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Ecuador tiene un exceso verbal frente a EE.UU. PDF Imprimir E-Mail
Carlos Espinoza   
martes, 15 de mayo de 2007

La visita de John Negroponte, número 2 del Departamento de Estado, muestra que EE .UU . quiere una relación de cooperación con el país.

 

Ecuador tiene la intención de disminuir la intensidad de la relación, en el sentido de lograr una mayor autonomía, frente a los Estados Unidos. Hay varias señales al respecto: el anuncio de que no se renovará el acuerdo de la Base de Manta o la decisión de no reactivar las negociaciones comerciales del Tratado de Libre Comercio (TLC). Esta tendencia se inició en el gobierno de Alfredo Palacio, por lo cual se puede afirmar que hay continuidades en el manejo de la relación bilateral.

Sin embargo, también se busca mantener una relación hasta cierto punto amistosa. Eso se puede leer en el anhelo de continuar con el Atpdea, que es un objetivo del gobierno de Rafael Correa y que depende exclusivamente de la voluntad de los Estados Unidos, porque está consciente de las ventajas de ese esquema para la economía del país. O la lucha contra el narcotráfico, la migración ilegal de personas y las medidas de seguridad en la frontera norte.

Ahí hay una cooperación que, si bien no es óptima desde el punto de vista de las dos partes, es suficiente y aparentemente se mantendrá. La presencia en Quito de personajes como John Negroponte, número dos del Departamento de Estado de Estados Unidos, la semana pasada, o de Charles Shapiro, responsable del área andina del Departamento de Estado, y del propio presidente George W. Bush en la región, hace unos meses, es una muestra de que si bien Latinoamérica no es una prioridad para los Estados Unidos, si le interesa mantener relaciones comerciales y que la región esté estable por razones de seguridad.

Por eso, cuando ven que las cosas se complican, intentan acortar distancias. A los intentos de confrontación casi diaria, por parte del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, por ejemplo, no le han prestado mayor atención. Tal vez esa estrategia se invoque con los otros países de la región que han adoptado posiciones menos amistosas.

Es evidente que el Ecuador no es el país más cercano a los Estados Unidos. Sin embargo, ese país quiere mantener una relación razonable y las visitas buscan conservar cierta cooperación y explorar la posibilidad de reforzar los lazos en un momento difícil. Una de las razones por las cuales Estados Unidos quiere tener una buena relación con Ecuador es para evitar que se vuelque al eje del Alba, constituido por Cuba, Venezuela, Bolivia. Es decir, aspira a que mantenga una posición, por lo menos, equidistante.

Ecuador tiene una tendencia hacia la exhuberancia verbal, que excede a las verdaderas intenciones de la política exterior frente a Estados Unidos. Eso es problemático, porque genera tensiones, que si bien se difuminan dejan secuelas. La más importante es que mina la credibilidad del Ecuador, porque constantemente dice y se desdice. También es posible que su intención de no reactivar las negociaciones del Tratado de Libre Comercio resulte ser un error. Especialmente cuando países como Perú pudieran concretar el acuerdo, lo cual, al largo plazo, significará para el Ecuador que se perdió una oportunidad.

Además, la no renovación del acuerdo sobre la Base de Manta tiene un costo en términos de seguridad: el patrullaje del corredor del Pacífico disminuirá y los tráficos ilícitos (personas, drogas, entre otros) aumentarán.

Además de este problema de estilo, el Gobierno también ha generado una especie de teatro de confrontación, que está complementado con la participación del país en la conformación del bloque sudamericano. En ese contexto se explican las distancias que quiere marcar con el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial: alejarse de ellos y reforzar las instancias de cooperación regional a escala suramericana, con la creación de nuevos organismos.

En el largo plazo, Ecuador tendrá que buscar otras formas de acercamiento con Estados Unidos. No puede perder de vista que en el ámbito comercial depende de ese país. Por eso, si el Gobierno insiste en no ir a un Tratado de Libre Comercio, tendrá que optar por un acuerdo distinto, por ejemplo como el que logró Uruguay hace unos meses con ese país.