INICIO arrow REVISTA VANGUARDIA arrow Correa sin contrapeso nacional arrow arrow arrow
Correa sin contrapeso nacional PDF Imprimir E-Mail
Revista Vanguardia   
martes, 20 de marzo de 2007
Índice del artículo
Correa sin contrapeso nacional
Página 2
Página 3
Página 4

Rafael Correa tiene todo a su favor: una oposición sin norte, empresarios asustados, un Congreso desprestigiado... Vanguardia analiza los factores que favorecen al Presidente.

 

LA OPOSICIÓN
No hay un líder con las características del Presidente

Al presidente Rafael Correa se le apareció la Virgen. Su ingreso a la política, como líder nacional, coincide con la salida, definitiva, por ahora, de León Febres Cordero. Ese vacío no ha sido llenado, pues Jaime Nebot se limitó, por decisión propia, a ser un líder de Guayaquil.

El discurso del alcalde, reiterado a lo largo de seis años y su auto exclusión de la política nacional le pasan ahora la factura. En este sentido, Correa enfatizó la condición de Nebot como líder cantonal y mostró los límites de un discurso que pretendía convertir su gestión municipal en ejemplo para todo el país. Hoy el dilema de Nebot no tiene sino una puerta de salida: o vuelve a la política nacional o termina su vida política en la Alcaldía.

El discurso del jueves, en el cual se confinó a su provincia, muestra, en un momento de convulsión nacional, las dificultades que tiene Nebot para sintonizarse con el país, manejar un doble estatus político (alcalde y líder real del PSC) y una doble práctica: en Quito no hay un solo dirigente político que no asegure que Nebot piloteó todas las acciones del PSC, incluidas aquellas que provocaron esta crisis. En todo caso, Nebot vive, otra vez en su carrera política, una etapa de definiciones.

Esa es una ventaja comparativa inmensa para el presidente Correa: significa que su oposición está totalmente desvertebrada y que en el imaginario político colectivo no hay un referente que juegue el papel de contrapeso. “El 80 por ciento de la gente –dice Polibio Córdova, de Cedatos– no identifica un líder de corte nacional”.

El peor parado parece ser Álvaro Noboa. El contendor en la última elección, el hombre que tiene el mayor número de diputados, ni siquiera ha estado en el país. Oficialmente está atendiendo sus empresas. Oficiosamente hasta sus allegados confiesan que Noboa no sabe qué hacer frente a Correa. Su prudencia es producto de su decisión de hacer política para defender sus negocios. Las intervenciones de Sylka Sánchez y Gloria Gallardo son, en ese sentido, jugadas mediáticas para hacer olvidar que en la peor crisis política, Álvaro Noboa ni siquiera ha dado la cara. Vicente Taiano lo justifica diciendo que su propósito era no decir nada durante los tres primeros meses de gobierno...

Lucio Gutiérrez también bajó su perfil. En su caso, hay una razón de peso: no le funcionó la estrategia que en el Congreso califican de voracidad y acumulación de poder. Todavía está viva en algunos jefes de bloque la reunión que hubo en la Presidencia del Congreso cuando Luis Tapia, a nombre de Sociedad Patriótica propuso defenestrar a Jorge Acosta, presidente del Tribunal Supremo Electoral.

La UDC previno que era ilegal y que la vía era un juicio político. Luis Fernando Torres, Sylka Sánchez, Fausto Cobo, con autorizaciones superiores, decidieron lo contrario. El partido del ex presidente Gutiérrez asumió que si así había actuado el Congreso en el pasado –ilegalmente se entiende– y no había pasado nada, no había razón para no ir por ese camino.

Gutiérrez aprendió demasiado rápido. Y ese es actualmente su problema frente a Correa. Luce como un líder de antaño: un hombre dedicado a acumular poder a cualquier precio. Ese es el flanco que ha comenzado a explotar Correa. A mostrarlo como un bailarín, un hombre sin principios. Gutiérrez tiene su versión. Dijo a Vanguardia que Correa lo persigue y lo insulta por tres razones: le va a ganar las elecciones, quiso ser ministro de Economía en su gobierno y él ni siquiera lo recibió y es un incapaz y por eso Alfredo Palacio lo echó de su gobierno… No obstante, Gutiérrez ha hecho méritos para ser incluido dentro de la vieja partidocracia y, aunque maneja algunos organismos de control y dependencias del Estado, tiene problemas para enfrentar a un Presidente con liderazgo y popularidad. Pese a la votación pasada, las casas de sondeos dicen que hay el recuerdo de que Gutiérrez defraudó, no cumplió las expectativas que lo llevaron a la Presidencia. Y se mantiene gracias a una política cambiante y ambivalente. Esto lo debilita.

En una palabra, hay políticos con poder pero sin liderazgo nacional. Correa tiene enfrente un gran vacío. Carlos Larreátegui, máximo líder de la UDC, lo resume cuando afirma: “no veo factores institucionales ni políticos que detengan a Rafael Correa. Él está convencido de la democracia delegativa; es decir, cree que tiene un mandato, un encargo que debe cumplir por encima de las instituciones y de la ley. Él está configurando una dictadura bajo un ropaje institucional”.