REVISTA VANGUARDIA
Izquierda y derecha se parecen en su arcaísmo
| Izquierda y derecha se parecen en su arcaísmo |
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| José Hernández | |
| martes, 24 de abril de 2007 | |
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El reto del Presidente es modernizar a una izquierda hundida en viejos mitos, justo cuando la derecha no sabe cómo reponerse del fiasco. Rafael Correa no es un accidente político. Él es producto de una historia en la cual la izquierda ha representado, más en el imaginario que en las urnas, una alternativa de poder. Esa izquierda, que ha reproducido el itinerario de los enfrentamientos ideológicos mundiales, está en la educación, en la academia, en la cultura... Y es la defensora de mayor equidad social. La derecha abandonó esos territorios. Y en ellos creció una masa crítica, hecha de decepción, abandono, oposición y rabia contra el establecimiento. De ahí proviene el Sí a la Consulta. Ahora, ¿esos millones de personas, muchas de sectores pobres, tienen claro -conceptualmente claro- por qué votaron el 15 de abril? No. Como tampoco los franceses que no vivían en París tuvieron claro -totalmente claro- el panorama de la revolución que consagró el triunfo de la República sobre la monarquía. La teoría de conjuntos, probó que el cambio obedece a factores cuya aparición y acción no son predecibles. El 15 tiene explicaciones que se han venido acumulando. La izquierda, con Correa, se beneficia de ellas y, en ese sentido, los votos del 26 de noviembre y del 15 de abril son producto de una cultura y una historia que tiene décadas de organización, tesis, debates, movilizaciones, creación de movimientos sociales y políticos... Es ahí donde hay que poner el acento. En la comprensión de que la debacle de la derecha no desemboca en el vacío: da paso a una alternancia política que siempre ha estado latente, pero que no había encontrado una estrategia ganadora. Decir esto, es diferente a creer que el país se botó en los brazos de Correa por ignorancia, por ilusiones vacuas o por simple novelería. El matiz no es meramente gramatical. Si la derecha sigue pensando que sus votos son los únicos racionales, conscientes o políticos, no entenderá ni el sentido de su crisis ni su desvinculación con el país real. Porque el debate con la izquierda no es sobre quién reparte más o quién engaña más. Es qué se propone y quién administra mejor. El elector medio no quiere, en efecto, participar en concursos de conceptualización política: quiere vivir mejor. Quiere reglas unanimente compartidas, certezas, gozar de un espacio público que sea común a todos, producir más y repartir mejor, vislumbrar con confianza el futuro… El debate no está, entonces, en descalificar el voto alternativo. Por eso es inicuo atacar a Rafael Correa porque las personas que votaron el 15 por su tesis no sabían, supuestamente, por qué votaban. Pues quizá sí. Votaron porque la derecha, la populista y las otras, abusaron. Se pasaron. Y cometieron actos de corrupción y de verdadero suicidio político. Y estas razones que suscitaron el voto del 15, son razones políticas. El debate, el verdadero, está -como Kundera en su novela- en otra parte. ¿Podrá y querrá Rafael Correa modernizar a una izquierda que, a su vez, ignoró el fenómeno disidente en los países del Este, no siguió a Lech Walesa en Polonia, desconoció el fenómeno de Los Verdes en Alemania, nunca se interesó en seguir la socialdemocracia contemporánea (ni la ID lo hizo) y se desentiende de los debates fecundos que hay en la nueva izquierda mundial que tiene que lidiar con la globalización, la tecnología, la pérdida negociada de soberanía (Europa), los derechos de cuarta generación, el calentamiento global...? En ese horizonte lucen penosas algunas tesis descalificadoras del Presidente cuando tiene en frente una izquierda que llega al poder con visiones de los cincuenta. O de antes. Su doble reto es cómo materializar el cambio y modernizar a esa izquierda, justo cuando la derecha está, ideológica y políticamente, al borde de la tumba. |









