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Correa se llevó toda la apuesta PDF Imprimir E-Mail
Revista Vanguardia   
martes, 17 de abril de 2007
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Correa se llevó toda la apuesta
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EL PRESIDENTE
Un dolor de cabeza hasta para sus aliados

¿Un triunfo anunciado? Sí. Triunfo anunciado cuyo mecanismo ya nada tiene de secreto: Rafael Correa lleva meses en campaña y, ahora como Presidente, se sirve de las inmensas ventajas en logística, acción y comunicación que le da la Primera Magistratura.

Ha sido consistente en su estrategia y coherente en sus mensajes.

El ciudadano Correa prometió un cambio. El presidente Correa vendió la idea de que para materializarlo necesitaba la Asamblea Nacional Constituyente. El primer voto no tendría sentido sin el segundo: el electorado no se lo negó y acaba de firmarle un nuevo pagaré. Para ello, el ciudadano– Presidente, como dice su ministro de Energía Alberto Acosta, hizo su trabajo: polarizó al electorado, con la ayuda de la Policía dejó sin piso a la oposición, vilipendió a aquellos que no le son afines… Se instaló, en definitiva, en la confrontación y la pírrica actuación del PSC, el Prian y el PSP en el Congreso Nacional, le ayudó a tener razón ante los electores.

Más que el triunfo, entonces –que parecía seguro– lo que estaba realmente en juego eran los porcentajes que alcanzaran el Sí y el No. La oposición se engolosinó con la campaña mediática por el No que hicieron el ex presidente Osvaldo Hurtado y el movimiento libertario pero no encontró una estrategia para contrarrestar a los promotores del Sí. Correa, por su lado, no sólo repitió lo que mejor supo hacer para llegar a la Presidencia. Varió su registro.

Se movió mediáticamente hacia la clase media –afectada por su tarea de confrontación– y buscó ingredientes que pudieran tranquilizarla: descartó que el dólar vaya a desaparecer como moneda oficial durante su gobierno, puso algunas distancias con la administración de Chávez, tamizó algunas de sus afirmaciones (por ejemplo sobre los medios de comunicación), tejió de nuevo puentes con adversarios políticos como el alcalde Jaime Nebot… En una palabra, el Presidente, en el mejor estilo de la política criolla, no temió corregirse, desdecirse o contradecirse.

Lo hizo para no desconectarse de franjas de electores favorables al cambio (se nota en las cifras de su popularidad) pero preocupados ante su carácter impredecible, sus derivas ideológicas y su capacidad para confrontar (y eso también se ve en los sondeos). El cambio no tiene dueño, dicen los políticos cercanos a Alianza País.

No obsta: el triunfo de la Consulta es imputable a Rafael Correa. El Sí, cuyo porcentaje aún es extraoficial, indica, de confirmarse, que el Presidente ha logrado que las cifras de su popularidad no están muy lejos de las de sus votos. Esto sigue siendo un fenómeno político en el país. Y deja a Correa en excelentes condiciones para que su bloque piense en llevar una mayoría a la Asamblea.

En este sentido, el Presidente no sólo es un dolor de cabeza para los partidos de oposición. Lo es para sus aliados, de izquierda o de extrema izquierda, con los cuales sus listas estarán en abierta competencia. En Alianza País se confirma, en efecto, que quieren privilegiar un programa común para la Asamblea en lugar de un Frente Nacional de la Izquierda Ecuatoriana o de listas unitarias; ideas que acarician en Pachakutik y en el Movimiento Popular Democrático.

Por ahora, en todo caso, Rafael Correa torna a su favor el irremediable plebiscito sobre su gobierno, en el cual siempre se convierte una consulta. Así prolonga el estado de gracia que vive con la opinión y la carrera de elecciones por ganar que se impuso desde la Presidencia. Él sí puede recitar el viejo dicho popular: cero y van dos…