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Más allá del petróleo PDF Imprimir E-Mail
Sigrid Vásconez   
jueves, 17 de mayo de 2007
Dado que el país se "piensa petrolero" el lanzar una idea como la de no explotar la mayor reserva de crudo pesado actualmente conocida en el Ecuador (esto es el ITT),  genera inmediatamente debates. En el mismo frente gubernamental se observan posiciones divergentes, que los medios de comunicación lo han representado como una pugna entre Carlos Pareja Yanucelli (Petroecuador) versus Alberto Acosta (Ministerio de Energía y Minas). Las ideas innovadoras siempre tienen este efecto. Vale recordar que cuando el Presidente Kennedy declaró que EEUU llegaría a la Luna, tenían un retraso de más de 10 años de tecnología espacial en relación a la ex Unión Soviética. Sin embargo, esa simple declaración visionaria movió "las frutas". Traigo este ejemplo, pues en definitiva desde un enfoque tradicional que ha enfatizado que la única vía para obtener el desarrollo en el país ha sido extraer petróleo, la idea de no hacerlo resulta bastante audaz. Ahora bien, esta “audacidad” tiene mucha resonancia en el momento actual. Hoy en día, a nivel mundial se están buscando fuentes alternativas de energía ya sea por la constatación del calentamiento global (y obviamente entrar de alguna manera al mercado de los CER) y también porque las reservas de hidrocarburos se están agotando.

 

En ese escenario, la propuesta de repensar el desarrollo del país, que en los últimos años ha exacerbado su dependencia en el petróleo (las exportaciones petroleras en el 2006 llegaron a ser 6,648 millones de dólares del total de exportaciones o sea el 60% (10,941 millones de dólares). Fuente: Banco Central) es necesaria. En ese sentido, quisiera nutrir la discusión no solo desde el análisis del mecanismo que podría armarse para compensar la no explotación.

 

  1. 1. Evaluación de los costos reales de la explotación del ITT

Al momento lo que se cuenta es el análisis realizado por SINOPEC-Petroecuador. Según ese estudio, las ganancias bordearían entre los 500 a 700 millones de dólares año, eso sí a partir del año 5. Ahora bien, este estudio no contempla todos los gastos necesarios previa a la explotación, como por ejemplo las inversiones en infraestructura que se requerirán. Más allá de esto, lo más importante es que este análisis (que es el único que hasta ahora ha servido como referencia para la discusión) no contempla otro tipo de externalidades: ambientales y sociales. Aún si bien los costes de este tipo no se incorporan tradicionalmente en los análisis costo-beneficio, son de suma relevancia para este tipo de casos.  La operación en un ecosistema como el del Yasuní (fundamentalmente bosque semi-inundado e inundado) definitivamente tendrá impactos directos e indirectos en el área. Esto debe ser un punto de partida, pues frente a la magnitud de la operación es necesario tener las cifras claras. En el estudio de SINOPEC no se incluyen los costos de: pérdida de biodiversidad, transformación en el sistema de drenaje natural del ecosistema (ya que se extraería una cantidad enorme de agua de formación), deforestación tanto por apertura de plataformas y de vías, etc. En definitiva, es necesario realizar una evaluación de los costos reales que va a implicar el ITT y así acercarnos mejor a un  análisis comparativo.

 

  1. 2. Emisiones de CO2 que traerá consigo la explotación y los costos que esto significará a nivel mundial. En el momento actual, en el mercado formal de los CERs, la Tonelada de CO2 se cotiza a un promedio de 5 a 8 dólares. Más allá de ponernos de acuerdo en el costo de la Ton de CO2, es importante incluir este rubro en el análisis del ITT o cualquier otro proyecto de explotación petrolera. Obviamente, el estudio de SINOPEC no incluye esto. Como lo señala el Reporte Stern  los efectos si a nivel mundial no se toman medidas para reducir la emisión de gases de efecto invernadero, los costos serían mayores al de la Gran Depresión económica de los años 1930 y las dos Guerras Mundiales combinados, llevando a la peor recesión global en la historia reciente (http://www.hm-treasury.gov.uk/independent_reviews/)

 

 

  1. 3. Costos de oportunidad y/o beneficios económicos potenciales que traería consigo la no explotación a nivel regional (Amazonía) y nacional. En este caso se requiere modelar escenarios productivos sustentables en la región. Actividades como el turismo sostenible, investigación científica, manejo forestal sustentable, etc, dinamizarían las empobrecidas economías locales. Es importante destacar que el petróleo no tiene encadenamientos productivos locales y su dinámica más bien recrea economías de enclave. De acuerdo a las cifras del SIISE (Sistema de Información de Indicadores Sociales del Ecuador), los cantones petroleros tienen un nivel de incidencia de pobreza que promedia el 75%. 

Aquí vale la pena ampliar el análisis al costo de oportunidad y beneficios potenciales que no ampliar la frontera petrolera hacia otras regiones de la Amazonía, más allá del Yasuní pueden traer. En este caso, es importante dirigir la atención hacia la región Centro-Sur: Provincias de Pastaza y Morona Santiago. Si el país propone un freno a la explotación, también hacia esa región, en donde desde hace más de 10 años las nacionalidades indígenas (Kichwa, Shuar, Achuar, Zapara, Shiwiar, Andoas y Waorani) llevan adelante una resistencia activa a la entrada de las petroleras, se podrían maximizar los beneficios potenciales de no explotación. En términos de escala, se podría potenciar un circuitos productivos sustentables que cubra no solamente la región del Yasuní (el bloque ITT comprende aprox 200,000 hectáreas y el Parque Nacional Yasuní 982,000) pero también la región del Centro Sur donde existen alrededor de 3 millones de hectáreas en estado óptimo de conservación (con más del 80% de su cobertura boscosa original). En este análisis es importante que también incluyamos no solo una visión regional (esto es solo ver cuáles podrían ser los beneficios para reactivar productivamente a la Amazonía) pero también una visión a nivel nacional. Si bien no hay una correspondencia directa, varias experiencias de países que han tomado la decisión de cambios radicales en su modelo extractivo (por ejemplo Costa Rica) han logrado incrementar inversiones en sectores más limpios (i.e. complejos tecnológicos). Si analizamos históricamente el legado de la explotación petrolera en cuanto al tipo de inversiones que han llegado al país, tenemos mucho que aprender. Varios análisis comparativos entre países petroleros (Ecuador, Nigeria, Congo) muestran una correlación entre incremento de la deuda externa, la corrupción y debilidad institucional estatal, y el tipo de inversiones que han atraído. Dada las características de la actividad petrolera y su actual (mal)manejo es de esperar que el costo de oportunidad de atraer otro tipo de inversiones que no sean las usuales se disipará. Creo que este es un tema, que más allá de las cifras potenciales que podríamos derivar, se debe poner en la agenda de discusión.      

 

  1. 4. Oportunidades de Negociación para compensar la no explotación. Para completar el análisis de los beneficios macroeconómicos y entrar a discutir el mecanismo para lograr una compensación por no explotación, vale la pena, otra vez ampliar la escala de no explotación. Si incluimos al Centro Sur, estaremos hablando de un territorio de más de 4 millones de hectáreas, que pueden servir como una pieza importante en negociaciones bilaterales, multilaterales y con agencias de cooperación. La idea de generar recursos financieros y técnicos comparables a lo que “supuestamente” va a generar el ITT adquiere una dimensión más viable si agrandamos la escala espacial. Aquí estaríamos hablando de una contribución significativa al combate del cambio climático global (por emisiones de CO2 no generadas), a la conservación de la biodiversidad y la continuidad cultural. Al agrandar el posible beneficio de no explotar, las opciones y mecanismos para gestión de recursos de compensación se multiplican. Uno es generar un fondo patrimonial donde se emitan certificados de no emisión de CO2 (cuyo valor podría que ser comparable con el costo actual de los CERs), que de acuerdo a una arquitectura jurídica y financiera garanticen a los compradores que no se va a explotar el petróleo. La adquisición de estos debería vincularse a una estrategia de alivio de la deuda (vía renegociación, canje, recompra). Si el Ecuador logra acordar con gobiernos y agencias bilaterales una renegociación de deuda, entonces un porcentaje podría guardarse en el fondo patrimonial (como certificados de no emisión de CO2) cuyo cobro podrá efectivarse si no cumplimos con el compromiso de no explotación. El resto del porcentaje de los montos renegociados de la deuda se podrán destinar a inversiones de desarrollo sustentable en la región, programas sociales, etc. En ese sentido estaríamos armando una estrategia más comprensiva y de largo aliento que beneficiaría  tanto al Ecuador como a la comunidad global.  

 

Para finalizar, hay que destacar que gran parte de los análisis no se han desarrollado. En general la idea está en construcción, así que cualquier aporte es bienvenido!