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Bush manda señales de humo... verde PDF Imprimir E-Mail
Revista Vanguardia   
martes, 05 de junio de 2007

Washington se decide a frenar la polución. Pero Europa le pide un plan para un siglo.

 

¿George W. Bush milita ahora por el planeta? Parece que a su manera y con sus condiciones. La postura estadounidense de disminuir los gases del calentamiento global, sea como sea, es un cambio radical en un gobierno que hasta ahora se mostraba esquivo al tema. A la mitad de su último mandato presidencial, Bush propuso por primera vez establecer límites a las emisiones de gases invernadero. Hizo el anuncio a pocos días de la reunión del Grupo de los 8 países más industrializados en Heiligendamm, Alemania.

El país anfitrión, precisamente, intenta que los otros miembros también rubriquen un compromiso para limitar el aumento de la temperatura global como máximo en dos grados Celsius. La propuesta de EE.UU. tiene detractores. También quienes la aplauden. En sí, consiste en que los 15 países que más contaminan el mundo determinen, hasta finales del 2008, una meta de emisiones de los gases que producen el denominado efecto invernadero. Para ello, se apunta al avance tecnológico.

India y China están en la mira porque el Mandatario las citó. Probablemente lo estén México, Brasil, Australia, Corea del Sur, Rusia y las principales economías de Europa. Con ellos se buscará el acuerdo. Se prevé tener la primera reunión en Washington, pero no antes del último trimestre de este año. Por allí el tiempo conspira, porque no será sino hasta el 2009 cuando entren en práctica las medidas concertadas.

Uno de esos alcances, para concretar la reducción de la contaminación, es eliminar los aranceles para los materials y tecnologías renovables y ecológicas. Bush propone iniciar una cumbre medioambiental luego de este verano. Cada país establecería objetivos y propondría programas que utilicen su propia mezcla de fuentes de energía y alternativas futuras. La meta paralela es que los 15 se conviertan en líderes de la producción de los combustibles con sello verde y del transporte. En el fondo, se trata de un ecologismo con retoques mercantilistas. Nada de parar las industrias. Además participarán empresarios y organizaciones no gubernamentales para promover la distribución de tecnologías no contaminantes. Paralelamente, se buscará establecer un sistema —dice Bush— robusto y transparente para medir la polución que genera cada nación. Esto debido a que EE.UU. es acusado de ser actualmente, junto con Australia, uno de los países más contaminantes por sus emisiones de dióxido de carbono.

Ésta es la clave, quizá, para entender la postura estadounidense. Sí, porque en el gobierno de Bill Clinton, hacia 1997, la nación se negó a suscribir el protocolo de Kyoto, aduciendo que eso comprometía su economía. Durante 10 años, EE.UU. rechazó que el dióxido de carbono sea el responsable del calentamiento. La propuesta estadounidense es recibida con agrado, no tanto por las condiciones, sino por el reconocimiento de la Unión Americana de que el calentamiento global es un serio problema. Además proyecta soluciones. Viables o no, pero implican un cambio de actitud.

El plan se presenta ahora, cuando el G8, por iniciativa de la canciller alemana Ángela Mérkel, estudia la posibilidad de firmar otro acuerdo que vaya más allá del 2012, fecha de caducidad del protocolo de Kyoto. Mérkel pretende limitar el calentamiento del planeta a dos grados durante este siglo y para ello quiere que los estados industrializados hayan reducido, en el 2050, sus emisiones de efecto invernadero en un 50 por ciento con respecto a los niveles registrados en 1990. Las críticas contra el plan Bush provienen principalmente de sectores ecologistas. David Willett, en nombre de Sierra Club, la mayor organización ambiental de Alemania, dice que la propuesta de su país es más específica.

Aun en la Unión Europea hay opiniones dispares. Por un lado, Tonny Blair, al igual que Mérkel, destacan la propuesta, más por ser la primera iniciativa que por conveniente. Por otro lado, fuentes comunitarias dicen que no es realista pensar que EE.UU. aceptará bajar emisiones ahora. En el tema del CO2, Washington se ha distanciado de la UE. Allí no quiere saber nada. En suma, hay dos propuestas. La de Mérkel y la de Bush. Precisamente ellos tienen previsto almorzar juntos, este miércoles, previamente a la reunión de los ocho países más industrializados del planeta y Rusia, en un último intento por salvar el encuentro.

Pero desde ya el gobierno de Berlín alberga pocas esperanzas de que Washington acepte recortar sus emisiones de CO2 a partir del 2012. En este sentido, Japón y Canadá advirtieron que si EE.UU., China e India no forman parte de un acuerdo post Kyoto, ellos tampoco lo firmarán. “Las negociaciones serán más difíciles. En las cuestiones centrales del cambio climático, parece que los estadounidenses son, sobre todos, quienes no están preparados para avanzar”, dijo recientemente Sigmar Gabriel, ministro alemán de Medio Ambiente.