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Correa sin rating en la radio PDF Imprimir E-Mail
Revista Vanguardia   
martes, 13 de marzo de 2007

Aló presidente divide a los radiodifusores. Algunos lo ven como un simple monólogo.

 

 Rafael Correa es Presidente. Y Ministro de Gobierno. Y Secretario de Comunicación. Y su jefe de prensa. De hecho, no necesita de los periodistas, lo cual está claro en su programa Aló Presidente. Es la impresión que tienen conductores de informativos o directores de radios. Ese es el medio que Correa eligió en la campaña y en la segunda vuelta, para comunicarse con los electores.

El éxito fue rotundo. Tanto que ahora el Presidente usa la radio como su principal canal de expresión. Los argumentos a favor son numerosos: rapidez, versatilidad, flexibilidad… En radio la comunicación es instantánea y permite un acercamiento directo con los oyentes. Además nadie discute su nivel de penetración: 94 por ciento de ecuatorianos posee un radio y un 80 por ciento un transistor. También la red de radios comunitarias da a la radio ventajas comparativas frente a la Tv y a la prensa escrita. Esas son razones pragmáticas.

Pero Paco Velasco, director de Radio La Luna, ve razones ideológicas en la opción presidencial. La posibilidad de disputar el “estrellato de los periodistas consagrados”, que sobre todo se mueven en la Tv, la interacción con periodistas de provincia, “la revalorización de lo local respecto de una pretendida visión nacional”… Pero no todos los radioemisores lo entienden de esa forma. Gonzalo Rosero, director de Radio Democracia, Miguel Rivadeneira, director de Radio Quito, Carmen Andrade, conductora del informativo matinal de Notihoy, coinciden, en Quito, en que el programa presidencial, lejos de favorecer al periodismo, lo anula. Sus tesis son similares: es una cadena con convidados de piedra. Es un monólogo en un 99 por ciento. Es un programa de anuncios presidenciales con libreto preestablecido.

Todos ven una acción pero ninguno visualiza la estrategia de comunicación del primer mandatario. Rivadeneira es claro: ese programa es bueno para él pero no para el periodismo. Kléber Chica, vicepresidente de la Asociación Ecuatoriana de Radiodifusión (AER) lo ve con otro ojo: “Seguramente es malo para aquellos que creen que, en periodismo, en una entrevista se trata de vencer al entrevistado. El verdadero interlocutor de esas cadenas es el pueblo”.

Paco Velasco -quien reconoce hacer un periodismo subjetivo y apasionadocoincide con esa visión. Su tesis, quizá la más importante, es que el Presidente tiene la posibilidad de disputar la agenda a los medios en los cuales él ve conexiones claras con los poderes fácticos. Y refuta la tesis (esgrimida por Rivadeneira y Rosero) de que el poder está usando la radio. La suya no cobra y hace parte de las emisoras que transmiten el programa presidencial.

Velasco preferiría inclusive que en ese programa participe la gente. Él lo hizo en el primer programa con Correa. Rivadeneira y Rosero se niegan a hacerlo. Rosero es lapidario: “es humillante para la estructura real de la radiodifusión ecuatoriana”. En el fondo, Correa ha dividido las radios. Y esa división está atravesada por viejos debates sobre objetividad y subjetividad, independencia del medio frente al poder político, la responsabilidad del periodismo público, los medios relacionados, el rol de mediador pues Velasco, por ejemplo, cree que el medio debe tomar partido… “Con la práctica de ese tipo de periodismo –dice Carmen Andrade– ¿hasta dónde llega la responsabilidad o la corresponsabilidad ante el país? A La Luna fue Mahuad y se equivocó.

En la segunda etapa fue Gutiérrez y se equivocó. Ahora es Correa, ¿y si se equivoca? ¿Hasta cuándo se piensa equivocar?”. Velasco no se inmuta: “El periodismo es el reflejo del pueblo”. Y la suma de equivocaciones de La Luna es para él “la trayectoria de este pueblo”.

“Hay que diferenciar entre lo que es la diatriba, la polémica y lo que es el libelo –dice Gabriel Pin, dueño de Radio Somos Nosotros, en Guayaquil–. Si no tenemos una idea de cuánto podemos subvertir dentro de un concepto radial, entonces caemos en el riesgo de la injuria abierta, del denuesto sin sentido, de la implicación sin prueba ni valores”.

Rosero está seguro de que el esquema del programa presidencial no propiciará el reencuentro nacional que el Presidente busca. Por tres razones: se limita a las mismas radios. Emite información direccionada. Y su unilateralismo (no admite la discrepancia) deja imaginar lo que va a ocurrir con la Asamblea y con lo que ella genere. Los críticos del programa presidencial encuentran, en todo caso, que las preguntas de cajón que le formulan al Presidente, cada sábado, hacen un flaco favor a la radio ecuatoriana.