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Las cifras entran en escena PDF Imprimir E-Mail
Revista Vanguardia   
martes, 03 de abril de 2007
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Las cifras entran en escena
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El Presidente Correa salta a la economía. Y el debate de fondo subsiste: ¿lograrán las gélidas cifras frenar su vértigo político? Vanguardia analiza los pro y los contra.

 

La economía es un polo a tierra. Así es supuestamente. Por eso hubo expectativa ante la Agenda Económica del Gobierno anunciada por el presidente Rafael Correa este lunes 2 en Guayaquil. Ricardo Patiño, Mauricio Dávalos y los otros miembros del equipo económico del Gobierno trabajaron con gran sigilo para llegar a concreciones y, sobre todo, para dejar la primicia del anuncio al Presidente de la República.

No podía ser de otra manera. El Primer Mandatario hizo su trabajo en este primer trimestre: ocupó la palestra política desde antes de su posesión, contribuyó a crear la megacolisión de poderes en la cual se debate el país y facilitó, de esa manera, la tarea de sus ministros de Estado. Parte de su cometido parecía ser ganar tiempo y movilizar a la opinión mientras ellos armaban los planes de Gobierno, fijaban prioridades, ponían tiempos, negociaban financiamientos y concertaban acciones con los ministros coordinadores.

Ahora, el Presidente y su Gobierno podrán sumar, al tema político, proyectos de corto y mediano plazo en el campo económico. Los otros planes en los cuales trabaja el gobierno —los sociales, los político-administrativos…— el Presidente irá develando poco a poco, según las necesidades de las campañas por la Consulta y por la Asamblea Constituyente. El juego es redondo y eficaz en términos electorales. Al menos así se ve desde el propio régimen, donde se dice que su objetivo no está en las urnas, pero que si esos réditos llegan no les pondrán mala cara.

De hecho, los planes concretos que el Gobierno anuncia esta semana serán, en la práctica, multifuncionales. Le servirán para mostrar que antes de los cien días el Ejecutivo presenta al país planes de acción. Le ayudarán a desmentir la tesis de algunos partidos de oposición, según la cual Rafael Correa no se ha sentado a gobernar. El Presidente pudiera darse incluso el lujo de concordar con sus adversarios políticos en el sentido de que la Asamblea Constituyente no resuelve problemas prácticos como la vivienda, empleo, salud y educación.

Le bastará agregar —mientras exhibe sus planes— que esas son las tareas de su gobierno y que están incluidas en las agendas oficiales. En claro, la oposición, segmentada y en desbandada, tendrá dificultades para probar que su dolor de cabeza en Carondelet carece de estrategia o de sentido de gobierno. Es más: esa oposición, enfrascada en la maraña política, no parece haber previsto este nuevo round presidencial. Es decir, Correa le ganó la mano política, ha puesto la agenda, la volvió totalmente reactiva y ahora la pone a saltar, en los mismos términos, del tema político al económico.

Al régimen, la Agenda Económica le sirve para dar cuerpo al famoso cambio, aterrizarlo y cimentar sus compromisos sobre todo con los sectores que ahora necesita para ganar la consulta popular. De paso, así piensa demostrar la mala gestión y el papel, deficiente o interesado, que ha jugado el Estado administrado por lo que Correa llama la partidocracia. Él hizo, la semana pasada, una rápida alusión al tema al evocar el estado calamitoso, según dijo, en el cual encontró al país.