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Sarko extremista en tierra liberal PDF Imprimir E-Mail
Revista Vanguardia   
martes, 15 de mayo de 2007

El presidente electo se abre frentes antes de hora . La inmigración es la piedra de toque.

 

Apenas una semana después de su elección, Nicolás Sarkozy tiene muchas fichas alborotadas. El Jefe de Estado francés, que reemplazará a Jacques Chirac, ha chocado con una realidad que divide a sus vecinos regionales y a su país en torno a sus anunciadas decisiones sobre economía, inmigración y política exterior.

Pero el Mandatario entrante no vacila en sus propuestas. Él mismo se pinta como el primer Presidente francés, desde 1959, neoliberal, autoritario, proamericano y proisraelí. Sin rodeos, quiere endurecer las leyes migratorias y bajar el precio del euro. Políticas que diarios como The New York Times en Estados Unidos y Liberation en Francia han cuestionado.

Aunque aplicará sus decisiones a partir del 16 de mayo, bastaron sus discursos sobre su propuesta económica para que, durante el proceso electoral, el euro pase de 1,36 a 1,34 dólares. Algo contrario a la tendencia que había mostrado la moneda europea durante los últimos años. Este solo hecho marca las reacciones que, en el ámbito internacional, provoca Nicolás Zarkozy. También allí tiene aliados y detractores.

El presidente del Eurogroupe, Jean Claude Juncker, afirmó que si la divisa europea repuntara, las exportaciones pudieran bajar. En cambio Thomas Enders, copresidente alemán de EADS, la corporación aeronáutica europea, dejó entrever que una nueva valoración del euro pudiera provocar medidas de reestructuración en la multinacional.

Esto, debido a que sus planes están basados en un euro equiparable con los 1,35 dólares. Respecto de otros anuncios, en Oriente Medio está por demás claro que con Sarkozy se cierra la época de la política árabe de Chirac. El nuevo Jefe de Estado recalcó la importancia que concederá a la seguridad de Israel y también a la necesidad de un Estado palestino. Políticas que a Estados Unidos no parecen desagradarle.

El diario The Washington Post recalcó que Sarkozy sostendrá excelentes relaciones comerciales y políticas con Estados Unidos, a excepción de los desacuerdos sobre el Protocolo de Kioto y la adhesión de Turquía a la Unión Europea. De América Latina, el nuevo Mandatario se ha limitado a decir que "Francia no abandonará a Ingrid Betancourt", presa de las FARC desde hace cinco años.

En el ámbito interno, pese a que ganó con el 53 por ciento de los votos, hay sectores que no le han dado un día de tregua. Las protestas en las calles, aunque menguadas, se mantienen. Las comunidades pobres e inmigrantes reclaman igualdad de condiciones. Estas quejas se encendieron más tras el viaje que Sarkozy hizo en el barco del millonario Vincent Bolloré, después de los comicios presidenciales. El diario francés Liberation tituló el hecho: "Las caras vacaciones del candidato del pueblo".

Sarkozy no pidió disculpas y se limitó a decir que su viaje no le había costado un euro al fisco nacional. Así es el nuevo Presidente francés: un político que ha sido alcalde, diputado y ministro de Economía y del Interior, que lleva treinta años en la escena pública siempre en la derecha. Un hombre que supo leer la inquietud de un electorado que quiere un cambio radical pero de ultraderecha. Un hombre que, lejos de entender el fenómeno de los hijos de los inmigrantes en la periferia de las grandes ciudades, los llamó escoria y prometió limpiar esas barriadas. “Hay un problema de inmigración —dijo— y un sistema de integración que no marcha más”. Y citó ejemplos como la comunidad turca, donde algunas mujeres no hablan ni una palabra en francés. En esa perspectiva, Sarkozy ahora quiere que todos los inmigrantes sepan francés para poder conseguir un trabajo en la tierra de la libertad, la igualdad y la fraternidad. Él mismo es hijo de inmigrantes: su padre húngaro y su madre hija de judíos griegos sefardíes, de la isla de Salónica.

Aunque Sarkozy ha repetido que gracias a su voluntarismo político el Estado va a proteger a los franceses, su programa económico y social se inspira muy directamente en las viejas recetas ultraliberales de Margaret Thatcher y Ronald Reagan. Privilegia a los privilegiados. Su visión sobre la seguridad ciudadana le lleva a replicar con represión las demandas de jóvenes de las zonas populares. Además, el Presidente electo ha decidido agravar las sanciones penales contra los delincuentes reincidentes, y modificar la ley de protección de menores.

Por eso, la batalla de las elecciones legislativas de junio se presenta tan apasionante como la presidencial. Por una razón: si la oposición de izquierda resulta demasiado débil en la Asamblea Nacional, la calle y sus desórdenes pudieran ser la tónica. Una muestra: tras la elección de Sarkozy, la Policía ha contabilizado más de 1500 carros incendiados y cerca de 700 detenidos. "Desde la noche de la elección, hemos tenido una situación inaceptable", dijo el ministro francés de Interior, Francois Baroin, a la radio France Info. Entretanto, al grito de "¡Sarko fascista!, la gente tendrá tu piel", varios grupos juveniles han salido a protestar en la histórica plaza de La Bastilla. El llamado de las autoridades a la calma ha quedado en eso.