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Martha Ormaza   
martes, 20 de marzo de 2007

Este tiempo parió un ser que, aunque los médicos digan que no, está enfermo... y que simula curarse con miles de terapias.

 

La historia de la humanidad muestra que la búsqueda del bienestar ha sido común a todas las culturas en todas las épocas. Pero en estos días es una obsesión. Por todos los medios se publicitan clínicas, spas, centros terapéuticos, médicos, tecnólogos, especialistas y terapistas, que ofrecen una infinidad de servicios y métodos para alcanzar la salud perfecta. Y a diario nos encontramos con sus consumidores. Es ya parte de la vida de la gente hacerse un tratamiento físico o sicofísico, a pesar de que no esté enferma. Cada vez más, encontramos personas sanas que se someten a tantas terapias como les sea posible. A veces, a todas al mismo tiempo.

También es casi normal ver a aquellos que van de un médico a otro, en busca de un diagnóstico cruel que justifique vivir de terapia en terapia. Necesitan estar enfermos. Y si los encuentran sanos, son los médicos, esos profesionales mediocres, los que se equivocan. El natural deseo de estar sano se enfermó en algún descuidado momento de pos modernidad. Hoy somos fundamentalistas sanitarios, maníaco-salubristas, bio-obsesivos, eco-pensantes, terapio- dependedientes e hipocondríacos terminales, para quienes vivir sanos, no es empresa fácil.

Las terapias comportan alargar el bolsillo y las horas del día. Cuestan y llevan su tiempo. Hay que insertarlas en la agenda. Pero hay que hacerlas; y, hacerlas todas. Si no da resultado la una, dará la otra, que resultará coadyuvante de las demás. Cualquiera de nosotros, y en especial de las mujeres, que tendemos a la comprobación de los enunciados, podríamos tener días así: levantarse al alba para hacer el Saludo al Sol que da inicio a la media hora de Tai Chi que se alterna con la media hora de Chi Kung. Ya en plena conciencia del “aquí y el ahora”, se toman los dos primeros vasos de agua de los dieciséis que hay que beber. Luego, la ingesta de extractos de vegetales y frutas orgánicas que ayudan a engullir comprimidos antioxidantes, minerales, algas, vitaminas, diuréticos y digestivos naturales. Con todos esos líquidos y sustancias hay que ir al baño por la orinoterapia. Una parte del “Agua de la Vida” que se recolecta se bebe, y la otra, se frota en todo el cuerpo para el óptimo funcionamiento de cada órgano interno. Después de un café descafeinado se da inicio a la hora de caminata o trote, con las plantillas ortopédicas y zapatos adecuados, coderas, rodilleras, camisetas térmicas, vendas, fajas, calentadores biodegradables, gorras, protectores solares y gafas anti rayos UV. De regreso, un duchazo de agua fría para estimular la circulación y templar el carácter. Se procede a la mascarilla facial y a la corporal con lodo, más orina, sábila, chocolate, algas, aceites, esencias naturales o lo que fuere.

Con la apariencia de extraterrestres, pero para ganar tiempo, con los emplastos y el tratamiento capilar se procede al desayuno con frutas, leche descremada y deslactosada, endulzada con miel, panela, fructosa o edulcorante natural, germen de trigo y otras fibras masticadas veintiún veces antes de tragar, no puede faltar el yogur con oligoelementos. Todo preparado y consumido con utensilios que no dejen residuos de plomo. Después de bañarse con jabón de pH neutro, exfoliantes, esponjas, estopas, champús especiales, acondicionadores y tratamientos de cabello, hay que untarse, con pequeños masajes, las cremas antiarrugas, inhibidoras de expresión, tónicos, bálsamos, pomadas, geles, a más de los protectores solares y los desodorantes recomendados.

Los materiales de las prendas de vestir deben contener al menos el 50 por ciento de algodón, hilo o viscosa que permitan la respiración y la transpiración normal. Las horas de trabajo serían insoportables, si no fuera por los breaks para la fruta, el agua filtrada tres veces, más orina, las series de respiraciones y ejercicios en quietud. Para el almuerzo orgánico, se prohíben cadáveres de animales, colorantes, sodio, glucosa, harinas blancas, sal yodada, alcohol, frituras, gaseosas, entre otros venenos. Si hay prole, hay que darle de comer lo mismo. Al terminar las horas laborales, están pendientes los masajes, la aromaterapia, la acupuntura, la reflexología, la dígitopuntura, la cromoterapia, la homeopatía, la caminata Zen, la meditación trascendental, la músicoterapia, la física mental, el quiropráctico, las velas, el baño de tina, la inyección de ozono, la terapia celular, los mantras, la limpia, las afirmaciones metafísicas, el biorritmo, la fase de la luna y la terapia antiestrés para escapar del estrés que nos ocasiona tanta terapia. Qué hipocondríacos que estamos ¿no? ¿Qué será de hacer? Talvez quepa una antiterapia, con sexo intenso, loca farra, golosinas, desenfado y fuerte amor.