REVISTA VANGUARDIA
Fórmulas para ser feliz
| Fórmulas para ser feliz |
|
|
|
| Martha Ormaza | |
| martes, 22 de mayo de 2007 | |
|
Las recetas de internet hacen un chueco favor a la vida. pero el día a día es tan agitado, que ni tiempo queda para una pistoleteada. F ría. En plena conciencia de atravesar por un arrebato suicida. No me permití ir hasta el horno a gas y meter allí dentro mi cabeza. No quise navajas para el desangre, ni un balcón en el décimo piso para deshacerme en el pavimento. Dejaré mucha mugre, me dije. Opté por buscar en la red consejos para la felicidad. Al encontrarlos, casi me suicido de verdad. Me topé con varios recetarios que creen tener la fórmula magistral: ¿Cómo ser feliz en 10 pasos? Me sonó a esa psicología humanística que detesto, de gran divulgación hasta hoy, que tiene el corte de traje sastre enjuto, de moda a mediados del siglo pasado. A mí, siempre me deprimió. Maravillada, me pregunto, cómo pudo haber ayudado a alguien. La red nos insinúa que somos gente que sí vale la pena. Que somos inteligentes, pero que no sabemos pensar. A la vez, recomienda seguir sanos consejos, gratis. Hallé decenas de links. Opté por el que pareció más serio. Mi vena suicida se obstruyó con la sorpresa. Suponía que, como hace un siglo, seguimos padeciendo de emociones vesperales, y que tienen vigencia existencial algunas letras vernáculas como “Hay tardes en las que uno desearía embarcarse y partir sin rumbo cierto” o “La vida, la vida, la vida… la negra miseria escondida…” Pero lo que no sabía es que la sensación de infelicidad es un mal general. Obliga a hacer campañas a los gobiernos del Primer Mundo, para fomentar el optimismo y la felicidad. Se trata de una especie de profilaxis cerebral contemporánea. Asocié con lo que sucede acá y me pareció que lo que los políticos y gobernantes hacen es lo contrario: bajar el sistema inmunológico de cualquier psiquis saludable. Me enganché con la fórmula para la felicidad propuesta por un asesor del Ministerio de la Sanidad Pública española que resuelve el problema de la felicidad en seis pasos. 1.- “Lo primero es comunicarse. Hay que obligarse a hablar cada día con seis personas. Esta es una manera de mantener bien altas las defensas mentales”. Con una depresión galopante ¿se podrá identificar a seis interlocutores?, inquirí. Es más: ¿será posible mantener conversaciones coherentes con seis personas distintas? 2.- “Una pizca de ejercicio físico. El deporte y la actividad son dos antidepresivos potentísimos. Mejoran el estado físico, pero sobre todo mejoran la salud mental. Una hora al día es suficiente". ¿Una pizca de una hora? ¿De dónde me saco una hora diaria en la apretada agenda del vivir en la loca urbe? Se sabe que la depresión bota a la gente horizontal sobre el colchón, eso sí, después de trabajar. Podría ser más práctico llamar al servicio de grúa, me dije. 3.- “Un puñadito de ayuda a los demás. Una hora a la semana de actividades de voluntariado también es suficiente. La inutilidad es uno de los sentimientos más paralizantes". Como va la economía y la canasta familiar, ojalá un puñadito de gente hiciera actividad de voluntariado en mi refrigerador. 4.-“Unas buenas dosis de espiritualidad. La espiritualidad es otro potente activador de las defensas”. ¿Cómo será de conseguirse una dosis de espiritualidad de noche a la mañana? ¿Habrá servicio a domicilio? Fueron otras de las preguntas que me atacaron. 5.-“Vida en equipo. Es bueno formar parte de un grupo porque uno afronta mejor la adversidad si tiene con quién compartir el dolor". En la mayor parte de grupos que conozco no se juntan para compartir el dolor, sino para el trabajo o para la chacota. El único equipo que conocí y que fue armado para contener el dolor de los otros, fue el de una terapia de grupo. Lo recuerdo como una experiencia tenebrosa. El dolor de los otros ensordecía el mío. No pude concluir la cura. 6.-“Ocupaciones y aficiones diversas. Diversificar las relaciones, las ocupaciones y las aficiones”. Vista mi inhabilidad manual, me sentí tras las rejas en condena perpetua, con una terapia ocupacional estresante. Siempre he pensado que uno de los mejores inventos de la modernidad es el jardín de infantes y su desarrollo motriz. Yo fui expulsada del Mercedes Noboa. Según el asesor del departamento que lleva a cabo la Estrategia de Salud Mental, la infelicidad se ha agudizado en los últimos años. “El 11 de septiembre y la guerra de Iraq nos han hecho más vulnerables Creemos en una vida larga, completa y saludable. Y nos hemos creído con derecho a ello. Estos acontecimientos nos han devuelto a la realidad y nos han recordado que somos vulnerables. ¿Cómo superarlo? Disfrutando de las cosas pequeñas y viviendo al día”. Yo antes del 11 de septiembre ya dudaba de una vida larga, completa y saludable para mí y mis paisanos que, por supuesto, vivimos al día. Qué quieren que les diga, no me he suicidado y no creo tener agallas para hacerlo. Pero el 11 de septiembre a mí no me ha agudizado nada. |








