REVISTA VANGUARDIA
La corriente ya no se lleva al camarón
| La corriente ya no se lleva al camarón |
|
|
|
| Revista Vanguardia | |
| martes, 01 de mayo de 2007 | |
|
Cuatro años de Mancha Blanca produjeron inmensas pérdidas. La industria se recupera. La industria camaronera es la segunda actividad no petrolera (la primera es el banano) que más recursos genera en el país. Si bien la superproducción de camarón blanco en los mercados asiáticos ha provocado una baja en su precio, el posicionamiento del Ecuador, como potencia camaronera, le ha servido para mantenerse en la competencia. Los primeros años de la mancha blanca resultaron críticos. Los empresarios del sector eliminaron, en primera instancia, los cultivos infectados. Luego, mejoraron la genética de las larvas, realizaron nuevos cultivos y, finalmente, recuperaron el mercado perdido. El mejoramiento genético se llevó a cabo de forma independiente en cada camaronera –dice César Monge–, presidente de la Cámara Nacional de Acuacultura. Y esto a pesar de ser un gremio muy unido. “Por eso tardó el proceso de recuperación porque cada uno lo hizo por su lado”. El impacto de la mancha blanca provocó cambios profundos en el cultivo, que pasó de ser intensivo a ser semi intensivo. En este caso, las piscinas son de menor tamaño, con menor densidad de siembra que en el intensivo. Se pasó de entre 150 000 y 300 000 crustáceos por hectárea a entre 80 000 y 100 000 en época fría. Y en el período caliente, de entre 100 000 y 120 000. Para recuperarse, los camaroneros crearon especies genéticamente más fuertes en sus laboratorios. Asumieron las pérdidas económicas y además invirtieron en investigación y tecnología para lograr el control genético de las enfermedades. Esto permitió tener siembras más resistentes. Paralelamente mejoraron la calidad del balanceado para alimentar los camarones. Lo hicieron en función de las nuevas exigencias del mercado. El balanceado que se comercializa ahora permite que la larva asimile, crezca, engorde y termine su proceso más rápidamente de lo normal. Como las exigencias del mercado internacional parten del consumo de productos más saludables, la alimentación es absolutamente orgánica. Ese es otro punto a favor del camarón ecuatoriano. El manejo del agua también cambió. Las camaroneras la utilizan “en forma más reservada y sostenible”, explica Samuel Stern, director general del Centro Nacional de Acuicultura e Investigaciones Marinas (Cenaim) de la Escuela Politécnica del Litoral. Eso garantiza el cumplimiento de parámetros medioambientales. La industria acuícola se fortalece con base en un cultivo amigable con el medio ambiente. Según Pablo Intriago, técnico de la camaronera Empagran, hoy la semilla proviene de ciclo cerrado. Eso significa que los reproductores han salido de las mismas fincas, eliminando el impacto al recurso. Eso no sólo fortalece el producto sino que logra mantener los índices de calidad y hace del camarón ecuatoriano uno de los preferidos por el mercado mundial. “El desarrollo del cultivo de camarón en Latinoamérica –dice Intriago– es debido, en gran parte, a empresarios y técnicos ecuatorianos que exportaron sus conocimientos y experiencia”. El gremio está unido. La adversidad no sólo impulsó la investigación constante sino que suscitó un escenario de cooperación mutua. El Cenaim creó el programa de Salud Animal que estudia la inmunología, microbiología, epidemiología y virología del camarón. Los resultados de este programa van de la mano de la implantación del Sistema de Alerta Epidemiológico que está en una página Web. Allí, según Samuel Stern, los productores podrán ingresar información acerca de sus camaroneras “y de esta manera contar con un escenario virtual para detectar la amenaza de una potencial epidemia”. Este fortalecimiento genético ha permitido al país volver a la pelea en el mercado. Pero la realidad del 2007 es distinta a la del 98. La superproducción del camarón blanco en el mercado asiático (específicamente en Tailandia, China, Indonesia y Vietnam), ha provocado la baja en un 50 por ciento del precio del crustáceo. “Si uno revisa las cifras –dice Monge– se encontrará con que Ecuador ha exportado un mayor volumen del producto en el 2006, pero las ganancias son inferiores a las del 98”. Para competir, aparecen otros factores externos como el posicionamiento del camarón. Lo reconoce el principal de la Cámara de Acuacultura: “Nuestro producto tiene buena reputación en los mercados europeos y norteamericanos, la concepción de calidad y cumplimiento de contratos nos beneficia”. El 2007 es un año trascendental para la industria acuícola. Existe gran ansiedad por algunos temas. A la cabeza está la resolución definitiva de la Organización Mundial de Comercio con respecto al tema de la sanción del dumping impuesta por EE.UU., del 3,58 por ciento, al camarón ecuatoriano. A finales de 2006 se dictó un primer veredicto que falló a favor de los camaroneros locales. En septiembre, la OMC dará su respuesta final, que de ser positiva, permitiría al crustáceo ecuatoriano entrar sin impuestos al mercado estadounidense. El gremio está a la expectativa tras la creación de la Subsecretaría de Acuicultura, con sede en Guayaquil. “Es inaudito que no hayamos sido reconocidos por gobiernos anteriores”, dice Monge. Correa dio el primer paso al cambiar el nombre del organismo encargado a Ministerio de Agricultura, Ganadería, Acuacultura y Pesca. Con la Subsecretaría, se espera canalizar las necesidades de la industria acuícola, como la falta de incentivos y acceso a créditos de los pequeños productores. Además de otras trabas como los altos costos de producción (por la electricidad), y un sistema aduanero que entorpece el comercio internacional. Mientras esto sucede, las investigaciones continúan con miras a superar los niveles de calidad de los competidores y recuperar el mercado perdido. |








