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El ajedrez técnico ante el político PDF Imprimir E-Mail
Revista Vanguardia   
martes, 01 de mayo de 2007
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El ajedrez técnico ante el político
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El Gobierno busca réditos políticos en su confrontación con la banca privada. Ha logrado que se siente a negociar la reducción de costos y utilidades. Pero también ha hecho denuncias sin sustento.

 

 El miércoles 25, el país se levantó con una imagen inusual: el Presidente arribando a las 05:50 al edificio de la Superintendencia de Bancos. Sonreía. Dos horas después, salía visiblemente tenso. Adentro quedaba, terriblemente afectado, el superintendente Alfredo Vergara, a quien trató de incompetente y desleal. Vergara terminó recluido en un hospital.

Así se inició el último capítulo de una partida de ajedrez que el Presidente protagoniza desde el 17 de marzo con el sector financiero privado. Un capítulo que, según los banqueros, debiera ser técnico, pero que el poder ha vuelto político, como todo lo que toca el Primer Mandatario. ¿Qué quiere él? Disminuir los costos que pagan los usuarios de la banca. Y en esto, ya marcó puntos, pues los bancos han aceptado bajar sus utilidades. Pero también ellos han desinflado un discurso proselitista que los quería involucrar con los responsables de la crisis de 1999: Eduardo Valencia, presidente de la CFN, tuvo que plegar velas y admitir que sus denuncias carecían de sustento técnico.

Poco se ha avanzado, sin embargo, en las negociaciones reservadas que mantienen la Superintendencia, el Banco Central y los representantes de todas las entidades financieras. Vanguardia retoma el hilo de este proceso y muestra las piezas que mueve el Gobierno para forzar un cambio que los bancos quieren hacer técnicamente y bajo la ley, las reglas del mercado y el diálogo.

Los tiempos presidenciales son otros. En el regimen se reconoce que muchos de esos cambios deben hacerse antes de que se instale la Asamblea. No buscan votos –eso dicen- pero si llegan gracias a la gestión empresarial, seran bienvenidos.

 El DISCURSO
La declaratoria de guerra fue hecha por el propio Presidente

El 17 de marzo, Rafael Correa inició una partida de ajedrez con la banca. Su primer movimiento fue político. Lo amarró al discurso social. Ese sábado, en la cadena radial, anunció que estudiaría mecanismos para “poner en vereda” a la banca privada, regular sus abusos y sus exageradas utilidades. Eso dijo. Tras aquel garrotazo, el Presidente exhibió una zanahoria: el sistema –dijo– goza de liquidez y de buena salud.

Con esa declaración desvirtuó los rumores sobre un nuevo feriado bancario, los cuales generaron corridas de depósitos en aquella semana. El Presidente y Ricardo Patiño, su ministro de Economía y Finanzas, han mantenido la misma actitud: han presionado, pero también han reconocido la alta sensibilidad del sistema. La semana pasada, Patiño la graficó, en Radio Democracia, al reconocer que tomar medidas en el sistema financiero no es tan fácil como ha sido entregar urea a los agricultores.

En claro, el Gobierno tensará la cuerda con la banca pero cuidando de no romperla. Ese ejercicio es políticamente una buena inversión. Ningún elector pondrá mala cara al oír que el Gobierno obligará a los bancos a disminuir tasas de interés, comisiones y servicios. Por eso, y sin temor de mezclar nabos con coles, el Presidente anunció que crearía la Comisión Investigadora del Salvataje Bancario (Cisab).

Lo hizo el 3 de abril. Su misión: investigar los delitos financieros cometidos desde 1998, cuando se desató la crisis bancaria. ¿Tienen que ver en ello los actuales bancos? El Gobierno no ha mostrado pruebas en ese sentido, pero hasta ahora ha dejado correr esa sospecha. Pero aun, Eduardo Valencia, presidente de la Corporación Financiera Nacional (CFN) y de la Cisab, habló, durante la semana del 9 de abril, de actos colusorios de la banca abierta, cerrada y de las cámaras de la producción. Y dio cifras. Según él, la aprobación ilegal del canje de CDR por deudas, perjudicó a la CFN, durante la crisis financiera de 1999, en cerca de 1 200 millones de dólares.

Con esta jugada, Valencia destruyó la premisa de pieza tocada pieza movida. En efecto, tras los airados reclamos y amenazas de juicio penal de la banca y de las cámaras, admitió que recibió nueva información que ponía en jaque lo dicho. La comisión, que salió en su defensa, corroboró que aún no dispone de documentos probatorios. Y anunció que en cuanto los tenga, los dará a conocer. De todas formas, la Cisab ensayó un mensaje de fortaleza al mencionar que las autoridades de control –la Contraloría, Fiscalía, Superintendencia de Bancos, la AGD y el SRI– se incorporarán paulatinamente a su tarea.

Es una forma de reconocer que el discurso fue más allá que los hechos. Al Presidente hasta ahora le ha ocurrido lo mismo con la extradición de medio centenar de administradores bancarios: habló de solicitar a la justicia que agilice los trámites para traerlos de Estados Unidos. No se han evidenciado movidas al respecto.