REVISTA VANGUARDIA
‘O hacemos la guerra o una propuesta creativa’
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| Revista Vanguardia | |
| martes, 20 de marzo de 2007 | |
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Entrevista a Roque Sevilla Desde antes de la llegada a Carondelet del Presidente no hay nexos con los empresarios. Hay miedo en este sector, porque no saben cómo afrontar el fenómeno Correa. Este empresario plantea una alternativa para tender los puentes. Hay la impresión de que el empresariado tiene miedo. ¿La comparte?Hay miedo, sin duda alguna. De lo contrario, habría mucha más presencia del sector empresarial en la opinión publica. Hay miedo en Guayaquil y hay miedo en Quito. La reacción de las fuerzas vivas en Guayaquil no es de la virulencia que hubo en el pasado ni muchísimo menos. La misma posición de Jaime Nebot no es una posición de fuerza: es de defensa de la provincia casi de la ciudad. La reacción del alcalde de Quito con el tema de transporte es a mí no me metan en política... ¿Se justifica el miedo? Creo que hay identidad con conceptos básicos: la lucha real contra la corrupción y la lucha real contra los poderes políticos corruptos. En ese sentido creo que los empresarios están, en el fondo, de acuerdo en que se acabe con esta estructura que no sirve para nada sino para destruir el país. En el fin coinciden muchas personas. Hay desacuerdos sobre los procedimientos que emplea el Gobierno. Ahí hay divergencias enormes. Además no hay liderazgos del otro lado para presentar alternativas y creo que es lo que debemos hacer. Porque ¿cuál es el camino? Hacer una oposición de guerra mundial –alternativa que es poco eficiente– o hacemos una propuesta creativa para generar un modelo distinto al venezolano. Algunos empresarios le dirán que quieren dialogar pero que no hay cómo. En ese caso, sólo quedaría la protesta pública y la acción violenta. Pero considero que hay que agotar las posibilidades sabiendo que las características sicológicas del Presidente lo llevan a ser poco negociador. Es un hombre convencido de ser el dueño de la verdad. Ahí tenemos un real problema, pero creo que hay que hacer esfuerzos para cambiar ese paradigma. Si hay un espíritu de cambio y una fuerza de liderazgo que no ha tenido el país algún tiempo, hay que aprovecharlo siempre y cuando haya algún grado de guía distinto al de Chávez. ¿Cree que ese es el modelo de Correa? Él tiene el modelo Hugo Chávez como el modelo ideal porque tampoco tiene ningún otro. Vayamos al cambio pero creemos un modelo ecuatoriano, alternativo al de Chávez: ¿eso está diciendo? Así es. Pero no coincido con no hacer esfuerzos grandes por encontrar los hilos que permitan hilvanar las partes. Hay que hacerlo con fuerza, con liderazgo, con interés. ¿Dónde ve la contraparte a Correa? No la veo. Cuando se quiere ver un buen combate, uno espera que un boxeador no le esté huyendo todo el tiempo al otro. En este caso entendámoslo no sólo como el enfrentamiento a puñetazo limpio. Pienso en un enfrentamiento constructivo que produzca un crecimiento y una contribución a ambas partes. El espíritu del Presidente es de enfrentamiento porque él también teme mucho que tendrá que ceder posiciones. Si cedemos las partes vamos a tener un amplio espacio de coincidencias para hacer un trabajo conjunto. No podemos seguir negando el grado tan brutal de pobreza que existe en el país y lo bien que vivimos los ricos. Es desproporcionado y esto es inmanejable. Los líderes nos debemos comprometer a ese cambio. Pero ni hay propuesta ni hay presencia de ese empresariado. Es verdad. Le estamos dejando el camino absolutamente libre al Presidente para hacer exactamente lo que él piensa que es conveniente para el país. Y, dados sus perfiles, él y la gran mayoría de sus colaboradores, no se distinguen por haber estado en el campo productivo, salvo el caso de Mauricio Dávalos. ¿Asumiría tareas en ese campo? Sin duda alguna. Alguien tiene que hacer la gestión del lado productivo porque el país no puede funcionar sólo con el lado político. ¿Pero el discurso empresarial tradicional no quedó fuera de foco? Así es. Los discursos de los líderes gremiales siguen siendo las reglas del juego: el riesgo país, la tasa de interés, la falta de inversión extranjera y llevamos 20 años que esas cosas no existen. Creo que hay que sentarse de una manera constructiva y proponer un cuadro de desarrollo basado en criterios distintos de los tradicionales. Concrete algunos. El aprovechamiento de las ventajas comparativas (el clima, la biodiversidad, la cultura, la capacidad productiva agrícola con alta tecnología). El otro es romper esquemas de la estructura de inversión de capital que no necesariamente tiene que venir de los lugares comunes. Se puede pensar en una inversión china, india, brasileña, argentina o venezolana. Me parece que debemos ser altamente creativos en la negociación. Parte de ella es utilizar la ubicación geográfica del Ecuador como un medio de desarrollo de conectividad de áreas que requieren este rato una conexión gigantesca. ¿Usted hace parte de los que pedirían a Nebot jugar en la cancha nacional? Sin duda. A mí lo único que me tiene altamente contento es que por fin tenemos un líder que tiene popularidad, aunque no coincida con sus métodos. No hay nada más trágico que tener un pueblo sin liderazgo y sin un jefe de gobierno con popularidad. Un país que no tiene alguien que lo lidere no va a ninguna parte. Puede ser que lo mande a un abismo, eso también puede suceder... Nosotros tenemos que ir a un proceso de cambio radical del sistema de producción. Muchos empresarios creen que ese proceso será radical pero dicen que está mal direccionado. La posibilidad de éxito como todo desafío es un juego del azar y del esfuerzo. Pero en este momento hay las condiciones para intentar el esfuerzo. Según usted, Correa está obligando a los empresarios a ese cambio. Rafael Correa obliga. Eso es lo bueno, eso es lo importante. Es como el torero que se encuentra con un toro que realmente tiene potencia. Entonces tiene que fajarse. Éste, además de ser un toro de casta, es un toro bravo. Eso es lo que estamos enfrentando. Él tiene unas intenciones distintas y tengo que encontrar una fórmula de colaboración para poder hacer una faena exitosa. ¿Con qué acuerdos concretos? La reducción de la pobreza, la reducción de la inequidad, la eliminación de la corrupción y el establecimiento de un sistema que funcione como Gobierno, porque ese es el lío... Muchos empresarios dicen, sotto voce, que este gobierno quiere cambios sin libertad. Es más: que el país ya está en una dictadura. ¿Usted qué dice? Que tenemos que ver hasta dónde llegar en el tema de valores, porque hemos estado negociando sólo intereses. ¿Es la libertad norteamericana la que queremos? ¿Queremos la defensa absoluta del individualismo o queremos una libertad con tintes socialistas en donde el interés común esté por encima del interés del individuo? Hay que ver hasta dónde llega la libertad incondicional, de la que no soy partidario, así como no soy partidario de la democracia tumultuaria que crea el caos. Hay que ponerse de acuerdo sobre los valores prioritarios y en qué orden los vamos a ir atendiendo. |








