REVISTA VANGUARDIA
El chaquiñán de la comida oriental
| El chaquiñán de la comida oriental |
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| Revista Vanguardia | |
| martes, 08 de mayo de 2007 | |
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Las tiendas asiáticas proliferan. ¿cómo llegan sus insumos? Vanguardia traza la ruta. Un rol California con camarón y queso crema, junto al licor sake o un té de jazmín, conforman un tradicional menú japonés. La combinación ya no es exclusiva de un restaurante y la gastronomía asiática es cada vez más cotidiana en el país. ¿De dónde proceden sus ingredientes? Siete distribuidoras los importan. Una de las más grandes de Quito es Dragón Rojo. Es un supermercado de 250 metros cuadrados, aproximadamente, con ocho perchas y unos 3 000 productos, entre pastas, tés, algas... originarias de Miami y de Asia. El 60 por ciento de su abastecimiento se queda en ocho comercios de la ciudad y el resto va para cuatro restaurantes y tiendas en Cuenca, una en Loja y dos de Manta. En Galápagos, su fuerte son los pedidos para cruceros. En el Mercado Municipal Iñaquito, al norte de la capital, se reúne la clientela principal. Existe una isla para productos japoneses y dos tiendas: Casa Asiática, para el menú chino, y Casa Oriental, con una oferta que además abarca artículos de Tailandia y Corea. Los restaurantes marcan el 10 por ciento de la demanda de Dragón Rojo. Mágico Oriental, Sake, Sushi In, Pekín, Kampai y Happy Panda solicitan salsas, harinas, especias, algas... A William Frías, gerente de Dragón Rojo, le va bien si a los restaurantes asiáticos les va igual. El Kampai, por ejemplo, duplicó el número de comensales en los dos últimos años. Y en esa proporción crecen sus pedidos. Pero hay paladares que se toman su tiempo. "Vivimos un boom de comida asiática en los últimos tres años", dice Víctor Paillacho, administrador de Casa Oriental desde 1987." Hoy la tendencia se mantiene a un ritmo moderado". Por eso dos de cada 10 consumidores vuelven a su tienda cada tres meses. Son clientes noveleros que consideran suntuarios a estos productos. Los residentes chinos en el país, en cambio, son fieles a Casa Oriental. Toman lo que quieren y le dejan el 50 por ciento de ganancias. Los locales de comida china también son compradores fijos y representan el 30 por ciento de sus pedidos. Mayflower es el principal. Cada 15 días recibe panecillos, wantan de sopa y el frito, al por mayor: entre 30 y 50 centavos. Otros sitios, como Tanoshi y Noe Sushi Bar, solicitan la especialidad de la tienda: verduras y hortalizas. Hace unos 10 años, la dueña de la importadora trajo, de su natal Hong Kong, una variedad de semillas especiales de col, espinaca, nabo y cebolla. Ahora renueva la percha a diario y gana frescura y exclusividad. Así, el vegetal más barato cuesta 70 centavos y el más caro 1,60 dólares, como un pepinillo sin pepa para comer sin curtir. Los niños también reciben su tajada. El consumo de galletas de arroz aumentó de 300 paquetes, en el 2006, a 1 200 actualmente. Las Baby Mum Mum, que se disuelven en la boca, son las favoritas. Shelby y Wan Wan pelean este segmento con precios entre 1,50 y 2,50 dólares. Estos snacks cuentan con surtidor propio: Li Cadena Trading. Otra importadora que ofrece dulces es Casa Korea, con tres sucursales: dos al norte y una al sur de Quito. Cada dos meses, los dueños importan los artículos de China y Corea para abastecer su demanda. El 65 por ciento corresponde a ecuatorianos y, el resto, a extranjeros y asiáticos. También tienen pastas, salsas -cuyos precios en el mercado van de 1,25 a cinco dólares- y el té verde, frutal, de jazmín, de 1 a 12. Pero hay otro tipo de tés menos tradicionales como el Lover´s Tea o el ZhiSanBian, extra gingseng. Su promesa: aumentar la potencia sexual. Éstos y los clásicos como el rojo, que destapa las arterias, llenan dos perchas en Dragón Rojo. En Guayaquil, la competencia de este negocio es la cadena América Comercial Yang. Karen Ching Yang, su representante en Ecuador, cada mes importa un contenedor de China y Miami. La cuarta parte es de comestibles: salsas como la agridulce, tallarines de soya, de arroz y condimentos como el polvo cinco sabores. Después, intercambia ítems entre las otras sucursales de Chile y Perú. Yang goza de fieles adeptos: los residentes orientales en el país, sus descendientes o amigos que adquirieron el gusto y los restaurantes. Entre ellos figuran el Shongon, Hong Kong Deli, Cantonés, Grand Chef... En otro segmento, los comensales se multiplican. Para muestra: el centro de la ciudad. Un tramo de la calle Sucre formó su propio ‘barrio chino’ con ocho restaurantes contiguos: Amoi, Perla de Oro, Palacio Dorado, Asia... Al medio día, cada uno reúne unas 80 personas. Algunos venden también sus hierbas, tés y fideos orientales. Así, el sincretismo cultural se refleja en el arte de comer o de aprender a hacerlo. Claro que hay costumbres extravagantes. Una de ellas es disfrutar el ojo de dragón Li-Chee, una exótica fruta china suave y entre dulce y salada, que viene sólo bajo pedido. Este tipo de alimentos, como los huevos de pato, ciertas pastas de soya concentradas, entre otros, integra casi la mitad de productos –de un promedio de 100 importados al mes– que aún están en proceso para obtener el registro sanitario nacional, en el Instituto Izquieta Pérez de Guayaquil. El estudio tarda mínimo dos años de ejecución. El resto del menú clásico pasa de un chifa o sushi bar a ser pan de cada día. "Yo hallo verduras de Asia en dos tiendas y los mariscos en supermercados." Ana Wongsang, una ecuatoriana educada en China, aplica esa sazón en su casa de Quito. "Es una cocina sencilla: en 15 minutos preparo tres platos". |








