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El Gobierno está por definir el rumbo petrolero. El ministro de energía y el Presidente de Petroecuador tienen visiones diferentes.
Alberto Acosta y Carlos Pareja han estado en una especie de guerra fría que se ha ido calentando. Las diferencias empezaron desde el origen mismo del Gobierno, con los nombramientos. En la izquierda cercana a Correa aún no se explican cómo el Presidente, que la semana anterior dijo que pondría las manos al fuego por Acosta, su ministro de Energía y amigo de años, no puso a alguien de la confianza de éste en Petroecuador, la estatal petrolera.
Acosta es un claro representante de la tendencia del poder ciudadano, del nuevo socialismo, ambientalista, académico, investigador, con amplio trabajo y relaciones con la cooperación internacional, especialmente alemana. Y fue gerente de Comercialización de la antigua CEPE (hoy Petroecuador).
Sin embargo, Correa optó por Carlos Pareja Yannuzzelli, quien llegó así por segunda ocasión a la Presidencia Ejecutiva de Petroecuador. Vinculado al sector petrolero estatal por años, ex Director de Hidrocarburos en Guayaquil, vicepresidente de Petroindustrial, asesor en hidrocarburos en Energía, Contraloría y Comité Especial de Licitaciones. Negociador de varios contratos con petroleras.
Los sectores de izquierda han criticado a Pareja por su cercanía con los socialcristianos y hasta León Roldós, dijo durante la última campaña presidencial que tiene una relación directa con Charly Pareja –del círculo de León Febres Cordero– por ser primos hermanos “muy bien llevados... les decían que son primos hermanos siameses”.
Quizá hay una razón de orden político, que nadie sabe cuánto peso tiene en la cabeza de Rafael Correa: Pareja tuvo un papel preponderante para que se determine la caducidad del contrato con la Oxy, en el anterior gobierno. Sobre todo en el plano jurídico. Al menos en esa tesis, hubo una coincidencia con Acosta. Éste mantuvo la idea de hacer respetar la soberanía nacional, enmarcado en amplia literatura sobre las relaciones de Ecuador con las transnacionales petroleras.
Aunque dentro del mismo gobierno no esté claro el tema, sí lo es el que Acosta y Pareja son hombres en cargos clave para la definición del futuro petrolero del país. En su relación personal no tienen problemas, pero sí tienen diferencias conceptuales muy profundas. Tanto que se volvieron insalvables y que, de hecho, tendrán un efecto sobre la política petrolera del actual gobierno: Rafael Correa deberá definir uno de los dos caminos. Por ello, Vanguardia pone en escena los dos escenarios de conflicto entre estos dos funcionarios.
UN NUEVO MINISTERIO Si Correa concreta la idea se quedará sin Acosta Aunque pareciera difícil una eventual salida de Acosta, por su cercanía y coincidencia ideológica con Correa, eso es posible.
Lo es bajo un primer escenario que Vanguardia detectó en esta especie de guerra fría. Se trata de la creación del Ministerio de Hidrocarburos. Es un tema que nadie quiere abordar públicamente, pero cuya propuesta está ya en manos del Presidente. La idea básica en este caso es dividir al actual ministerio en dos o tres. En dos, si se crea la cartera de Hidrocarburos para los temas petroleros y de derivados, dejando Energía y Minas, para los sectores eléctrico y minero. En tres, si también se separan la parte eléctrica y la minera.
No hay plazos, pero en Petroecuador hay la casi total seguridad de que habrá la división. Que todo será cuestión del momento político para anunciarlo, evitar suspicacias y que no aparezca Carlos Pareja como quien quiere adueñarse de esa cartera de Hidrocarburos, sacando del camino a Acosta.
En Energía, en cambio, es claro que si hay la división, Acosta se irá. El lunes de la semana anterior el Ministro abrió su discurso al inaugurar el proyecto hidroeléctrico Sopladora, diciendo que el país “requiere repensar íntegramente su sector energético. No hay cómo seguir manejándolo sin una planificación estratégica y en forma de compartimentos estancos. El petróleo y sus derivados, la electricidad, la leña y todas las otras energías renovables merecen un tratamiento integrador y profundamente renovador”.
La visión, está claro, es totalmente diferente. Energía defiende un concepto de sistema. Esa cartera plantea una relación estrecha entre el sector eléctrico y el petrolero. La necesidad de encadenar y hacer eficiente la relación entre generación, provisión de energía y los aportes de derivados a ese sector. Y viceversa, planificar el aporte de la generación a la actividad de extracción. Hay mucho puntos de contacto entre ambos sectores que requieren planificación conjunta. Eso, en la visión de Energía, no pudiera resolverse con una simple coordinación entre las dos carteras, si se dividieran.
El proyecto de nueva cartera, al contrario, se basa en que hay excesivas tareas encomendadas a Energía, que no da abasto. La coordinación sería suficiente para solventar el tema de relación entre sectores eléctrico y petrolero. Además, se evitarían las confrontaciones históricas entre presidentes de la estatal y ministros. Ejemplos sobran: Jorge Pareja con René Ortiz, Guillermo Rosero con Carlos Arboleda, Eduardo López con Luis Camacho...
Petroecuador aunque con autonomía financiera y administrativa, pasaría a ser más controlada por el Ministerio, pues el titular de la cartera sería el Presidente de la estatal. En este esquema pasa a tener un papel clave la reforma a la Ley de Petroecuador. En lo básico, la extracpropuesta de Pareja es que se modifiquen las estructuras del Directorio, del Consejo de Administración (Cad) y que se dé un giro en las vicepresidencias.
El Directorio quedaría con tres representantes del Presidente, de alto perfil técnico; el Ministro de Hidrocarburos, que sería dirimente; el de Economía y el delegado de Fuerzas Armadas. Ese Directorio sería el que determine las políticas para la empresa. El Cad se volvería un asesor técnico. Los vicepresidentes serían los responsables directos por contratos, proyectos y todo el manejo de las filiales.
Acosta cree que el Cad debe ser instrumento de planificación y cierto nivel de control, en un equilibrio sano. Apunta que hay que dar autonomías a los vicepresidentes, pero con control. Y también cree necesario modificar estructura del Directorio, incluso porque cada miembro tiene otras ocupaciones y muchas veces ni siquiera es posible reunirse entre todos.
En cualquier caso, el tema de fondo es si hay o no nuevo Ministerio. En sus alocuciones académicas y ante quienes antes le increparon por no haber aceptado cargos, Acosta siempre se mostró convencido de que los grandes cambios se pueden hacer incluso desde las calles, de que la solución a los problemas no necesariamente han estado en una cartera de Estado. Pareja siempre ha estado cercano a las instituciones.
Correa tiene la última palabra.
El ITT Plata enseguida o el plan integral y de largo plazo
Con todo y críticas desde la izquierda, Pareja ha logrado bastante en este gobierno. Tiene ya estructurado su plan de inversiones para Petroecuador, que este año llega a 912 millones de dólares presupuestados, aparte de otros financiamientos que se pudieran conseguir. Los principales proyectos incluyen el incremento de actividades en exploración y explotación de Petroecuador, mejoramiento de la refinería Esmeraldas, pero también, a futuro, almacenamiento de gas en tierra, poliducto Pascuales-Cuenca, terminal de despacho y poliducto submarino en Galápagos, captación de gas en Sacha, línea submarina en La Libertad, ampliación de capacidad de carga de gasolinas en Esmeraldas... Planes también aceptados por Acosta.
El punto de desencuentro que abre una gran brecha entre los dos funcionarios ha sido, más bien, la manera de abordar el proyecto Ishpingo– Tambococha–Tiputini (ITT), considerado, por su magnitud, como el más importante en la historia petrolera del Ecuador. Pareja ha avanzado rápido en la firma de tres memorandos de entendimiento para la posible exploración y explotación del campo ITT. Y justamente se le ha cuestionado por querer ir demasiado rápido con un proyecto que puede tener impactos muy significativos en el futuro del país. Ya tiene firmados memorandos de entendimiento que buscan alianzas estratégicas con Sinopec de China, Enap de Chile y Petrobras de Brasil, para la explotación del campo. Pareja estima que allí la inversión es de 5 000 millones de dólares y que con las estatales es más rápido establecer un proyecto que tiene un retraso de 30 años en el país. Para él, Ecuador no puede darse el lujo de tener enterrada esa riqueza cuando hay sectores aún muy empobrecidos.
Ante eso, Acosta no cree que sea una garantía obtener más recursos por obtenerlos. Se guía por una máxima: “como estamos de prisa tenemos que ir despacio”. En otras palabras, hay que asegurar que las cosas esta vez se hagan bien, para que no se repita lo sucedido desde febrero de 1967, cuando empezó la explotación del primer pozo de la era petrolera. Desde entonces hasta ahora se calcula que el país produjo petróleo por unos 82 000 millones de dólares. “Y la Amazonia –dice Acosta– sigue pobre”. Con mayor razón, si el crudo es un recurso no renovable que se estima terminará en unos 25 años en los campos ecuatorianos.
La primera prioridad para Acosta, y para la cual logró una apertura del Presidente en el directorio de Petroecuador del 30 de marzo pasado, es conseguir recursos internacionales que sustituyan los potenciales ingresos que dejaría el ITT. Los hay, dicen los ambientalistas, si se trata de proteger la reserva de la biósfera Yasuní, identificada como una de las más ricas del mundo, con unas 6 000 especies por cada 10 000 km2, con una biodiversidad vinculada a los conocimientos ancestrales y secretos medicinales.
Además, con lo que consideran un tesoro: los pueblos no contactados. Si se calcula que el proyecto dejaría unos 700 millones anuales, alrededor de 350 quedarían para el Estado. Recursos que, según Pareja, son prioridad para empezar a recuperar los 30 años de no haber hecho nada. En eso, los memorandos de entendimiento pueden ser instrumentos ideales. Pero el contenido de esos documentos fue motivo de un cuestionamiento de tipo legal: el acuerdo con Brasil, del pasado 3, tiene cláusulas que pudieran ser entendidas como compromisos.
El convenio de confidencialidad y el memorando fueron aprobados el 15 de marzo, sin unanimidad del Cad. Votaron en contra Carlos Chevasco y Víctor Hugo Jijón. A eso, Pareja respondió que esperaba “que no vuelvan a cometer ese error porque pediría su separación; este es un proyecto del país, del Gobierno y de Petroecuador, y no está para que ningún funcionario se oponga a esa disposición”.
Por otro lado, el ITT tiene mucha relación con la construcción de la nueva refinería que proyecta este Gobierno en Manabí, con apoyo de Venezuela, China, Chile... Ese crudo serviría para abastecer a esa planta industrial. ¿Cómo resolver entonces ese abastecimiento si se queda el petróleo en tierra? Si los recursos internacionales disponibles para proteger el patrominio amazónico no alcanzan, Acosta tiene una segunda opción, que es, de nuevo, integral. Una licitación, que para que no tarde mucho, pudiera ser con una lista corta de petroleras estatales. Algo cercano a la idea de Pareja, pero con licitación, no con asignación directa, y con más invitados. Eso abre la posibilidad, además, para la inclusión de Venezuela en el proyecto, lo cual apoya la visión de sistema que tiene el Ministro: encadena la extracción de ese crudo con la nueva refinería. Además, por las reservas que tiene para 200 años, de las cuales Ecuador luego pudiera beneficiarse. “Si no construimos ahora una infraestructura para almacenamiento del petróleo venezolano en Ecuador, lo van a hacer en Panamá, porque necesitan una estación en el Pacífico”. Venezuela es importante por eso, dice Acosta, más que por los tintes ideológicos y de empatía con Hugo Chávez que se le ha dado a la administración de Correa.
Una tercera opción es que Petroecuador haga la explotación sola. Para resolver la parte tecnológica y demás, pudiera contratar terceros. Para iniciar el proyecto Energía calcula que no se requieren más de 300 millones y, conforme se desarrolle el campo, se irá autofinanciando y ampliando. Por último, genera discrepancia el insistir en acuerdos con tres países demandantes de crudo. La cartera de Energía ve el riesgo de que el crudo del ITT termine saliendo por el eje Manta– Manaos a Brasil o China, antes de ser procesado en Ecuador.
Por eso la cita de esta semana en Margarita será definitoria. Allí hay un marco que va más en la línea de Acosta (recuadro). La apertura que Correa dé a un acuerdo con Venezuela para la explotación del ITT dará una señal fuerte a los dos funcionarios. De hecho, Pareja ya se montó también en ese tren. En principio dijo que Venezuela no ha llevado hasta su escritorio –al ser Petroecuador responsable de desarrollar los campos estatales– propuesta alguna. Pero a medida que la cumbre se acercó, abrió más puertas.
Dijo que le “encantaría que Venezuela forme parte de ese consorcio”. Por último, sugirió una licitación. Es un detalle que Correa tendrá en cuenta. Pero necesitará mucho más que eso para definir un conflicto, cuyo final se ve cerca. |