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Unitas son el rezago de la integración militarista PDF Imprimir E-Mail
Alfonso Barrera   
martes, 08 de mayo de 2007

La ausencia del país en las maniobras abre una oportunidad para reafirmar la diplomacia ante EE .UU . Pero faltan concreciones.

 

Si Ecuador no participa en las Maniobras Unitas 2007 no es por una indelicadeza de Estados Unidos hacia el país. Esta expresión, manifestada por la ministra de Defensa, Lorena Escudero, no es un acierto en las relaciones exteriores, es una difuminación de los hechos políticos mediante las palabras. Un gobierno puede tomar o no una posición.

Las dos posturas son legítimas en tanto se las valide mediante procedimientos entre jurisdicciones diplomáticas pertinentes. La Canciller de la República, María Fernanda Espinosa, no tiene que exigir respuestas del Comando Sur de EE.UU. Ni la Ministra de Defensa pudiera adelantar recursos de índole diplomática. La interlocución es a nivel de cancillerías y es la Secretaría de Estado de Estados Unidos la que debe aclarar por qué cambia la sede de las acciones navales del 2007 hacia el mar de Colombia.

Así, en el tema faltan concreciones y son los hechos concretos los que sostienen la soberanía de un país. No las declaraciones. Sin embargo, la circunstancia de no referirse a una acción implica objetar lo que se hacía anteriormente. Por eso, el Gobierno debe definir su postura frente a la validez o no de su participación futura en las maniobras Unitas, para transparentar el camino de las relaciones Ecuador-Estados Unidos.

Actualmente hay señales contradictorias, de lado y lado. Desde el país hacia el mundo pudiera pensarse que no se participa en las actuales acciones militares por apuntalar la posición gubernamental de no renovar el convenio de la Base de Manta. Estos temas, en mi criterio, no deben relacionarse para llegar a conclusiones sólidas y soberanas en cada aspecto. Y para no enrarecer los lazos fraternos con otras naciones. Porque a partir del gobierno de Jamil Mahuad el vínculo diplomático con Estados Unidos empezó a debilitarse en su equidad.

Las posturas encontradas, no obstante, son mayores desde el lado estadounidense. En esta nación todavía persisten las miradas aprehensivas en política exterior. Son políticas de cautela, de duda constante y utilitaria. Si nos ubicamos en la historia de Unitas, las maniobras son una proyección del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, de 1947, cuando los Estados Unidos nos matricularon, unilateralmente, como amigos de la Unión. Esto nació como una reagrupación de estrategias dentro de su política continental, hemisférica. A partir del bloqueo a Cuba, la guerra en Honduras y El Salvador y las amenazas de la Guerra Fría, se apostó a las naciones del Pacífico Sur: Colombia, Ecuador, Perú y Chile, precisamente los países que participan en las acciones en referencia.

Esa reducción de la perspectiva integracionista hizo del mar un soterrado escenario bélico y de control. Por eso, las Unitas son un eufemismo, en la medida de que se trata de una acción militar. Porque lo militar no tiene que ver con el asistencialismo o la integración. Y tal eufemismo intentaría esconder una actitud de cautela, de errores y de lejanías de los Estados Unidos hacia el Pacífico Sur. Entonces, las Maniobras Unitas marcan una paradójica iniciativa de aperturismo y amistad, pero signada por las armas.

El momento es oportuno para que Ecuador redimensione sus relaciones con el norte. Asimismo, se abre una alternativa diplomática para tomar distancia de cualquier iniciativa militarista. Por tanto, creo que el Gobierno no debe renovar el convenio de la Base de Manta ni seguir actuando en las Maniobras Unitas. Ecuador es un país con una cultura de paz. Pues no veo a las Fuerzas Armadas ecuatorianas, por ejemplo, como discípulas de una doctrina donde se afronten las complejidades del mundo contemporáneo desde la óptica de la disuasión.

Los desafíos frente al narcotráfico, las guerrillas, la piratería ya no pasan por respuestas militares, para las cuales se tendría que estar siempre alerta. Si el propósito es combatir aquellos embates internacionales, las decisiones son técnicas y globales, ejecutadas con determinación política universal. Y si se piensa en la integración de las naciones hay vías en democracia y soberanía.