REVISTA VANGUARDIA
¿Ahora para opinar hay que exhibir los votos?
| ¿Ahora para opinar hay que exhibir los votos? |
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| José Hernández | |
| martes, 20 de marzo de 2007 | |
El Presidente descalifica a los columnistas y les pregunta a quiénes rep resentan. Cuando era profesor nadie le pe día convalidar sus tesis.
¿Qué cara habrán puesto los ministros y colaboradores del Presidente tras su diatriba contra los medios de comunicación? Cualquiera imagina a Alberto Acosta, Fernando Bustamante, Raúl Vallejo, Carlos Marx Carrasco que tenían columnas en diarios que el Presidente insultó. Cualquiera piensa en Carlos Vallejo, Gustavo Larrea, Mauricio Dávalos o Ricardo Patiño consultados a menudo por los medios. Los insultados y los otros.Pero sobre todo vuelve a la memoria la figura del propio Presidente. Él, hoy tan popular, preguntó a quiénes representaban los columnistas que, según él, hacen parte de aquellos que lo critican mientras el ochenta por ciento del país lo aplaude. Vuelve la figura del Presidente porque hasta antes de ser Ministro de Economía, él era simplemente un profesor de una universidad quiteña. Es decir, una persona común y silvestre. Como lo son los columnistas que escriben en los medios que él atacó. Y ese profesor, común y silvestre, tan alejado de los sondeos como los columnistas que él no aprecia, daba sus opiniones muy de vez en cuando en los medios de comunicación. Y nadie le preguntaba a quién representaba. Lo invitaban seguramente por sus ideas, porque pensaba diferente y era mal visto por los gobiernos de turno. Y ese profesor no examinaba los rating. Tampoco los índices de popularidad. Solamente creía útil dar su punto de vista, enriquecer el debate público, frotar su cerebro, como decía Montaigne, con otros cerebros. Así, ese profesor ancló, como Acosta y los otros, una visión que hoy está en la Presidencia. ¿A quiénes representa usted que osa pensar? Esa pregunta nunca la debieron oír María Fernanda Espinosa, Lorena Escudero, Jeannette Sánchez o Fander Falconí en la Flacso. O en la Universidad de Cuenca. Porque su mundo, el mundo que debía florecer desde la Presidencia, era el de las ideas. El de las tesis. Y una tesis en la Academia no requiere votos para ser convalidada. Supeditar el pensamiento, la posibilidad de opinar, al número de votos no es propio de los espíritus libres. Por eso los intelectuales piensan desde la contrapropuesta, desde la mala conciencia como decía Pasolini. Su tarea no es hacer odas. Para ello están los corifeos que circulan por los palacios y dependencias oficiales. Eso lo sabe el Presidente de la República cuya ironía es bien conocida y causa polémica en el país. Entonces, ¿por qué la descalificación de los que no piensan como él? ¿Lo que ayer fue bueno como profesor hoy ya no lo es como Presidente? ¿Los columnistas ya no tienen razón de ser porque en su lista ya no figuran Alberto Acosta, Fernando Bustamante y otros ilustres intelectuales que ahora ocupan sillones ministeriales? Quizá lo que el Presidente quiso decir es que a él ya no le interesa leer o pensar en lo que le dicen sus ex compañeros de aulas. O de paneles donde solía participar con elocuencia y desenvoltura. Si es el caso, eso libera de una buena carga de trabajo a la señora Mónica Chuji, quien se está especializando en escribir cartas toscas y amenazadoras a los editorialistas que critican a su jefe. La última la envió a La Hora. De paso, el Presidente no ha puesto en práctica un consejo que dio a los medios: que sean precisos. Y sí, hay que serlo. De lo contrario, la prensa haría como los políticos que toman sus deseos por realidades. Se entiende mal, en ese caso, por qué el Presidente lanzó un ataque generalizado contra los diarios que hacen parte de la Asociación Ecuatoriana de Editores de Periódicos. El comunicado de la Aedep lo molestó. Pero en vez de argumentar, como hacía cuando era profesor, el Presidente los trató de corruptos, de hacer parte de mafias informativas. ¿Y la precisión, Presidente? Si hay mafias, que sí las hay, lo bueno es que él que las denunció cuando era profesor, le diga hoy al país cuáles son. Y que las combata. En cualquier sector. Pero enlodar generalizando ni es ético ni es honesto intelectualmente. Lo único que faltó en esta historia es saber qué cara pusieron sus ministros y colaboradores, que antes escribieron y aparecieron en algunos de esos medios. Y qué cara pondrán ahora. |









¿Qué cara habrán puesto los ministros y colaboradores del Presidente tras su diatriba contra los medios de comunicación? Cualquiera imagina a Alberto Acosta, Fernando Bustamante, Raúl Vallejo, Carlos Marx Carrasco que tenían columnas en diarios que el Presidente insultó. Cualquiera piensa en Carlos Vallejo, Gustavo Larrea, Mauricio Dávalos o Ricardo Patiño consultados a menudo por los medios. Los insultados y los otros.