiares, me dije. Perseguían mis pensamientos las imágenes de estos senos gigantescos. Recordé el filme de Woody Allen, Todo lo que usted debe saber sobre el sexo. Esas mamas enormes, que disparaban leche desde lo alto en amenaza a la humanidad, ya no son más ciencia ficción. Pamela Andersson será una colegiala con complejo de tabla de planchar, frente a estos nuevos fenómenos, no precisamente de la naturaleza. Comenté el hecho con mis hermanas y me atreví a asegurarles, entre el temor a la caducidad y el tonto orgullo, que pronto entraremos a ser parte de la larga lista de las especies en vías de extinción. Somos hembraes organicus, las últimas mujeres al natural. Me miraron con excepción. Tuve que explicarme. Aquellas que no pasamos nunca por un quirófano, ni nos sometimos al bisturí en busca de la perfección, seremos espécimen de museo, o de laboratorios de Ciencias Naturales. Con el tiempo, seremos vistas con la curiosidad con que hoy indagamos en nuestro pasado, al investigar al australopitecus. Me ubicaron, tanto en el tonto orgullo como en la caducidad. ¿No mira la televisión? me inquirió la primera. En las presentaciones de las candidatas a Miss Ecuador, el 80 por ciento de los auspiciantes son cirujanos plásticos y clínicas estéticas. Ahora no sólo se trata de cuál es la más bella, sino de quién es la mejor reconstruida. Son efigies en manos del más hábil escultor. Y mi otra hermana, al arrancharme el candor, me aclaró que en la actualidad se detalla, jactancioso, cada acierto plástico en esos cuerpos casi humanos. Imaginé cómo podría un conductor de un concurso de belleza, referirse a los retoques estéticos y a los toques artificiales de una candidata: Tienen ante sus ojos a la décima aspirante a Miss Biónica que ganará seis millones en repuestos para el resto de su vida. Posee una larga y blonda cabellera, producto de una intensa decoloración, rayos aclarantes con extensiones de cabello natural. Su frente no tiene gesto, gracias a las inyecciones de Botox. Sus cejas han sido arqueadas con una pequeña cirugía y luego, delicadamente tatuadas. Sus intensos ojos azules, nos miran fijo gracias a los lentes de contacto. Su nariz respingada, ha sido inspirada en las hermanas Hemingway. Los pómulos también son implantes. Su boca es una verdadera obra de arte, abultada de modo armónico, acorde a la estructura máxilofacial lograda con una barbilla plástica y una pequeña liposucción de la papada. Todo permanecerá intacto gracias a la inhibición de algunos nervios del rostro que provocan la aparición de las letales arrugas de expresión. Nuestra hermosa concursante ya no tiene 12 costillas, por cada lado, como el común de los mortales. Señoras, señores, al arriesgar su vida e inmolarse a Adonis, el dios de la belleza, son sólo 11 sus costillas, para formar esa cintura perfecta, de menos de 60 cm de diámetro. Sus redondos senos que retan la Ley de la Gravedad, retan también los antiguos cánones de belleza, al contener un litro de solución fisiológica cada uno. Uno a uno, los músculos abdominales fueron trabajados con un primoroso succionador de lípidos, para obtener esa definición que pueden admirar. Después de retirarse los excesos de grasa sobre las caderas, se instauraron esos inconmensurables glúteos que apuntan imperiosos a todos los puntos cardinales. Las piernas, sin rastros de antigua celulitis, también fueron intervenidas en los puntos del crecimiento. A esos pies perfectos les fueron retiradas las amenazas de callosidad. Y las manos no podían ser olvidadas, cuentan con uñas acrílicas. Su bronceado tampoco es natural. Es producto de la última tecnología en sprays corporales. Damas, caballeros, tienen ante ustedes a la perfecta, nunca biodegradable: Hundred per cent Plastic. Entre nosotras, se produjo inevitable la pantomima. Desfilamos en el pasillo, destacando, al comando de la locución, la parte pertinente de nuestras desgraciadas humanidades. Reímos mucho. Por la noche no pude evitar ir desnuda al espejo de cuerpo entero. Al hacer un cálculo de la inversión para ponerme 0 kilómetros, concluí que no bastaba el premio de seis millones en repuestos. Decidí ser realista y reparar mi auto. Para consolarme me dije, quién sabe si este cuerpito, con sus virtudes y defectos, termina como objeto de estudio de lo que un día fue la hembrae orgánicus, Hundred per cent Biodegradable |








